Sant Domènech: El claustro de la vergüenza y la «pataleta» de un gobierno contra la realidad
Si hay un símbolo que define la actual gestión del patrimonio en Xàtiva, ese no es ni el Castillo, ni las fachadas engalanadas para la Fira Borja. Es, lamentablemente, una lona gris y otra con el claustro impreso, rasgadas y vencidas por el tiempo que intenta ocultar, sin éxito, las vergüenzas del claustro del exconvento gótico de Sant Domènech.

Mientras el alcalde Roger Cerdà insiste en vender una ciudad de «excelencia turística», el corazón de uno de sus Bienes de Interés Cultural (BIC) más importantes languidece en la Lista Roja de Hispania Nostra, recordándonos que el marketing no puede tapar las grietas de la desidia.
La inclusión del refectorio y las alas norte, este y oeste del claustro de Sant Domènech en este «índice de la infamia» el 10 de junio de 2024 no fue una sorpresa para nadie que pise las calles de Xàtiva, salvo para el equipo de gobierno. La reacción de Roger Cerdà, lejos de la autocrítica o la asunción de responsabilidades, fue lo que muchos en la ciudad han calificado de «pataleta institucional». Una respuesta impropia de un cargo público que, en lugar de arremangarse para salvar el gótico setabense, prefirió cuestionar el rigor de una asociación de prestigio internacional y, lo que es más grave, la intencionalidad de quienes denuncian los hechos.
El espejismo del «todo va bien»
Desde el despacho de alcaldía se lanzó un relato defensivo: Sant Domènech es un «centro cultural vivo». Se esgrimieron exposiciones de Playmobil, jornadas de ingeniería y el Museo del Corpus como escudos contra la realidad. Pero la trampa dialéctica es evidente. Nadie cuestiona la utilidad de la iglesia restaurada o del ala sur reconstruida; lo que se denuncia es el abandono sistemático del resto del conjunto de Sant Domènech, un espacio que, a diferencia de los folletos turísticos, ofrece una imagen dantesca de vegetación invasiva, humedades y materiales originales amontonados a la intemperie.
Las imágenes que acompañan este reportaje son un grito de auxilio. Las lonas que debían «proteger» los restos del claustro de Sant Domènech están rotas, dejando al descubierto un interior degradado que desmiente cualquier discurso oficial de cuidado patrimonial. Es la Xàtiva de las dos caras: la que se ilumina para la foto y el postureo de FITUR y la que se pudre y se echa a perder detrás de una valla de obra.
El tiro por la culata: La visita de Hispania Nostra
En un intento de revertir la situación y «limpiar» la imagen del gobierno municipal, se invitó a miembros del comité científico de Hispania Nostra a visitar el municipio. El objetivo del consistorio era evidente: forzar la salida de Sant Domènech de la Lista Roja mediante el descrédito de la denuncia original. Sin embargo, la jugada le salió al revés a Roger Cerdà.
Tras pisar el terreno, observar el estado real de los muros y comprobar que los proyectos de restauración son, por ahora, más papel que piedra, la asociación mantuvo el BIC en su lista de peligro. Fue el fracaso de la diplomacia de escaparate frente a la cruda evidencia arquitectónica. Lejos de amilanarse, el alcalde redobló su apuesta por la confrontación, cuestionando la «rigurosidad» de una entidad que lleva décadas velando por el patrimonio valencia. Atacar al mensajero cuando el edificio se cae es la técnica más vieja de la política, pero también la más estéril y hasta ridícula, rozando un comportamiento infantil, con berrinche incluido.
Una ciudad abonada a la Lista Roja
Xàtiva no es una novata en estos lances. La ciudad ostenta el triste récord de ser una de las localidades con más bienes en riesgo de toda la Comunidad Valenciana. Desde el Canal de Bellús, pasando por la Casa de los Quadrado, el Molino de Sampedro o la Casa-Palacio del Barón de Sacrolirio, hasta la Papelera de San Jorge o la Antigua estación del ferrocarril Xàtiva-Alcoi, el catálogo de ruinas es extenso. El caso de Sant Domènech, fundado por Jaume I, es especialmente sangrante por su valor histórico y por la arrogancia con la que se gestiona su deterioro.
¿Cómo puede Roger Cerdà hablar de «Turismo Inteligente» cuando no es capaz de mantener el refectorio de un convento del siglo XIII sin que le crezcan higueras y vegetación en los muros? La respuesta es sencilla: la prioridad no es el patrimonio, es la percepción. Se prefiere invertir en eventos efímeros que en la consolidación estructural de nuestra historia. Se prefiere la «pataleta» contra el Círculo por la Defensa del Patrimonio, por el mero hecho de denunciarlo, que la firma de convenios de restauración urgentes.
¿Hasta cuándo la ceguera institucional?
El estado actual de las alas norte, este y oeste del claustro es el espejo de un modelo de ciudad agotado. Una ciudad que ignora las recomendaciones del Síndic de Greuges y que se enroca en un discurso de éxito mientras la piedra gótica se deteriora y se pierde para siempre.
El patrimonio de Xàtiva no pertenece a un partido, ni a un alcalde; pertenece a las generaciones pasadas que lo levantaron y a las futuras que deberían heredarlo. La soberbia política de cuestionar a Hispania Nostra para ocultar la incapacidad de gestión sólo acelera el proceso de ruina. Si Roger Cerdà quiere de verdad sacar a Sant Domènech de la Lista Roja, el camino no es la descalificación, sino la obra pública, la limpieza y el respeto por un legado que hoy, bajo esas lonas rasgadas, llora el olvido de unos gobernantes que se esfuerza en demostrar, día a día, que no están a la altura del patrimonio cultural valenciano, y de una ciudad histórica y monumental como Xàtiva.


















