Ximo Micó: El arte como trinchera social en el corazón de Russafa
El panorama artístico de Russafa se define por una identidad donde la estética está intrínsecamente ligada a la ética. Este barrio no es solo un conjunto de calles, sino un organismo vivo donde la creación funciona como un acto de resistencia cultural.
Centros como el Sporting Club de Russafa son pilares de este ecosistema, espacios de «mélange» donde los artistas de Russafa conviven para transformar la realidad a través de la materia. Es un territorio de puertas abiertas y miradas críticas, donde cada taller es una invitación a reflexionar sobre las fronteras, la soledad y las contradicciones que nos envuelven, manteniendo viva la esencia más honesta de la ciudad de Valencia.
Entrevista a los artistas de Russafa
Desde este medio de comunicación hemos realizado una serie de entrevistas a diferentes artistas de Russafa. Y el primer protagonista es Ximo Micó Cuesta, del Sporting Club de Russafa, al que hemos planteado siete preguntas.

La especialidad de Ximo Micó gira entorno a la pintura, volumen, fotografía, poesía y gestión en colectivos artísticos.
- Su obra navega con soltura entre materiales como la madera, el papel, la tela, el metal y la piedra. ¿Es el material el que le impone la forma final o busca usted un concepto previo que «fuerza» a la materia a adaptarse?
En principio es el concepto el que me estimula. Reflexiono sobre la injusticia social. Parto de temas como la soledad, los límites, las distancias las fronteras (físicas y emocionales)… y los materiales que utilizo están al servicio de mis ideas. Los caminos a recorrer en el desarrollo de la obra son muy variados. A veces, accidentes, imprevistos o errores modifican el trayecto. Ello me permite explorar, indagar, experimentar… Las incursiones en la selva de la mente son continuas pero antes o después, vuelvo al origen.
- Como parte fundamental del Sporting Club de Russafa, un espacio emblemático para la cultura de base de los artistas de Russafa, su obra se nutre de la energía colectiva y del intercambio constante de este centro. ¿Cómo influye la convivencia con otros artistas en su investigación plástica individual?
Por supuesto que todos nos nutrimos de las fuentes cercanas. Bebemos y crecemos con lo que respiramos. Los intercambios, conscientes o no, se producen y nos hacen crecer. Y cuando se convive y se comparten espacios, momentos y lugares, siempre se pierde algo de ti pero también se gana. A veces no es fácil. Se requiere un ejercicio de introspección y distancia para no perder de vista tu horizonte. En un lugar como el Sporting donde cohabitan tan diversos estilos y puntos de vista, la magia reside en ello, en su propia melange, en la búsqueda, en el camino.
- Sus piezas presentan a menudo una tensión física notable entre lo rudo y lo pulido. ¿Busca con esta dualidad representar la resistencia de lo orgánico frente a la intervención humana?
Busco emular la realidad a través de mi abstración y esa tensión de la que hablamos entre lo “rudo y lo pulido” produce el contraste para que, a mi entender, se perciba mejor la idea.
- El Sporting Club es un bastión de los artistas de Russafa para la creación pura en un barrio que ha sufrido una transformación radical. ¿De qué manera su trabajo artístico y su vinculación al club ayudan a mantener la identidad original de Russafa?
No sé… Desde mi modesta parcela y teniendo en cuenta mis principios basados en el arte como compromiso social, trato de aportar lo que entiendo que puede sumar. Si esta idea traspasa el umbral del Sporting para sumarse a la identidad del barrio, me quedaré satisfecho por haber podido contribuir. Y agradecido.
- El tratamiento de las texturas en su obra es muy táctil. ¿Considera que su obra está realmente terminada antes de que el espectador tenga la oportunidad de percibir físicamente las rugosidades o suavidades de la pieza?
No. Ni antes ni después. Mis obras no las considero nunca acabadas. Me resulta dificilísimo poner fin al proceso. Entre otras cosas, porque el espectador con su interacción es quien le da siempre la lectura personal, diferente según los ojos y quien provoca , para mí, el necesario diálogo que se produce cada vez que interaccionamos. Es interesantísimo confrontar lo que pretendo y lo que el observador lee. Por otra parte, yo mismo también dejo reposar y dormir obras consideradas acabadas, incluso años atrás y un buen día las hago regresar de la casa de Morfeo.

- En su proceso, ¿existe una banda sonora específica que guíe el ritmo de su trabajo manual o el «filin» surge del silencio del taller?
Mi banda sonora es el silencio en la soledad del taller o de la noche. Es también el monólogo con mis inquietudes después de haber sido espoleado por el ruido y las contradicciones que nos envuelven.
- ¿Qué espera del intercambio directo con el público durante Russafart, siendo su taller uno de los núcleos históricos y con más solera de todo el festival?
Espero y deseo que llegue mi mensaje. Que se dé la interconexión intencionada entre público y obra, que se estimulen conciencias frente a mis propuestas de carácter social escondidas tras la abstracción. Espero del arte “belleza”, con toda la subjetividad de la palabra, pero sobre todo reflexión y compromiso. Espero poder aportar mi pequeño granito de arena en la construcción de un mundo más justo y solidario.
La obra de Ximo Micó nunca está terminada hasta que el espectador interactúa con ella. Para experimentar este diálogo en primera persona con los artistas de Russafa, la mejor opción es unirse a la ruta ‘Camins d’Art Russafí‘ de CaminArt. Camins de Cultura i d’Art (referente en rutas para público local).
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Cita: Sábado 28 de febrero a las 11:00h.
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Destino: Los talleres más auténticos del barrio de Russafa.


















