Anoche, los muros de la Catedral de Valencia fueron testigos del Concierto de inicio de Cuaresma, organizado por la Junta Mayor de la Semana Santa Marinera (JMSSMV). El evento, que resultó ser multitudinario, puso de manifiesto una vez más la potencia y la riqueza de nuestras tradiciones. Sin embargo, el éxito de asistencia no puede ocultar una realidad que ya es norma: la nula gestión informativa previa.
La política del «post» frente a la información
A pesar de la magnitud del acto, tanto la organización de la Semana Santa Marinera como la propia Concejalía responsable volvieron a caer en el mismo error: el silencio absoluto hacia los medios.
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Sin avisos ni convocatorias: No hubo notas de prensa ni alertas a las redacciones. Los medios de comunicación, que deberían ser el altavoz de estas tradiciones, se han visto ignorados una vez más.
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Información «a toro pasado»: Como ya es costumbre, la prensa y los ciudadanos que no forman parte del círculo interno se han enterado del evento hoy mismo, a través de las fotografías que las instituciones cuelgan en sus redes sociales cuando el concierto ya ha terminado.
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Promoción inexistente: Se confía la difusión al «boca a boca» o al éxito inercial del evento, despreciando la oportunidad de atraer a un público más amplio o de dar una cobertura digna a la cultura festiva de la ciudad.
Una gestión que vive en el pasado
Resulta paradójico que un evento que busca poner en valor la cultura y la tradición se gestione con tal opacidad comunicativa. Esta falta de transparencia impide que el resto de la ciudad pueda planificar su asistencia y convierte actos que deberían ser abiertos y promocionados en reuniones de autoconsumo.
La queja es unánime entre los profesionales del sector: no se puede promocionar Valencia ni su Semana Santa si solo nos enteramos de lo que pasa haciendo scroll en una pantalla cuando las luces de la Catedral ya se han apagado.
Una vez más se cae repetidamente en el mismo error, como si este error ya no fuera tal sino una total incapacidad de gestionar las fiestas de la Ciudad por una concejal cuya comunicación es nula a todas luces y un Ayuntamiento que parece que la puesta en valor de las fiestas de la ciudad resida sólo en la asistencia de su concejal y la fotografía protocolaria, pero nada más.
















