5 de febrero de 2026
La agricultura valenciana vuelve a enfrentarse a la crudeza de una meteorología impredecible que no solo golpea los balances económicos del presente, sino que amenaza con comprometer la viabilidad de las próximas campañas. La Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) ha lanzado una voz de alarma tras semanas de lluvias persistentes y vientos huracanados que han dejado un rastro de pérdidas millonarias en infraestructuras y cultivos clave como el cítrico, la chufa y las hortalizas.
Ante este escenario, la organización agraria no solo pide auxilio inmediato, sino que exige una transformación estructural: un sistema de seguros agrarios que deje de ser un parche y se convierta en una herramienta adaptada a la «nueva realidad climática».
El viento: el enemigo invisible de los cítricos
Las rachas de viento, que en diversos puntos de la geografía valenciana han superado los 100 km/h, han causado estragos en las variedades de cítricos y aguacates que se encontraban en su punto óptimo de maduración. El fenómeno conocido como ‘rameado’ —el golpeo constante de los frutos contra las ramas— ha provocado marcas en la piel que, aunque no afectan al sabor, deprecian totalmente el valor comercial del producto, dejándolo fuera de los estándares de los supermercados.
La situación es dramática en casos particulares que ilustran la crisis del sector. En la localidad de Antella, el agricultor Vicente José Bas reporta la pérdida de más del 30% de sus mandarinas Nadorcott, un daño valorado en aproximadamente 10.000 euros. En Villanueva de Castellón, la estampa es similar: Fede Soro, citricultor de la zona, ha visto cómo el viento derribaba casi la mitad de su cosecha de naranjas, unos 6.000 kilos de fruta que ahora yacen en el suelo sin posibilidad de comercialización.
Un efecto dominó en la Huerta Valenciana
Más allá de la fruta caída, las precipitaciones han alterado el delicado calendario agrícola de la Comunitat. El exceso de humedad en el suelo ha paralizado la recolección de la chufa, un cultivo emblemático que, al no poder ser retirado a tiempo, bloquea la posterior siembra de patatas, cebollas y otras hortalizas de primavera-verano.
Este retraso no es una cuestión menor; en el sector primario, el tiempo es el factor más crítico. La demora de unas semanas en la siembra puede desplazar la cosecha hacia periodos de menor precio de mercado o mayor exposición a plagas estivales. Además, en las zonas todavía afectadas por las secuelas de la DANA, las lluvias actuales están interrumpiendo las labores de reconstrucción de infraestructuras básicas, dificultando la vuelta a la normalidad de cientos de explotaciones.
Un sistema de gestión de riesgos obsoleto
Para AVA-ASAJA, los daños actuales —que incluyen rotura de ramas, arranque de árboles jóvenes y destrozos en cubiertas de naves e invernaderos— son el síntoma de un problema mayor. La organización sostiene que los mecanismos actuales de gestión de riesgos son insuficientes para proteger a los productores ante la frecuencia e intensidad de estos eventos.
«Necesitamos medidas de apoyo directas, pero sobre todo avanzar hacia herramientas eficaces que reconozcan que el clima ha cambiado», señalan desde la asociación.
La demanda principal se centra en la reforma de Agroseguro. El sector reclama un sistema que sea asequible para el agricultor pero que, al mismo tiempo, cubra las realidades del siglo XXI, donde los fenómenos «extremos y persistentes» han dejado de ser la excepción para convertirse en la norma.
Balance nacional e incertidumbre
Aunque las lluvias han servido para llenar los embalses y dar un respiro a las reservas hídricas para el riego futuro, el balance general para el sector es negativo. La humedad excesiva está retrasando la plantación de cultivos leñosos en toda España y afectando gravemente a la ganadería extensiva, que ve cómo sus infraestructuras de protección (vallados y techados) sufren daños estructurales.
La planificación de la campaña 2025/2026 ya se encuentra bajo la sombra de la incertidumbre. Sin un respaldo institucional firme y una reconfiguración de las políticas de seguros, muchos agricultores advierten que la rentabilidad de sus tierras pende de un hilo, poniendo en riesgo el relevo generacional y la soberanía alimentaria de la región.















