Xàtiva: El espejismo de FITUR frente a la cruda realidad de un casco antiguo en llamas
Xàtiva, la histórica capital de la Costera, vive estos días una esquizofrenia institucional difícil de digerir para sus ciudadanos. Mientras el equipo de gobierno de Roger Cerdà se fotografía en los pasillos de FITUR, sacando pecho de un modelo de «turismo inteligente» y de la riqueza monumental de la ciudad, los vecinos del centro histórico caminan por calles que huelen a orines, temen los derrumbes de casas en ruina y se refugian en sus portales ante peleas a plena luz del día.
La distancia entre el «póster» publicitario de Madrid y el adoquinado del núcleo antiguo nunca ha sido tan grande. El último episodio en la Plaça de Calixte III (la emblemática Plaça de la Seu) ha sido la gota que ha colmado un vaso lleno de promesas incumplidas y una degradación que ya no se puede ocultar tras una campaña de marketing institucional.
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Violencia bajo la sombra de la Colegiata
El incidente reciente en la Plaza de la Seu no es un hecho aislado, sino el síntoma de una enfermedad crónica. Vecinos y turistas —esos mismos que el Ayuntamiento busca atraer con tanto ahínco— se vieron obligados a buscar refugio en el Antic Hospital Reial para protegerse de una violenta reyerta protagonizada por ocupantes de una vivienda de la zona. Barras de hierro, amenazas y un clima de inseguridad ciudadana que «día sí y día también» fractura la convivencia.

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A esto se suma la impunidad estética y normativa: un vehículo de gama media-alta aparcado durante días frente a la puerta de una casa ocupada, en zona prohibida, desafiando a una autoridad municipal que parece haber bajado los brazos en el corazón de su propio patrimonio. Los vecinos se preguntan: ¿de qué sirve atraer visitantes si no se puede garantizar su integridad física en la plaza más importante de la ciudad?
El contraste de Roger Cerdà: FITUR vs. la Lista Roja
Mientras el alcalde Roger Cerdà promociona Xàtiva como un destino de excelencia, la prestigiosa asociación Hispania Nostra cuenta una historia muy distinta a través de su Lista Roja del Patrimonio. En este «índice de la vergüenza», Xàtiva ha llegado a acumular una docena de bienes en riesgo de desaparición, evidenciando una gestión patrimonial que hace aguas.
Dos ejemplos sangrantes ilustran este abandono: la Casa-Palacio del Barón de Sacrolirio, un inmueble del siglo XVII adquirido por el Ayuntamiento en 1993 y que hoy languidece con forjados colapsados y la cubierta destrozada; y la Antigua Estación de Ferrocarril Xàtiva-Alcoi, la segunda más antigua de España, que se desmorona entre la maleza y el olvido administrativo. Resulta paradójico que el gobierno municipal «venda» historia en las ferias internacionales mientras permite que los pilares reales de esa historia se conviertan en escombros habitados por la marginalidad.
Vicent Boix y el olvido de los hijos ilustres
La desidia no solo afecta a los edificios, sino a la memoria misma de la ciudad. El caso de la casa de Vicent Boix, cronista e hijo ilustre de Xàtiva, es especialmente doloroso. Vecinos y colectivos culturales denuncian que el Ayuntamiento de Xàtiva no tiene cura de su memoria. La vivienda vinculada a su figura no es hoy un centro de interpretación o un orgullo local, sino otro eslabón en la cadena de casas en ruina y problemas de orden público que asolan el centro.
Este abandono del patrimonio civil es lo que alimenta el malestar vecinal. La sensación de que el gobierno municipal solo se preocupa por la «fachada» (el Castillo y los eventos multitudinarios) mientras deja morir el tejido urbano donde realmente vive la gente.
Un «Plan Antiokupa» que nunca llegó
La hemeroteca es implacable con la gestión de Roger Cerdà. En 2020, el gobierno local anunció con gran despliegue mediático un Plan Municipal contra la ocupación ilegal. Sin embargo, cinco años después, la oposición y las asociaciones de vecinos denuncian que aquel plan fue sólo «humo». Las zonas de la Plaça del Trinquet, calle Sant Gaietà o Sant Cristòfol siguen siendo puntos negros de insalubridad y conflictos constantes.
El paisaje cotidiano para muchos setabenses es dantesco: restos biológicos en las fachadas, olor a orines que se vuelve insoportable en verano, basura acumulada en inmuebles abandonados y el miedo a que una chispa —o una barra de hierro— provoque una tragedia.
¿Hasta cuándo la Xàtiva de dos velocidades?
La deriva del gobierno municipal actual parece haber priorizado el titular efímero sobre la gestión de lo cotidiano. No es posible construir una ciudad turística de primer nivel sobre un centro histórico que se cae a pedazos y donde la ley del más fuerte impera en ciertas calles.
Xàtiva necesita, de manera urgente, que el equipo de Roger Cerdà baje del avión de FITUR y pise la realidad y el barro de la calle San Pascual o la Plaza de la Seu. La seguridad ciudadana, la limpieza integral y, sobre todo, la recuperación real de los bienes incluidos en la Lista Roja no son «opciones políticas», sino obligaciones de quien ostenta la vara de mando.
La pregunta que resuena entre los vecinos del casco antiguo, cansados de denunciar sin obtener respuesta, es directa: «¿Fins quan?«. Hasta cuándo habrá que esperar para que el Ayuntamiento de Xàtiva y su equipo de gobierno cuide de la memoria de sus hijos ilustres y, sobre todo, de la seguridad y dignidad de sus ciudadanos actuales. El tiempo del marketing y de las promesas incumplidas se ha acabado; ha llegado la hora de la política real.



















