El problema no está en la cantidad de lluvia, sino bajo tierra. El barro arrastrado durante el episodio de lluvias torrenciales y posteriormente introducido en las alcantarillas para limpiar calles y garajes se ha solidificado con el paso de los meses. Ese lodo, endurecido por la mezcla con agua rica en cal, actúa hoy como un tapón casi permanente.
Un drenaje reducido a la mitad
Los técnicos estiman que muchas conducciones están trabajando con una capacidad de evacuación un 60% inferior a la normal. El barro, ya compacto, se adhiere a las paredes internas de las tuberías y reduce drásticamente el diámetro útil por el que debería circular el agua.
Este escenario explica por qué tormentas de apenas una o dos horas, con registros moderados, provocan anegaciones generalizadas en municipios de l’Horta Sud y otras zonas afectadas por la DANA.
Un robot revela el estado real de las tuberías
Para evaluar el alcance del problema, las operadoras de agua han desplegado robots teledirigidos con cámaras en el interior de la red de saneamiento. Las imágenes muestran galerías prácticamente estranguladas por depósitos de lodo endurecido, con secciones de paso reducidas a la mitad.
Los especialistas advierten de que no se trata de un residuo fácil de retirar. Su consistencia es comparable a la del hormigón, lo que obliga a intervenciones mecánicas complejas y costosas.
Vecinos en alerta permanente
Mientras avanzan los estudios técnicos, los vecinos conviven con una sensación constante de vulnerabilidad. Cada aviso de lluvia reactiva el miedo a nuevas inundaciones. Las obras abiertas, necesarias para acceder a la red, agravan además los problemas de movilidad y convivencia.
En algunos municipios, los ayuntamientos ya han identificado puntos críticos donde el lodo acumulado reduce de forma severa la sección de las canalizaciones, convirtiendo determinados barrios en zonas especialmente expuestas.
Obras inevitables y de larga duración
La solución pasa por una renovación profunda del alcantarillado, pero los técnicos coinciden en que no será rápida. En muchos casos será necesario levantar calles enteras, sustituir tramos completos de tuberías y rediseñar la red para adaptarla a episodios de lluvias extremas cada vez más frecuentes.
Las administraciones estiman que los trabajos deberán ejecutarse por fases para minimizar el impacto sobre la vida diaria de los municipios. Aun así, los plazos se miden en años.
Fondos estatales y horizonte a medio plazo
El Ministerio para la Transición Ecológica ha movilizado cientos de millones de euros para actuaciones de reparación y depuración, una parte importante destinada específicamente al saneamiento urbano. En algunos municipios, las inversiones previstas permitirán abordar exclusivamente el alcantarillado durante varios ejercicios.
Los cálculos más optimistas sitúan la recuperación completa de la red en un horizonte de cuatro a cinco años. Hasta entonces, el barro solidificado seguirá siendo una amenaza latente, capaz de convertir cualquier episodio de lluvia intensa en un nuevo episodio de inundaciones.
La DANA dejó daños visibles en calles y edificios, pero su huella más peligrosa puede estar bajo tierra, en unas alcantarillas que hoy actúan como un recordatorio silencioso de que la reconstrucción real aún está lejos de completarse.















