Valencia, 1 de abril de 2026
BENETÚSSER – Las calles de Benetússer no solo huelen a incienso y primavera; huelen a historia viva. En el corazón de la comarca de l’Horta Sur, la representación de La Pasión de Cristo ha vuelto a demostrar por qué, tras 77 años de trayectoria, sigue siendo uno de los pilares de la Semana Santa en la Comunitat Valenciana. Este año, sin embargo, la atmósfera ha sido distinta: un ciclo se cierra y una emoción contenida recorre a la Agrupación Cultural La Pasión.
Un relevo generacional sellado en el escenario
Denís Madrid Giner, de 30 años, ha cargado este Viernes Santo con algo más que una cruz de madera. Para él, esta representación marca el fin de su ciclo de cuatro años interpretando a Jesucristo. Pero la historia de Denís con esta festividad comenzó mucho antes de su nacimiento. Literalmente.
«Mi madre ya representó a la mujer adúltera cuando estaba embarazada de mí», relata Denís con una sonrisa que mezcla el cansancio físico con la satisfacción espiritual. Vinculado a la agrupación desde niño, ha pasado por casi todo el elenco bíblico, desde Herodes hasta el apóstol Juan. No obstante, este año la carga simbólica ha sido doble: el papel de la Virgen María ha sido interpretado por su propia madre. «Vivir esta tradición en familia es lo que le da sentido. Ver a mi madre a los pies de la cruz no es actuar; es revivir algo que llevamos en la sangre», explica.
La delgada línea entre el actor y el símbolo
Lo que distingue a La Pasión de Benetússer —declarada Fiesta de Interés Turístico Provincial— de un teatro convencional es la reacción del público. Para los cientos de fieles y turistas que se agolpan en las aceras, Denís deja de ser un vecino de treinta años para convertirse en un canal de su propia fe.
«Impresiona que, en plena calle y durante la representación, la gente te pare porque quiere estar cerca de Jesús. Saben que soy un actor, pero lo interiorizan de tal forma que se convierte en su manera de expresar la fe», comenta Madrid.
Uno de los momentos más sobrecogedores ocurre durante la visita a la residencia de ancianos. Denís recuerda con especial nitidez a una mujer que, rompiendo el protocolo de la actuación, se acercó a él para suplicarle que «salvase a su hijo». Entre palmas, pequeñas cruces y peticiones desesperadas, el actor debe mantener el tipo bajo un enfoque que él define como «el Cristo humano». Su interpretación huye de lo hierático; busca la naturalidad de quien, siendo divino, sufrió como hombre.
El rigor físico del calvario
Más allá de lo espiritual, encarnar a Cristo en Benetússer es un desafío atlético. Las escenas del Viernes Santo son de una dureza extrema, exigiendo a los actores una preparación física y mental de meses. El realismo de los azotes, el peso de la cruz y las horas de procesión bajo el sol o el viento requieren un cuidado estricto, además de una caracterización estética que respete la iconografía clásica.
Un legado que comenzó en 1949
La Agrupación Cultural La Pasión, motor de este evento desde sus inicios a mediados del siglo pasado, es un fenómeno social en el municipio. Aunque los papeles principales rotan cada cuatro años para dar dinamismo a la obra, el espíritu amateur —en el sentido más noble de la palabra: el que ama lo que hace— se mantiene intacto.
Actores aficionados y vecinos de todas las edades se unen en un despliegue que sitúa a Benetússer en el mapa nacional. Con el fin del ciclo de Denís Madrid, la agrupación ya mira hacia el futuro, sabiendo que el próximo Cristo ya está, probablemente, ensayando entre las sombras de la parroquia, listo para perpetuar una tradición que es, ante todo, el alma de un pueblo.

















