VALENCIA – La Plaza del Carmen ha vuelto a ser hoy el epicentro de la nostalgia y la tradición fallera. En una mañana marcada por el sol y el sonido de la dolçaina i el tabalet, se ha celebrado la LXIV edición del Concurso del Cant de l’Estoreta Velleta, organizado por la Falla Plaza del Árbol. Este certamen, que ya es un pilar fundamental del calendario festivo, ha congregado a centenares de personas para presenciar cómo los más pequeños recrean los orígenes de la fiesta de las Fallas.
El evento ha contado con una representación institucional de excepción. La Fallera Mayor Infantil de Valencia (FMIV) y su Corte de Honor han presidido el acto, arropando a las comisiones participantes. Su presencia no solo subraya la relevancia del concurso, sino que simboliza la unión entre el pasado histórico de la ciudad y el presente de su fiesta más internacional.
Un viaje al siglo XIX
A lo largo de la mañana, diversas comisiones del sector y de otros distritos de Valencia han desfilado ante el jurado, transformando la plaza en un museo vivo. El objetivo: recrear la antigua costumbre de recoger «trastos» viejos para las hogueras de San José. Al grito de «¿Hi ha una estoreta velleta per a la falla de Sant Josep?», los niños, ataviados con indumentaria de época y portando enseres antiguos, han vuelto a dar vida a personajes típicos de la Valencia de antaño.
«Este concurso es el cordón umbilical que nos une a nuestros abuelos; sin la Estoreta, las Fallas perderían su memoria», comentaba uno de los miembros de la organización.
Creatividad y sentimiento de barrio
El jurado ha valorado no solo la calidad de los materiales y la fidelidad de los disfraces, sino también la entonación del canto y la originalidad de las escenas representadas. Desde antiguos oficios desaparecidos hasta críticas sociales adaptadas al lenguaje infantil, los participantes han demostrado que el ingenio y la gracia (la dula) siguen siendo el motor de la fiesta.
La victoria, aunque simbólica en un acto donde prima la participación, reconoce el esfuerzo de meses de investigación por parte de las delegaciones de infantiles, que rescatan del olvido herramientas, vestimentas y costumbres que forman parte del ADN valenciano.
Con la finalización de esta 64ª edición, el barrio del Carmen se despide de uno de sus días más auténticos, dejando el listón muy alto para las próximas celebraciones y confirmando que, mientras haya un niño dispuesto a arrastrar una estera, la llama de la tradición nunca se apagará.
























