Valencia: carpa, caos y Casal; la ciudad sitiada que olvida su historia
Valencia arde esta noche, pero para muchos, el fuego es sólo el epílogo de una agonía que se ha prolongado, innecesariamente más de dos semanas.
Mientras las cámaras de televisión buscarán la lágrima de la Fallera Mayor y el estruendo de la última Mascletà aún resuena en los oídos de los turistas, una parte de la ciudad observa con resignación las cicatrices que quedan en la ciudad.
Bajo el título «Valencia: carpa, caos y Casal», desgranamos la realidad de una fiesta que, en su carrera hacia el éxito de masas, parece haber dejado atrás el respeto por el escenario que la acoge: su propio patrimonio histórico.
Desde la Asociación Círculo por la Defensa del Patrimonio, la voz de alarma no es nueva, pero este 2026 ha alcanzado un tono de urgencia inédito, que se suma a la crítica de las asociaciones de comerciantes y de vecinos que están hartos de que esta situación se repita en bucle.
https://noticiasciudadanas.com/fallas-2025-modelo-fiesta-insostenible/
Las advertencias del Síndic de Greuges, que año tras año emite resoluciones instando al consistorio a un control estricto de los entornos protegidos, parecen perderse entre el ruido dels pasacarrers y del olor a aceite de fritanga.
https://conocevalenciapaseando.blogspot.com/2023/05/las-asignaturas-pendientes-del_28.html
La dictadura de la lona: El museo de la Beneficencia bajo asedio
El primer eje de esta crisis es la carpa. Lo que originalmente era un refugio logístico para la comisión fallera se ha transformado en un gigante de PVC que devora el espacio público. Este año, el caso del Centro Cultural la Beneficencia ha sido paradigmático. Este antiguo hospicio, joya del neogótico y el neoclasicismo valenciano, ha pasado las fiestas con estructuras metálicas y lonas plásticas virtualmente selladas a sus fachadas.
«No es solo una cuestión visual», explican desde Círculo por la Defensa del Patrimonio. «Es una cuestión de seguridad y conservación». La instalación de esta carpa sin respetar el ñarea de protección libre de ocupación es una negligencia grave del Ayuntamiento de Valencia, que sigue dando permisos y licencias sin revisar el PEP y sin saber el grado de protección de los edificios.
Y el patrimonio no es sólo el edificio, sino también su entorno visual. Cuando una carpa de 200 metros cuadrados oculta un Bien de Interés Cuñtural (BIC), la administración está permitiendo una privatización temporal del paisaje urbano que atenta contra la ley de Patrimonio Cultural Valenciano y contra el Plan Especial de Ciutat Vella.
El Jardín de Parcent: Pólvora sobre columnas heridas
Si nos desplazamos apenas unos cientos de metros, el Jardín de Parcent ofrece una imagen desoladora. Este espacio, catalogado como entorno de protección de Bien de Interés Cultural (BIC), debería ser un oasis de cuidado extremo. Sin embargo, ayer mismos pudimos ver todo el recinto lleno de restos de carcasas de fuegos artificiales, pertados y mascelts tirados y explotados contra el patrimonio.
Las columnas de la antigua quadra del mal de siment (Sifilíticos), vinculada al antiguo Hospital General, han servido para hacer explotar petardos, dejando restos de las quemaduras en la piedra. Sin vigilancia efectiva y vallado del espacio, queda patente que el bando fallero actual es papel mojado y no proteje la integridad de este BIC, máxime cuando en años anteriores ya sucedieron los mismos hechos y por lo tanto, tanto la Diputación de Valencia como el Ayuntamiento ya estaban al tanto de lo que sucedía aquí.
El Mercado Central: Entre el modernismo y el «meódromo»
Quizás la imagen más dolorosa de estas Fallas 2026 vuelva a ser la del Mercado Central siendo orinado, nuevamente. Este último, catedral del modernismo y orgullo comercial de la ciudad, ha vuelto a sufrir el «vandalismo pasivo» de las masas. Al caer la tarde-noche, las fachadas laterales del mercado se convierten en lo que los vecinos denominan con amargura el «meódromo de las Fallas».
