En la Politécnica de Valencia alertan del impacto ecológico y económico de un mar cada vez más cálido y trabajan en técnicas de acuicultura sostenible
Valencia, 30 de junio de 2025
El Mediterráneo alcanza este verano temperaturas inéditas para estas fechas, registrando ya 26 grados en puntos como Gandía, y podría superar los 30 grados a mediados de agosto, según advierten expertos de la Universitat Politècnica de Valéncia. Este fenómeno, consecuencia directa del cambio climático, no solo transforma el litoral en una bañera tropical para turistas, sino que amenaza gravemente la biodiversidad marina y compromete la supervivencia de especies clave como las almejas y las tellinas.
“Si me lo hubieran dicho hace 20 años, habría dicho que era imposible”, afirma Miguel Rodilla, biólogo marino del campus de Gandía de la UPV. En aquella época, los 28 grados se alcanzaban de forma muy puntual; hoy, esa cifra se está convirtiendo en la norma y ya no solo en agosto, sino en pleno junio.
Daños visibles en las especies comerciales
El impacto más alarmante es sobre los moluscos bivalvos. Según Rodilla, cuando el mar supera los 28 grados, las tellinas no solo disminuyen en número, sino también en tamaño, lo que impide su comercialización. Esta situación representa una doble amenaza: ecológica, por la pérdida de especies, y económica, para los pescadores que dependen de estos recursos.
Además, el invierno tampoco ha dado tregua. Las temperaturas mínimas del mar Mediterráneo no bajaron de los 14,5 ºC, cuando lo habitual sería que se situaran en torno a los 12 ºC. Este calentamiento persistente durante todo el año altera los ciclos biológicos de muchas especies, impide la regeneración de bancos naturales y favorece la proliferación de organismos invasores y enfermedades.
Investigaciones en acuicultura sostenible
Ante esta situación, desde la Universitat Politècnica de Valéncia se trabaja ya en la búsqueda de soluciones. Investigadores del campus de Gandía estudian técnicas de acuicultura sostenible adaptadas al nuevo contexto térmico del Mediterráneo. El objetivo es garantizar la viabilidad de especies como las almejas y las tellinas mediante sistemas de cultivo controlados, que permitan su desarrollo sin depender del mar abierto, cada vez más hostil.
“Tenemos poco tiempo para poner solución al incremento de la temperatura del mar”, advierte Rodilla. En sus palabras resuena una urgencia que va más allá del ámbito académico: sin una respuesta rápida y coordinada, el ecosistema costero valenciano podría sufrir un deterioro irreversible en las próximas décadas.