La Ceramo de Benicalap: El vergonzoso abandono del patrimonio de Valencia
Estrenamos almanaque con la inercia de los malos hábitos. Y para este medio, que lleva años recorriendo las calles de esta ciudad con el ojo puesto en los sillares, los ladrillos y las techumbres, regresar a Benicalap no es un ejercicio de nostalgia, sino un acto de masoquismo profesional. Volvemos a las puertas de La Ceramo y nos topamos con una decepción más que se repita año tras año y que se ha convertido ya en una triste costumbre.
Lo que las imágenes actuales revelan no es por un descuido fortuito ni el desgaste lógico de la intemperie. Lo que vemos es la cristalización de una desidia institucional consuetudinaria. La Ceramo, catalogada como Bien de Relevancia Local (BRL), no es sólo un inmueble vacío; es el termómetro de la salud moral de nuestra gestión pública. Y hoy, el termómetro marca una infección grave y preocupante del gobierno municipal de María José Catalá.

El lienzo de la impunidad: De la excelencia al grafiti
Hubo un tiempo en que cruzar la gran puerta neo-mudéjar de esta fábrica era entrar en el santuario de la excelencia. De aquí salieron los reflejos metálicos que hoy son el orgullo de postales turísticas: la Estación del Norte, el Mercado Central, el Mercado de Colón, las cúpulas del Ayuntamiento o el Palacete de Ayora. Fue el sueño industrial de José Ros Surió y Julián Urgell y Pubill, un legado que situó a Valencia en el mapa del modernismo internacional.
Hoy, ese mismo portalón —que debería estar blindado por la ley y el respeto— es el tablero de juegos de vándalos que, bajo los pseudónimos de «SACK», «BOOR», «BANDEU13» o «GABBER HEAD», mancillan la madera y el ladrillo histórico. No nos equivoquemos: esto no es arte urbano. El arte urbano construye ciudad; esto es un acto delictivo puro y duro contra el patrimonio cultural.
El asalto no se detiene en el spray. Las fachadas que recaen a la avenida de Burjassot, y las calles Poeta Serrano Clavero y José Grollo, han mutado en un tablón de anuncios ilegal. Carteles de circos y eventos, con nombres y apellidos perfectamente identificables, se pegan sobre muros centenarios con una desfachatez insultante. ¿Dónde están las sanciones? ¿Dónde está la policía de proximidad? ¿Dónde está el celo municipal por el cumplimiento de las ordenanzas?
La Ley ignorada: El «modo avestruz» municipal
Desde esta redacción se han cubierto infinitas comisiones de cultura. Y no podemos sino sentir cierto hartazgo al recordar lo obvio: el Ayuntamiento de Valencia es el propietario del inmueble. Y como tal, según la Ley de Patrimonio Cultural Valenciano, tiene el deber legal —no opcional, no discrecional— de mantenerlo, custodiarlo y conservarlo. Y no, no está haciendo sus deberes.
Desde la asociación denunciante, Círculo por la Defensa del Patrimonio, llevan años denunciándolo por registro de entrada y acudiendo continuamente ante el Síndic d’Agravis, que ya ha tirado de las orejas al consistorio en múltiples ocasiones. En sus resoluciones, el Síndic ha sido taxativo: se deben adoptar «medidas urgentes de seguridad, salubridad y ornato público», conforme a la LOTUP (Ley de Ordenación del Territorio, Urbanismo y Paisaje). La respuesta del Ayuntamiento, sea cual sea el color del gobierno de turno, siempre sigue el mismo patrón: el «modo avestruz».
Se anuncian presupuestos millonarios a bombo y platillo, se realizan catas arqueológicas para la foto y se prometen rehabilitaciones integrales que se demoran eternamente. Pero la realidad a pie de calle es un insulto a la inteligencia. De nada sirven las infografías en 3D si el consistorio no es capaz de instalar un sistema de videovigilancia básico o de enviar una patrulla de limpieza con supervisión técnica.
https://noticiasciudadanas.com/la-ceramo-benicalap-proyecto-estrellado/
Pepe Gotera y Otilio en el Patrimonio
Lo más sangrante, si cabe, ocurre cuando el Ayuntamiento decide «actuar». Cuando la presión ciudadana se hace insoportable, aparecen brigadas que operan al más puro estilo de Pepe Gotera y Otilio. Parches de pintura que no respetan la cromatografía original, intervenciones que parecen más un «apaño» de urgencia que una restauración científica. Y cuando se pide información sobre quién ha autorizado ese despropósito, la administración se vuelve opaca. Nadie sabe nada, ninguna contrata se identifica, y la responsabilidad se diluye en un laberinto burocrático diseñado para que nadie asuma la culpa.

La impunidad con la que se permite la degradación de La Ceramo es una herida abierta en el barrio de Benicalap. Un barrio que no merece este foco de suciedad y abandono en su corazón. Cada día que pasa con el edificio en este estado, el coste de su recuperación —que pagaremos todos los valencianos— aumenta de forma exponencial. Y lo que es peor, el riesgo de una pérdida irreparable se vuelve una posibilidad real.
Una labor de vigilancia necesaria
Desde esta tribuna, nos sumamos a la exigencia ciudadana: limpieza inmediata bajo supervisión experta, retirada de cartelería con sanción económica a los responsables y, de una vez por todas, el inicio de las obras. Valencia no puede permitirse el lujo de presumir de su pasado mientras deja que sus joyas se conviertan en «ruinas consolidadas» por pura dejadez política.
https://listaroja.hispanianostra.org/ficha/fabrica-de-la-ceramo/
Desde nuestro medio digital seguiremos informando, en libertad. Seguiremos recogiendo cada denuncia sobre cada nueva pintada, cada nuevo desconchado y cada nuevo cartel. Porque si el Ayuntamiento renuncia a su labor de vigilancia, las asociaciones, los ciudadanos y la prensa no lo haremos. La Ceramo es de todos, y no podemos permitir que la entierren bajo una capa de spray y mentiras institucionales.

