A pesar de los refuerzos en la limpieza, el ácido úrico penetra en los poros de la piedra caliza y los zócalos, provocando una degradación química que ningún agua a presión podrá solucionar por completo. La falta de una dotación de baños públicos proporcional a las 150.000 personas que pueden concentrarse en el centro histórico en una tarde de «tardeo» es una negligencia administrativa que pagan los monumentos. Que se sigan permitiendo tardeos en este entorno monumental, cuando ya se prohibieron los de la plaça del Mercat y de Doctor Collado, es digno de estudio e investigación.

Los Santos Juanes, la iglesia vecina, observa desde su fachada barroca cómo el incivismo campa a sus anchas ante la ausencia de la Policía Local, tal y como aseguran vecinos del barrio.
Tardeos y verbenas: La estética del «usar y tirar»
El concepto de «Casal» ha evolucionado de forma preocupante. Si bien la comisión fallera es la base de la fiesta, la externalización de sus verbenas y la moda de los «tardeos» (verbena que se celebra por la tarde ante la prohibición de estos actos) han atraído a un perfil de visitante que ignora la cultura del monumento y de los entornos. En entornos monumentales, estas verbenas se traducen en una acumulación de residuos plásticos, vidrio y restos biológicos que quedan depositados durante horas junto a muros centenarios.

El problema no es la música, es la escala, que sobrepasa todos los límites. Cuando el Ayuntamiento de Valencia permite un tardeo o una verbena en una plaza rodeada por dos BIC y un BRL, vulnera la Ley de Patrimonio Cultural Valenciano y el PEP de Ciutat Vella. Es insostenible que en este entorno se reúna tal cantidad de personas y más, sabiendo el resultado en base a las experiencias y las denuncias de los años anteriores.
La inacción ante el Síndic de Greuges
Todo lo expuesto no es nuevo. El Síndic de Greuges ha recordado en múltiples ocasiones que la excepcionalidad de las Fallas no suspende la legislación de patrimonio. El Círculo por la Defensa del Patrimonio ha presentado informes detallados sobre anclajes ilegales en fachadas protegidas, donde se perfora la piedra para sujetar luces o cables, y sobre la instalación de puestos de comida (churrerías y buñolerías) que afectan a las visuales de los monumentos y no respetan ni tan sólo las distancias mínimas exigidas en los Planes Especiales de Protección.
«La respuesta del Ayuntamiento suele ser el silencio, evitando responder a cuestiones concretas, o la promesa de un plan que nunca llega», denuncian desde esta asociación patrimonialista. La administración parece haber claudicado ante la presión de los sectores más comercializados de la fiesta, dejando a los técnicos de Patrimonio en una posición de absoluta irrelevancia durante el mes de marzo.
Conclusión: ¿Hacia dónde camina la fiesta?
Valencia se despertará mañana con el olor a quemado y el silencio de las cenizas. Se hablará de cifras de ocupación hotelera récord, de éxito en la organización y de cuántas toneladas de pólvora se han quemado. Pero para quienes entienden que la ciudad es un organismo vivo que debe proteger su memoria, el balance es otro.
Valencia: carpa, caos y Casal no es solo un título; es un diagnóstico. Si las Fallas quieren seguir siendo Patrimonio de la Humanidad, deben empezar por respetar la «Humanidad» y la «Historia» de la ciudad que las sustenta. No podemos permitir que el fuego de una sola noche eclipse la luz de monumentos que han sobrevivido siglos y que hoy mueren lentamente bajo el peso de una carpa o el desprecio de un orín. La administración tiene menos de 365 días hasta las próximas Fallas para decidir si quiere ser la guardiana de Valencia o simplemente su gestora de una serie de eventos, ajenos a la fiesta y que cada año, molestan e irritan más a los vecinos, haciendo casi imposible la convivencia en muchos barrios de nuestra ciudad.

























