José Antonio Picazo: La partitura geométrica de la vida industrial en Russafa
En el estudio de José Antonio Picazo, ubicado en la emblemática calle Sevilla, el silencio no es ausencia de sonido, sino presencia de orden. Su pintura geométrica no busca la frialdad de la regla, sino la representación de los ritmos que heredamos de la revolución industrial: esa cadencia repetitiva de trabajo y descanso que define nuestra normalidad. Con una técnica que le obliga a pintar «a ciegas» entre capas y reservas, Picazo construye arquitecturas visuales que desafían la bidimensionalidad del lienzo. En esta entrevista, nos revela cómo el vacío, lo industrial y las nuevas tecnologías como la impresión 3D convergen en su proceso creativo.

Entrevista: La arquitectura del ritmo
1. Su obra parece un diálogo constante con la arquitectura. ¿Cómo traslada la tridimensionalidad de un edificio a la bidimensionalidad del lienzo?
Realmente es lo que hace apasionante de la pintura por encima de muchas técnicas que puedo usar en mis obras. Trato de representar la tridimensionalidad jugando solo con planos, en mis estructuras no hay ángulos que permiten visualizar dos o más caras. Por lo tanto, se juega con otras herramientas de la perspectiva como el degrado, las reducciones de tamaño y las superposiciones.

2. En sus piezas predomina el orden y la estructura. Esto sugiere una búsqueda de equilibrio emocional. ¿Es el arte para usted una herramienta de orden frente al caos exterior?
Bueno realmente lo que defines como caos exterior esta realmente mucho más organizado de lo que parece.
Entiendo mis cuadros como algo similar a los paisajes ingleses que se podían realizar durante el romanticismo, es decir una representación de lo que observas a tu alrededor. En mi caso trato de representar los ritmos de vida que llevamos en nuestra actualidad heredados de la revolución industrial. Es decir que nuestras vidas están muy marcadas por ritmos repetitivos, trabajamos, descansamos, trabajos, descansamos y en algunas ocasiones lo rompemos brevemente con algunas vacaciones.
Esto marca de forma fundamental la percepción que tenemos de nuestra “normalidad”. Al ser algo tan hetero y no visible, la abstracción se convierte en un lenguaje idóneo para esta representación y más si es geométrica, que me permite trasladar estas repeticiones y enmarcarlo en un estilo claramente industrial.
Ahora bien, porque lo hago o que busco con esto, al ser sincero no tengo ni idea, la pintura siempre va por delante y en mi caso suelo entender algunas partes del porque a posteriori. La parte intuitiva es fundamental para dejarse llevar por las representaciones que pretendo realizar. He de confesar que muchas veces hay un mundo entre la idea inicial y lo que se plasma finalmente en el cuadro, es él el que manda.
3. El uso del color en su obra es rotundo pero medido. ¿Cómo decide que una composición ha alcanzado su punto de maduración estética?
Realmente en cada una de las obras me lo juego todo a una carta. Porque empiezo pintado la primera capa como si fuese un fondo y luego reservo para crear la estructura, luego lo tapo todo para crear una segunda capa y así de seguido hasta pintar el fondo, es decir que en ningún momento del proceso veo las diferentes capas juntas lo que obliga a realizar un ejercicio de visualización mental, para tener claro como se conecta todo.
Una vez acabado el proceso de pintura se retiran todas las cintas y el cuadro aparece, lo que realmente deja muy poco margen para poder realizar rectificaciones de formas o cromáticas. Así que el punto de maduración llega prácticamente de forma instantánea, de ahí la obligación de pensarse bien cada paso.

4. Russafa es un barrio de contrastes. ¿Cómo convive la limpieza de sus líneas geométricas con la estética orgánica y a veces desordenada del barrio?
Realmente admiro la abstracción geométrica pura donde predomina la forma en su esencia y el color plano, enmarcado en una espiritualidad muy propia de este género, muy marcada especialmente en los países del este donde sienten una verdadera devoción por esta relación entre lo formal y lo espiritual. Aunque cada vez somos menos en trabajar este genero
En mi caso, si bien los cuadros pueden parecer muy limpio, realmente en cada una de las estructuras hay textura, superposición de colores que me dan juego para conectarlas con el fondo que no suelen ser ni plano ni, ni limpio.
En cambio, las líneas generadas por las estructuras dan este efecto de limpieza y contrastan con la parte orgánica del tratamiento de la pintura.
En cuanto a la relación del barrio con la obra creo que no existe, aunque si me siento muy afortunado de trabajar en la calle Sevilla con tantos artistas y gente buena.
5. ¿Qué papel juega el vacío en sus composiciones?
El vacío tiene diferentes papeles en mi obra. Por un lado, es la que marca la atmosfera del cuadro según se relaciona con las formas. Por otro lado, es la que marca el nivel de densidad del cuadro, cuando quiero generar una sensación de opresión el vacío tiene poco espacio, en cambio cuando quiero generar algo más abierto o que tiende a elevarse el vacío coge le protagonismo. Finalmente dependiendo de cómo lo trabajo va a marcar mucho la profundidad del cuadro.
6. Muchos críticos ven en su obra una abstracción pura. ¿Existe algún referente figurativo oculto en sus series más recientes?
Realmente figurativo entendido como la representación de algo existente no hay nada. Pero como en mi obra entiendo como el punto de partida de los ritmos nuestra sociedad actual la revolución industrial, sí que utilizo muchos códigos que provienen del mundo de la industria y especialmente de su arquitectura.
Cuando voy a realizar una exposición en alguna ciudad, me gusta informarme sobre su pasado industrial, estudiarlo de cerca, visitar fabricas abandonadas, ver como algunos sitios han reconvertido estos lugares que solían ser de alienación, en lugares dedicados a la cultura o a los deportes, hablan mucho de sobre el espíritu del entorno. Son muy inspiradores
7. Si tuviera que definir el «ruido» visual de la ciudad frente al «silencio» de su obra, ¿cómo lo haría?
El ruido de la ciudad es ritmo infinito que se repite constantemente, si vives al lado de un eje principal de una ciudad podrías adivinar la hora que es por el sonido del tráfico. Los semáforos marcan incasablemente el ritmo de las procesiones cotidianas, los transportes públicos son el metrónomo que marcan nuestras entradas y salidas.

En cambio l silencio proviene de esta suerte que tenemos los artistas, de estar horas delante de un cuadro sin ver pasar el tiempo, perdiéndonos en nuestros propios pensamientos y dándole vueltas a cómo podría ir una línea o una pincelada para que este exactamente en su sitio.
8. ¿Cómo ha evolucionado su técnica desde sus primeras exposiciones hasta su producción para la última edición de Russafart?
Si bien en el último Russafart aposte por cuadros de grandes dimensiones, esta vez apostare principalmente por piezas mucho más pequeñas realizadas en impresión 3D.
No se si se podría realmente hablar de una evolución, puesto que existe siempre un vaivén entre la pintura y otras técnicas, Escuchas lo que te pide le cuerpo en el momento. Pero la pintura siempre se queda como la fuente original que inspira otras obras que pueden ser más tecnológicas.
La obra de José Antonio Picazo nos invita a encontrar la belleza en la estructura y el sentido en la repetición. Si quieres descubrir cómo sus «piezas tecnológicas» en 3D conviven con su pintura original, no puedes faltar a la próxima cita cultural del barrio.
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Evento: Ruta ‘Camins d’Art Russafí’
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Cuándo: Sábado 28 de febrero
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Hora: 11:00h
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Reservas: Enlace a CaminArt
















