Por Javier Navarro Andreu
Josep Maria Bayarri Hurtado (Valencia, 1886-1970) fue una de las figuras más prolíficas y polifacéticas de la cultura valenciana del siglo XX. Poeta, escritor, pintor, escultor, catedrático de Bellas Artes y activista cultural, desarrolló una obra extensísima marcada por un profundo compromiso con Valencia, su lengua y su identidad.
Aunque su producción y su vida ha sido abordada con profundidas desde perspectivas ideológicas, lingüísticas o históricas, por Carles Recio, existe un aspecto menos estudiado, pero de gran interés bibliográfico y artístico: la reedición de sus poemarios en la década de 1950 y la singularidad material de algunos de esos volúmenes.
Durante los años cincuenta del siglo pasado, Bayarri decidió reeditar buena parte de su obra poética anterior, organizándola en tomos agrupados por afinidades temáticas. No se presentaron formalmente como unas «Obras completas», y probablemente no lo fueran en sentido estricto, dado el carácter inabarcable de su producción, pero sí pueden considerarse una recopilación madura y reflexiva de su trayectoria poética.
En estos volúmenes reunió poemas de carácter popular, amoroso, religioso, marianistas, personales, o identitarios, bajo títulos sencillos y expresivos como «Populars» , «De la terra», «Religiosos», «De la Verge Maria», «Dramatica» o D’Amor i amors», ofreciendo así una lectura ordenada de sus mejores poemas, según su criterio personal.
Uno de los elementos más llamativos de estas reediciones es la extrema sobriedad de sus portadas. En general, se trataba de cubiertas completamente lisas, sin ilustraciones ni ornamentos, con el título del conjunto poético colocado en la parte inferior y el nombre del autor en la parte superior.
Esta aparente austeridad de estas ediciones autofinanciadas por el propio Bayarri, estaban pensadas más para la difusión cultural que para el lucimiento editorial.
Pero al mismo tiempo, esas portadas desnudas evocan la idea de un lienzo en blanco, una superficie silenciosa que deja todo el protagonismo al contenido poético.
Sin embargo, esta aparente uniformidad es solo parcial. Bayarri, artista plástico además de poeta, aprovechó en algunos casos esas cubiertas lisas para intervenirlas manualmente. En ciertos ejemplares concretos, dibujó a mano motivos relacionados con la temática del poemario, transformando cada libro en una pieza única. Todo indica que estas intervenciones no fueron sistemáticas ni destinadas al gran público, sino que se realizaron en contadas ocasiones, probablemente en ejemplares dedicados a amigos, familiares o personas de su entorno más cercano.
Un caso especialmente significativo es un ejemplar del volumen «D’Amor i amors» que poseo en mi biblioteca. Bayarri dibujó en la portada la figura de una mujer con tinta roja, una imagen sencilla pero cargada de simbolismo, plenamente coherente con el contenido amoroso del poemario. Durante mucho tiempo, este ejemplar la consideré como una rareza bibliográfica y artística, pero sabía en el fondo que podrían existir ejemplares con la misma peculiaridad, dado a la «hiperactividad» artística de Josep Maria.
Esa hipótesis fue confirmada cuando recientemente visité la magnánima biblioteca de Lo Rat Penat, entidad histórica y señera del valencianismo cultural. Allí pude ver por pura casualidad, dado que no buscaba nada relacionado con él, que la sede ratpenatista custodia otro libro de Josep Maria Bayarri cuya portada fue igualmente ilustrada a mano por el propio autor, también en tinta roja.
Este hecho abre una incógnita tan sugerente como difícil de responder: ¿cuántos poemarios más de Bayarri existirán con portadas intervenidas por él mismo? La dispersión de su obra, la existencia de tiradas cortas y la circulación privada de algunos ejemplares hacen pensar que podrían conservarse más libros de este tipo en bibliotecas particulares, privadas o librerías de lance. Cada uno de ellos sería no solo un libro de poemas, sino también una obra artística singular.
Estas portadas ilustradas convierten ciertos volúmenes de Bayarri en auténticas joyas bibliográficas por múltiples motivos. Son únicas desde el punto de vista material, unen en un mismo objeto la faceta literaria y la plástica del autor, y testimonian una relación íntima entre el creador y su obra, ajena a los procesos editoriales industriales. En ellas se manifiesta un Bayarri consciente de su legado, que concibe el libro no solo como soporte del texto, sino como espacio artístico y personal. Un patrimonio cultural todavía poco explorado, pero de enorme valor para comprender en toda su dimensión a una de las figuras más singulares de la cultura valenciana del siglo XX.
Javier Navarro Andreu















