MADRID – En una de las sesiones más tensas que se recuerdan en la Cámara Alta, el ministro Óscar Puente ha comparecido hoy para rendir cuentas por el descarrilamiento en Adamuz (Córdoba), que segó la vida de 45 personas, y el choque de Rodalies en Gelida (Barcelona), donde falleció un joven maquinista. Sin embargo, lejos de la contrición o la asunción de responsabilidades políticas, el hemiciclo se ha encontrado con un ministro que ha hecho de la defensa propia un ejercicio de autocomplacencia que la oposición no ha tardado en tildar de «fanfarronería hiriente».
Un blindaje de acero frente a la ausencia total de autocrítica
Desde el primer minuto de su intervención, Puente ha marcado territorio. Con un tono que oscilaba entre la vehemencia y la suficiencia, ha descartado de plano cualquier posibilidad de dimisión. Para el ministro, los 46 fallecidos no son el síntoma de una infraestructura deficiente o de una falta de mantenimiento, sino el resultado de imprevistos que, según su tesis, ningún ser humano habría podido evitar.
«No tengo ningún remordimiento ni culpa», ha sentenciado con una frialdad que ha dejado mudos a los escaños de la oposición. «La gestión de esta crisis ha sido la mejor posible. Se ha actuado con una diligencia que dudo que cualquier otro equipo pudiera haber igualado».
«Mirar a la cara» a las víctimas
El momento de mayor crispación se ha producido cuando Puente ha hecho referencia al próximo funeral de Estado. En un alarde de seguridad personal, el ministro ha afirmado que acudirá a las exequias con la frente en alto.
«Iré al funeral y miraré a la cara a los familiares de las víctimas», ha asegurado, insistiendo en que su conciencia está tranquila porque, bajo su criterio, el sistema ferroviario español sigue siendo un referente, a pesar de que los informes preliminares en Adamuz apuntan a la rotura de una soldadura vieja en una vía de alta velocidad.
La indignación de la oposición
La respuesta de los grupos parlamentarios no se ha hecho esperar. Portavoces del PP y Vox han calificado la actitud de Puente como una «falta de respeto monumental» hacia el dolor de las familias. «No es el momento de presumir de gestión cuando aún se están enterrando a 45 compatriotas en Andalucía y a un trabajador en Cataluña», han recriminado desde la bancada popular.
Para muchos analistas, la estrategia de Puente es clara: convertir la tragedia en una batalla de resistencia política. Al afirmar que «no se podía hacer mejor», el ministro eleva su gestión a la categoría de infalible, cerrando cualquier rendija a la asunción de errores técnicos que pudieran derivar en su cese.
Las claves de la «Gestión Puente» según su comparecencia
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Negación del error político: Atribuye las causas exclusivamente a fallos técnicos imprevisibles (soldaduras y desprendimientos por lluvia).
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Personalismo: Ha subrayado su sacrificio personal durante la crisis, mencionando sus pocas horas de sueño como prueba de compromiso.
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Desafío a la lógica parlamentaria: Considera que pedir su dimisión es un «oportunismo carroñero» de la derecha.
Las peticiones de dimisión
Las peticiones de dimisión no sólo le han llegado desde la bancada popular y de vox, ante los que ha asegurado en la tribuna de oradores que «me da exactamente igual lo que digan ustedes, quieren que me vaya porque no lo puedo hacer mejor».
Desde ERC y Junts le han pedido su dimisión inmediata, pero también desde las filas de Más Madrid o del PNV. Así, los socios del gobierno se unen al grito unánime de petición de dimisión de un Ministro fanfarrón y con chulería más allá de las muertes, un chulo de barrio metido a Ministro cuando no tuitea…
Tan sólo el PSOE ha callado, aunque le han dejado sólo…pero quien calla otorga, y sostener a un chulo de barrio tuitero y a tiempo parcial Ministro es insostenible…
















