Cada cierto tiempo, España entra en pánico moral. Cambia el objeto —ayer fueron las pensiones, antes el okupa, mañana será otro—, pero el mecanismo es siempre el mismo: miedo, simplificación y una mentira lo bastante grande como para que parezca verdad.
Esta semana le ha tocado a la regularización extraordinaria de personas migrantes. El relato viral es claro y cómodo:
“Van a legalizar a 500.000 inmigrantes para que voten y manipulen las elecciones”.
Es falso. Jurídicamente falso. Constitucionalmente falso. Históricamente falso.
Pero funciona porque apela a algo muy español: la sospecha permanente de que alguien nos está engañando.
Empecemos por lo básico: regularizar no es dar la nacionalidad
Hay que decirlo despacio, porque parece que cuesta:
Regularizar no es nacionalizar.
Regularizar significa:
- Dar papeles de residencia.
- Permitir trabajar legalmente.
- Cotizar, pagar impuestos y salir de la economía sumergida.
Nacionalizar significa:
- Convertirse en ciudadano español.
- Acceder a derechos políticos, entre ellos el voto.
La regularización extraordinaria no concede la nacionalidad.
Ni ahora. Ni después. Ni “por la puerta de atrás”.
Y sin nacionalidad española no se vota en elecciones generales ni autonómicas. Punto.
El voto en España no es un premio de bienvenida
La Constitución no deja margen a interpretaciones creativas:
- El derecho de sufragio corresponde a los españoles.
- La Ley Electoral lo repite sin ambigüedades.
Por mucho que alguien tenga residencia, trabajo, hijos escolarizados o veinte años viviendo aquí, si no es español, no vota en generales ni autonómicas.
Ni Sánchez, ni Podemos, ni ningún gobierno puede cambiar eso sin tocar la Constitución.
Y no se está tocando.
“Pero es que van a votar en municipales”: la media verdad que se convierte en bulo
Aquí llega la trampa favorita.
Sí, algunos extranjeros pueden votar en elecciones municipales.
Pero atención al detalle que siempre se omite:
- Solo ciudadanos de la UE o de países con acuerdos de reciprocidad.
- Solo si llevan años residiendo legalmente.
- Solo si se inscriben voluntariamente en el censo.
- Y esto ocurre desde hace décadas, gobierne quien gobierne.
No es nuevo.
No lo crea esta regularización.
No afecta a “todos los migrantes”.
Convertir esto en “van a votar todos” es mentir conscientemente.
El miedo al censo: cuando la ignorancia se disfraza de denuncia
Otra joya del bulo es hablar de “alterar el censo electoral”.
El problema es que el censo:
- No se alimenta del padrón sin más.
- No incluye automáticamente a residentes extranjeros.
- No se modifica por un permiso de trabajo.
Para votar hay que cumplir la ley electoral, no basta con existir.
Pero el bulo no busca explicar nada. Busca encender.
¿Y si el verdadero problema es otro?
Tal vez la pregunta incómoda no sea si votan o no.
Tal vez el problema es que:
- Hay cientos de miles de personas trabajando sin derechos.
- Cotizando menos de lo que deberían.
- Sosteniendo sectores enteros en negro.
- Viviendo aquí desde hace años como si fueran invisibles.
Regularizar no es un gesto ideológico. Es una medida administrativa para ordenar un caos que ya existe.
De hecho, España ya lo hizo:
- Con gobiernos del PSOE.
- Con gobiernos del PP.
- Y nunca pasó nada de lo que ahora se anuncia como apocalipsis.
El bulo funciona porque necesita un enemigo
El relato no habla de leyes. Habla de emociones.
- “Nos van a robar el voto”.
- “Nos van a cambiar el país”.
- “Nos están sustituyendo”.
Es el mismo discurso reciclado, solo cambia el titular.
Y mientras discutimos un bulo, nadie habla de:
- Salarios.
- Vivienda.
- Precios.
- Servicios públicos.
- O de por qué hay sectores que dependen estructuralmente de mano de obra migrante.
Conclusión: no, no van a votar, pero el bulo sí hace daño
Los migrantes regularizados:
- No votan en generales.
- No votan en autonómicas.
- Solo algunos pueden votar en municipales, como siempre ha ocurrido.
La regularización no rompe la democracia.
La desinformación, sí.
Porque cuando una mentira se repite lo suficiente, ya no importa si es legalmente absurda: importa si sirve para señalar, enfadar y dividir.
Y en eso, tristemente, este bulo está funcionando de maravilla.
















