VALENCIA– 11 DE FEBRERO DE 2026
En el complejo engranaje que mantiene a salvo a la ciudadanía, el primer sonido que se escucha no es una sirena, sino una voz al otro lado del teléfono. Sin embargo, tras esa voz se esconde una realidad de precariedad y agotamiento. Coincidiendo con el Día Europeo del 112, el personal del servicio de respuesta telefónica urgente de la Comunidad Valenciana se ha concentrado esta mañana frente al Centro de Coordinación de Emergencias en l’Eliana. Su objetivo es claro: dejar de ser considerados «teleoperadores» para ser reconocidos, por derecho y convenio, como personal de emergencias.
La movilización, que ha transcurrido en un ambiente de firmeza y reivindicación, pone sobre la mesa una crisis estructural que afecta al personal encargado de gestionar los momentos más críticos de la sociedad valenciana.
Un convenio «ajeno» para una labor esencial
La principal piedra en el camino para estos trabajadores es el marco legal que regula sus condiciones. Actualmente, la plantilla se rige por el convenio de Telemarketing, el mismo que se aplica a servicios de ventas telefónicas o atención al cliente comercial. Para los representantes sindicales y los trabajadores presentes en la concentración, este encaje es «absurdo e insuficiente».
«No vendemos seguros ni gestionamos facturas de internet; gestionamos vidas en tiempo real«, denunciaba uno de los portavoces durante la lectura del manifiesto. La exigencia de un convenio propio no es un capricho administrativo, sino una necesidad de supervivencia laboral. Un marco específico permitiría recoger las particularidades de un trabajo que requiere formación en protocolos de salvamento, gestión de crisis y dominio de múltiples idiomas (castellano, valenciano, inglés, francés y alemán).
El desgaste psicológico: la emergencia invisible
Uno de los puntos más alarmantes expuestos en la jornada es la carga psicológica extraordinaria a la que se somete el personal. El 112 es un servicio operativo las 24 horas, los 365 días del año. Los operadores enfrentan diariamente situaciones de alto estrés: desde accidentes de tráfico múltiples hasta paros cardíacos en directo o situaciones de violencia de género.
Esta tensión continuada ha derivado en un elevado índice de absentismo, un síntoma claro del «burnout» o síndrome del trabajador quemado. Según denuncian desde la plantilla, la falta de apoyo psicológico institucional y las jornadas agotadoras están minando la salud mental de los trabajadores, lo que, de manera indirecta, supone un riesgo para la propia eficacia del servicio de emergencias. «Si quien debe salvarte está al borde del colapso, el sistema entero corre peligro», advierten.
Diez años con el salario congelado
A la presión emocional se le suma la asfixia económica. La plantilla ha denunciado que sus salarios permanecen congelados desde hace una década. En un contexto de inflación desbocada y aumento del coste de la vida, la pérdida de poder adquisitivo se ha vuelto insostenible.
Esta precariedad se ve agravada por la temporalidad de las mejoras, que actualmente dependen de los pliegos de condiciones que se renuevan cada cuatro años. Los trabajadores exigen una revalorización inmediata y dejar de ser «rehenes» de las licitaciones públicas. «No podemos esperar a que cada cuatro años una empresa nueva decida si merecemos ganar un poco más mientras el volumen de llamadas no para de crecer, especialmente en verano con la llegada masiva de turistas», señalan.
El peso de las tragedias y el «fuego amigo» político
La Comunidad Valenciana ha sido escenario de graves catástrofes en los últimos años, eventos que han puesto a prueba la capacidad de respuesta del 112. En lugar de recibir el respaldo institucional esperado, la plantilla lamenta haber sido utilizada como «chivo expiatorio» por ciertos cargos políticos.
Los trabajadores denuncian haber sido señalados de forma cruel ante fallos sistémicos que son responsabilidad de la gestión y no del desempeño individual. «A menudo, los políticos se desmarcan de nuestra labor para salvar su imagen, añadiendo una presión mediática y social que es injusta para quienes estamos en la primera línea de fuego», denuncian con amargura.
Un futuro basado en la profesionalización
La hoja de ruta de los trabajadores es innegociable y se divide en tres pilares:
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Profesionalización: Ser reconocidos formalmente como personal de emergencias y servicios esenciales.
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Dignidad Económica: Una actualización salarial que rompa la brecha de diez años de estancamiento.
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Marco Jurídico Propio: La creación de un convenio que entienda que el 112 es el corazón del sistema de protección civil.
La concentración en l’Eliana es solo el principio de un calendario de movilizaciones que promete intensificarse si la administración no ofrece soluciones concretas. El mensaje enviado hoy es rotundo: la excelencia en la gestión de emergencias no puede sostenerse sobre la precariedad de quienes atienden la llamada.
















