El amarre indefinido de las cofradías de la Comunitat Valenciana amenaza el suministro de pescado fresco en mercados y lonjas. El sector denuncia que el nuevo reglamento europeo es la «sentencia de muerte» para la pesca artesanal.
17 de enero de 2026
El silencio se apoderará el próximo lunes de los puertos de Castellón, Valencia y Alicante. Lo que comenzó como un murmullo de indignación en las cubiertas de las embarcaciones de pesca menor se ha transformado en una rebelión en toda regla. Las 240 embarcaciones de la flota artesanal valenciana han decidido secundar el paro nacional, amarrando sus barcos de forma indefinida en protesta contra el nuevo Reglamento de Control Pesquero de la Unión Europea.
La consecuencia inmediata será visible en apenas 48 horas: los mostradores de los mercados municipales y las pescaderías de barrio lucirán vacíos de productos de proximidad. La «dorada de la bahía», el «lluget» o la gamba de Denia dejarán paso, si es que llega, al pescado de importación o de piscifactoría.
El nudo de la discordia: Pesaje en alta mar
El detonante de este conflicto es una normativa comunitaria que obliga a los pescadores a pesar y declarar electrónicamente todas las capturas mientras aún se encuentran en alta mar, antes de tocar tierra. Para Bruselas, es una medida necesaria para garantizar la trazabilidad y evitar la pesca ilegal. Para los marineros valencianos, es una «exigencia absurda e impracticable».
«Es imposible acertar el peso», explica Vicent Gorrita, veterano pescador de Castellón. «En una barca pequeña, con el movimiento de las olas y el pescado aún sin clasificar en cajas, ¿cómo esperan que demos una cifra exacta? No somos máquinas, somos pescadores». La crítica de Gorrita resuena en todo el litoral mediterráneo. El sector denuncia que el margen de error permitido por la UE es tan estrecho que cualquier mínima variación se traduce en sanciones económicas desproporcionadas.
Un sector contra las cuerdas
La pesca en la Comunitat Valenciana no es solo una actividad económica; es un pilar cultural y gastronómico. Sin embargo, los datos son alarmantes. En las últimas dos décadas, el número de embarcaciones ha caído drásticamente debido a las restricciones de días de pesca (el Plan Plurianual del Mediterráneo) y al encarecimiento del combustible.
El sentimiento generalizado en las cofradías es el de ser víctimas de una «gota malaya» burocrática. «Sienten que quieren matarnos poco a poco», afirma el sector. La sospecha de que estas normativas favorecen la entrada de pescado de terceros países, con estándares laborales y ambientales mucho menos exigentes, sobrevuela cada puerto.
Apoyo institucional y pulso político
La crisis ha escalado rápidamente hasta los despachos del Palau de la Generalitat. El conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca, Miguel Barrachina, tras reunirse con los representantes de las tres federaciones de cofradías (Castellón, Valencia y Alicante), ha calificado la medida de «absolutamente injustificable».
El Consell ha cerrado filas con los pescadores, elevando el tono contra el Gobierno Central. Barrachina ha exigido al Ejecutivo de Pedro Sánchez que actúe de inmediato ante las autoridades europeas para solicitar una moratoria o la retirada de la exigencia del pesaje a bordo para la flota artesanal. «Es una normativa pensada para grandes buques factoría en el Atlántico, no para la pesca de bajura que caracteriza a nuestro Mediterráneo», señalan fuentes de la Conselleria.
El impacto económico y social
Si el paro se prolonga, el impacto no se limitará a las lonjas. El sector de la hostelería, bandera del turismo valenciano, observa con preocupación el conflicto. Los restaurantes que basan su oferta en el «producto de kilómetro cero» temen tener que cambiar sus cartas o repercutir una subida de precios desorbitada en sus clientes.
Además, existe el riesgo de una ruptura en la cadena de relevo generacional. «Si a la dureza del oficio le sumas una burocracia que te trata como a un delincuente antes de llegar a puerto, ningún joven querrá heredar la barca de su padre», lamentan desde la Cofradía de Pescadores de Denia.
¿Hacia dónde va el conflicto?
Por el momento, no hay visos de una solución rápida. Las cofradías aseguran que el amarre es solo el primer paso de una serie de movilizaciones que podrían endurecerse si Madrid y Bruselas no muestran flexibilidad.
El próximo lunes, los mercados valencianos serán el termómetro de una crisis que va más allá de unos kilos de pescado: está en juego la supervivencia de una forma de vida que ha definido la identidad del Levante durante siglos. La mar está en calma en los mapas, pero los puertos valencianos viven hoy su tormenta más difícil.
El sector primario en pie de guerra
Con este anuncio, los pescadores se suman a las movilizaciones que ya han convocado agricultores y ganaderos contra el Gobierno de España y Europa, con lo que los tres pilares del sector primario se encuentran en lucha contra el ejecutivo de Pedro Sánchez y sus políticas contra el sector primario.
En Europa los agricultores ya están en pie de guerra contra el acuerdo con MercoSur y cortan carreteras, y han comenzado las movilizaciones en España. Un auténtico pulso del sector primario contra las políticas que les asfixian y que serán su ruina permanente, ¿las autoridades darán su brazo a torcer o directamente les aplicarán sanciones y mano dura para doblegarles como han hecho hasta ahora?.















