CRÓNICA | Blasco Ibáñez languidece entre la maleza y la inoperancia política mientras los vecinos asisten con indignación a un deterioro urbano impagable.
VALÉNCIA — Quienes pasean hoy por la avenida de Blasco Ibáñez difícilmente reconocen la arteria verde que antaño vertebraba la ciudad. Lo que en su día fue un punto de encuentro para vecinos de mediana edad y personas mayores que se congregaban al aire libre para practicar yoga o taichí, se ha transformado en un terreno inhóspito marcado por el abandono. Zonas de césped convertidas en auténticas áreas selváticas con maleza que supera el medio metro de altura y una tupida red de hierbas salvajes que el Ayuntamiento etiqueta de manera condescendiente como «zonas de biodiversidad». La realidad, sin embargo, dista mucho del eufemismo oficial: es pura falta de mantenimiento.
La degradación del entorno vegetal en Valéncia no es un problema nuevo, sino una herida abierta que arrastra la gestión municipal desde hace años. Durante el mandato del gobierno de Joan Ribó, las mayores quejas ciudadanas ya se concentraban en este mismo ámbito: abandono flagrante de las zonas verdes y una acusada falta de limpieza urbana. Por aquel entonces, la oposición —con la actual alcaldesa a la cabeza— ponía el grito en el cielo y aseguraba airadamente que la situación era «intolerable» y exigía soluciones de urgencia.
Llama poderosamente la atención que los responsables de jardinería de Vox se excusen y ahora digan que esto es generar diversidad y que así se drena mejor y se previenen inundaciones, cuando lo que todos vemos es dejadez, abandono y malas hierbas por doquier
Cambian los gestores, empeora la realidad
El vuelco político de 2023 prometía un giro radical en la gestión de la masa verde. Sin embargo, tras el cambio de gobierno y la asunción de las competencias de jardinería por parte de Vox —primero con el concejal Juanma Badenas y posteriormente bajo la responsabilidad de Mónica Gil—, la promesa de regeneración se ha disuelto. La jardinería y su total abandono continúan acaparando el grueso de las reclamaciones vecinales. Salvo las caras visibles al frente de la concejalía, nada ha cambiado a mejor; de hecho, la percepción generalizada es que la situación ha ido a peor.
Donde hace diez años proliferaban los baladres frondosos, el colorido vegetal y los espacios limpios para el esparcimiento ciudadano, hoy solo quedan residuos, suciedad y maleza descontrolada.
Del dicho al hecho: Si el ejecutivo de Compromís incumplió sus compromisos dejando una herencia de cerca de 3.000 alcorques vacíos en las aceras valencianas, la cifra actual lejos de reducirse se ha disparado, situándose ya entre 4.000 y 5.000 alcorques desiertos y olvidados.
Fritura a impuestos sin contraprestación en los servicios
La indignación vecinal va en aumento al constatar la paradoja económica a la que se enfrenta la ciudadanía: los valencianos pagan más impuestos que nunca, disponen de un presupuesto municipal récord para el área, pero reciben servicios de peor calidad.
| Indicador de gestión | Periodo anterior | Gestión actual |
| Alcorques vacíos en la ciudad | ~3.000 | entre 4.000 y 5.000 |
| Estado de parterres y césped | Falta de mantenimiento | Maleza descontrolada (hasta 50 cm) |
| Presupuesto asignado | Elevado | En aumento |
| Satisfacción ciudadana | Quejas continuadas | Incredulidad e indignación generalizada |
¿Cuál es la razón de esta deriva?
La gestión de la masa verde de Valéncia resulta manifiestamente mejorable y carece de una estrategia clara de conservación. La ciudadanía contempla con impotencia cómo el esfuerzo fiscal exigido por las arcas municipales no se traduce en calles cuidadas ni en parques disfrutables. Mientras el Ayuntamiento sigue buscando explicaciones, la jardinería de Valéncia continúa languideciendo a la vista de todos.
¿Cuál es el plan Catalá?







