VALENCIA – En el número 134 de la Avenida Blasco Ibáñez, el tiempo parece haberse congelado en noviembre de 2013. Mientras el resto de la ciudad fluye al ritmo universitario y el tráfico incesante, las antiguas instalaciones de Ràdio 9 cumplen trece años convertidas en un búnker de cristal y metal que nadie sabe cómo reactivar. Lo que un día fue el epicentro de la información pública valenciana es hoy un recordatorio mudo de una era que terminó con un fundido a negro.
Un escaparate al abandono
No es difícil encontrar el local, pero sí es difícil mirarlo sin sentir cierta melancolía. Las persianas bajadas y los cristales, que antaño permitían a los transeúntes ver el trajín de las redacciones y los locutores frente al micrófono, están cubiertos por una densa capa de polvo, restos de cartelería antigua y grafitis que han ido colonizando la fachada con el paso de la década.
A pesar de estar ubicadas en una de las arterias más cotizadas y transitadas de Valencia, las instalaciones —propiedad de la Generalitat— permanecen sin uso, sin mantenimiento y sin proyecto a la vista.
De la vanguardia al desmantelamiento
El declive comenzó aquel fatídico 29 de noviembre de 2013, cuando la policía entró en los estudios para ejecutar el cierre de Radiotelevisió Valenciana (RTVV). Durante meses, el equipamiento técnico de última generación permaneció en el interior, hasta que en 2014 se completó el desmantelamiento de las mesas de mezclas, micrófonos y servidores que dieron voz a la Comunitat durante 24 años.
Desde entonces, el debate sobre su reutilización ha pasado por diversas fases:
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Sede administrativa: Se barajó como posible oficina para diversas consellerias.
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Espacio cultural: Asociaciones vecinales reclamaron su uso para el barrio.
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Sede de À Punt: Se descartó por el alto coste de rehabilitación, prefiriendo centralizar la nueva radio en los estudios de Burjassot.
Un «agujero negro» en la avenida
Para los comerciantes de la zona, el local es un «agujero negro». «Es una pena que un bajo tan grande y en un sitio tan privilegiado lleve trece años muerto», comenta el dueño de una cafetería colindante. «Solo sirve para que se acumule suciedad en la acera».
La Generalitat ha mantenido el inmueble en su inventario de activos, pero la falta de inversión y la necesidad de una reforma estructural profunda (para eliminar el amianto y actualizar la normativa de incendios) han frenado cualquier intento de alquiler o cesión.
El peso del pasado
Trece años después, el cartel de Ràdio 9 ya no cuelga de la fachada, pero su sombra sigue presente. El cierre de las instalaciones de Blasco Ibáñez no fue solo el fin de un medio de comunicación; fue el inicio de un vacío patrimonial que, a día de hoy, sigue esperando una segunda oportunidad que nunca llega.
Mientras tanto, los estudiantes que bajan cada mañana hacia sus facultades pasan por delante de esos cristales oscuros sin saber que, tras ellos, un día se contó la historia de todo un pueblo.
En estos casi 13 años han pasado por el Palau de la Generalitat Valenciana gobiernos del PPCV, luego el gobierno del PSPV junto con Compromís y Podemos primero y luego de PSPV y Compromís y ahora gobierna el PPCV con el apoyo de Vox. Todo el arco parlamentario ha manteniendo cerradas estas instalaciones degradándose y sin ningún uso para la ciudadanía, ¿cómo es esto posible?.
En una Generalitat Valenciana casi al borde de la quiebra ni Compromís, ni PSPV y ahora ni el PPCV ni a Vox se les ha ocurrido utilizar ese gran espacio o al menos arrendarlo para sacar provecho, sigue cerrado a cal y canto acumulando polvo, suciedad y pintadas…
















