El Congreso de los Diputados acogió este miércoles un acto institucional para conmemorar el «Día de recuerdo y homenaje a las Víctimas del Golpe Militar, la Guerra y la Dictadura» —fecha fijada oficialmente el 31 de octubre—. En esta edición, la Cámara Baja centró la jornada en visibilizar la memoria y el sufrimiento de las mujeres represaliadas durante el franquismo, con especial atención a las conocidas como «las rapadas».
El Salón de Pasos Perdidos sirvió de escenario a partir de las 17:00 horas para un encuentro que combinó la reflexión institucional, la divulgación académica y las artes escénicas. La presidenta del Congreso, Francina Armengol, abrió la jornada recordando la significación histórica de la fecha actual: «Este 2026 se han cumplido 90 años desde aquel golpe de estado que desembocó en la cruenta guerra civil y en la larguísima dictadura franquista». Durante su intervención, Armengol enfatizó la necesidad de reparar el olvido histórico que ha pesado sobre la represión femenina, definiendo a estas mujeres como «víctimas silenciadas entre tanto silencio y tanto horror».
Tras la apertura institucional, se celebró un coloquio académico en el que intervinieron las historiadoras, investigadoras y profesoras María Rosón Villena (Universidad Complutense de Madrid) y Sescún Marías Cadenas (Universidad de Zaragoza). Ambas especialistas compartieron con los asistentes los hallazgos y avances de sus investigaciones sobre los castigos específicos y la violencia simbólica e institucional ejercida contra las mujeres por el régimen.
Como cierre del acto conmemorativo, la Compañía ButacaZero llevó a cabo la representación teatral con títeres de la obra Melón Pelado, una pieza escrita por Esther F. Carrodeguas y dirigida por Xavier Castiñeira que aborda desde el lenguaje escénico la memoria y el trauma de la represión. Una representación que acabó con una versión del Cara al Sol escuchada en el Congreso e interpretada por socialistas.
La polémica del Congreso
A parte del posible mal gusto de las palabras utilizadas como bolleras, y la ridiculización del Estado y de las propias Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del estado en la Cámara del Congreso de los Diputados, se interpretó un «cara al sol» en formato ridiculizado, que ha encendido la mecha de la indignación popular.
No hace falta utilizar palabras como bollera o puta o zorra para hacer sentir lo que las mujeres de la época sentían. Da la sensación de querer volver a un ambiente de crispación guerracivilista.
Cabe recordar que en una guerra ningún bando es bueno ya que todos cometen tropelías y crímenes y querer casi cien años después volver a abrir viejas heridas no sólo no beneficia a la sociedad sino que la polariza aún más, y que desde el Congreso se gaste el dinero en performance de dudosa ética y moralidad no sólo ha hecho que el acto en sí sea completamente anulado, sino que ha generado una espiral de críticas.
«Desde el Congreso se ha de unir a los españoles y no se ha de generar odio y división»




