XÀTIVA – Lo que para las autoridades municipales y los empresarios del sector se promociona como «ocio de calidad», para los residentes del casco antiguo de Xàtiva se ha convertido en una pesadilla de insalubridad y falta de descanso. Los vecinos de la zona histórica han alzado la voz contra una situación que califican de insostenible, denunciando que el Ayuntamiento, encabezado por el alcalde Roger Cerdà, está «mirando hacia otro lado».
Un paisaje de degradación tras el fin de semana
El despertar de los residentes tras las noches de fiesta no deja lugar a dudas sobre la gravedad del problema. Las calles, que forman parte del patrimonio histórico de la ciudad, aparecen sistemáticamente cubiertas de restos orgánicos, suciedad y desperdicios.
Según denuncian los afectados a través de redes sociales y plataformas vecinales, el inventario de la degradación incluye:
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Restos biológicos: Presencia constante de vómitos en fachadas y portales. «Meadas» por todos los rincones que construyen auténticos arroyos en algunas calles, incluso alguna defecación en la vía pública
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Desechos sanitarios: Hallazgo de compresas y papel higiénico en la vía pública.
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Vandalismo estético: Pintadas que dañan la imagen de un entorno que debería estar protegido.
Críticas a la gestión de Roger Cerdà y Amor Amorós
La indignación vecinal no solo se dirige a los responsables de los actos incívicos, sino directamente a la gestión política. Las menciones directas al alcalde Roger Cerdà y a la concejala Amor Amorós reflejan un sentimiento de desprotección. El vecindario acusa al consistorio de permitir que el modelo de ocio actual prevalezca sobre el derecho al descanso y la higiene básica de quienes habitan el centro.
«Es un auténtico follón que nos venden como ocio de calidad, mientras los que vivimos aquí tenemos que soportar lo insoportable», afirma uno de los residentes afectados.
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Un conflicto de convivencia sin resolver
El casco antiguo de Xàtiva, con su trazado medieval y su valor cultural, sufre el choque directo entre la actividad económica de la hostelería nocturna y el uso residencial. Los vecinos exigen un plan de choque inmediato que incluya:
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Mayor presencia policial en los puntos críticos durante las horas de cierre de locales de fiesta.
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Refuerzo de la limpieza viaria de madrugada, antes de que comience la actividad diaria.
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Sanciones efectivas para los locales y particulares que incumplan las ordenanzas de convivencia.
Por el momento, el silencio administrativo percibido por los ciudadanos solo aumenta la tensión en un barrio que teme que la degradación se convierta en una característica permanente de su identidad.
















