TEHERÁN – Lo que comenzó el 28 de diciembre de 2025 como un grito desesperado contra la inflación y el colapso del rial, ha mutado en una insurrección sin precedentes. Tras más de dos semanas de movilizaciones, Irán vive hoy su «etapa de no retorno». La lucha por la libertad se ha extendido ya a 512 ubicaciones estratégicas, abarcando 180 ciudades y la totalidad de las 31 provincias del país, transformando el descontento social en una rebelión abierta contra la República Islámica.
Un apagón digital para ocultar la masacre
En las últimas 48 horas, el régimen ha aplicado su medida más drástica: un bloqueo total de internet. Según la plataforma NetBlocks, el país lleva más de 36 horas sumido en una oscuridad digital que busca asfixiar la coordinación de las marchas y evitar que las imágenes de la represión den la vuelta al mundo.
A pesar del silencio informativo, los reportes que logran cruzar las fronteras hablan de una escalada de violencia crítica. Organizaciones como Amnistía Internacional denuncian el uso de fuego real y perdigones de metal contra civiles. Se estima que la cifra de fallecidos supera los 50 manifestantes, incluyendo al menos a ocho menores de edad, mientras que las detenciones arbitrarias ya se cuentan por miles.
Mujeres y Jóvenes: La vanguardia del cambio
Si algo define este levantamiento es el rostro de sus protagonistas. Las mujeres iraníes, quienes ya fueron el motor del movimiento de 2022, han vuelto a tomar la primera línea, desafiando las leyes de vestimenta y liderando cánticos en los bazares y universidades.
Junto a ellas, una generación Z que no conoce el miedo se enfrenta a la Guardia Revolucionaria (IRGC). En ciudades como Mashhad y Sanandaj, jóvenes de apenas 14 y 16 años han sido identificados como líderes de las barricadas. «Ya no pedimos reformas, pedimos libertad», es el mensaje que resuena en las universidades de Qom y Teherán, donde la desobediencia civil ha paralizado las instituciones.
El punto de ruptura
La situación ha alcanzado una dimensión internacional. Mientras el Líder Supremo, Alí Jameneí, califica a los manifestantes de «vándalos» dirigidos por potencias extranjeras, la presión externa aumenta. La llamada a la unidad nacional del príncipe heredero en el exilio, Reza Pahlaví, ha unificado por primera vez a sectores que antes estaban fragmentados: desde los comerciantes del Gran Bazar hasta los trabajadores del sector petrolero en Bandar Abás.
«Esto ya no es una protesta, es una rebelión por la dignidad humana que el régimen no podrá apagar con cortes de internet», declaran activistas desde la clandestinidad.
Irán se encuentra hoy en una encrucijada histórica. Con las calles encendidas y el ejército desplegado en puntos críticos, las próximas horas determinarán si este es el acto final de un sistema teocrático que lucha por su supervivencia frente a un pueblo que ha decidido ser libre.
















