La Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL) «sense nom» emite un informe donde acepta la recuperación de la grafía bilingüe para la ciudad, pero mantiene una postura inflexible respecto a la normativa ortográfica del valenciano: el acento sobre la «e» debe ser grave, siguiendo los estándares compartidos con el catalán.
El debate sobre el nombre de la tercera ciudad de España ha vuelto a encender las instituciones valencianas. En un reciente pronunciamiento, la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL), ente normativo oficial según el Estatuto de Autonomía, ha dado luz verde a que la capital recupere su denominación bilingüe, permitiendo el uso oficial del topónimo «Valencia» (en castellano). Sin embargo, la institución ha plantado cara a la propuesta del actual consistorio respecto a la grafía en valenciano: la AVL rechaza de plano la tilde aguda en «Valéncia» y ratifica que la única forma correcta en catalán es «València», con tilde grave.
Esta decisión ha generado un terremoto político en el Ayuntamiento, donde el equipo de gobierno busca una «reconciliación fonética» que la máxima autoridad lingüística considera, simplemente, una falta de ortografía.
El origen del conflicto: De la exclusividad al bilingüismo
Para entender cómo hemos llegado hasta aquí, hay que retroceder a la legislatura anterior. Durante el mandato de Compromís y el PSPV, se aprobó que el nombre oficial de la ciudad fuera exclusivamente en valenciano: València. Esta medida buscaba priorizar la lengua propia en la administración, eliminando la forma castellana «Valencia» de la documentación oficial y la señalética.
Con el cambio de gobierno en mayo de 2023, el actual ejecutivo municipal se fijó como prioridad revertir esta situación. Su propuesta no era solo devolver la oficialidad al castellano, sino «valencianizar» la grafía del nombre en valenciano para que coincidiera con la pronunciación mayoritaria de los habitantes de la ciudad, quienes suelen articular la «e» de forma cerrada. Es decir, pasar de la tilde grave (estándar catalán) a la tilde aguda (propia de las Normas del Puig, no oficiales pero defendidas por sectores regionalistas).
El veredicto de la Acadèmia política que habla de Ciencia
La AVL es clara en su informe. Si bien no pone objeciones a que el municipio tenga una denominación doble (Valencia/València), advierte que el nombre en valenciano no es negociable desde un punto de vista técnico.
«La grafía de los topónimos debe responder a los criterios fijados por la normativa lingüística vigente. La forma ‘Valéncia’ con acento agudo contraviene las reglas de acentuación del valenciano y la tradición lexicográfica de esta institución», señala el ente.
Para la Acadèmia, aceptar «Valéncia» supondría romper la unidad de la lengua catalana y crear un precedente peligroso donde las decisiones políticas pasen por encima de los criterios filológicos. La institución insiste en que, aunque muchos valencianos pronuncien la palabra con la «e» cerrada, la tradición literaria y la norma gramatical exigen el acento grave para marcar la apertura etimológica de la vocal, un rasgo que se mantiene en el bloque lingüístico occidental al que aseguran ellos que pertenece el valenciano.
La reacción del Ayuntamiento: «Queremos el nombre de nuestra gente»
Desde el consistorio, la respuesta no se ha hecho esperar. Los defensores de la tilde aguda argumentan que la AVL vive de espaldas a la realidad de la calle. Según fuentes municipales, el objetivo es «respetar la idiosincrasia valenciana» y alejarse de unas normas que consideran impuestas o demasiado cercanas al estándar de Barcelona.
El debate ha trascendido lo lingüístico para convertirse en una batalla de identidad. Mientras que para la AVL la tilde grave es una cuestión de coherencia científica, para los sectores que apoyan el cambio es un símbolo de «secesionismo lingüístico» necesario para diferenciar claramente el valenciano del catalán.
Tabla comparativa de las propuestas
| Concepto | Propuesta Municipal | Dictamen de la AVL | Estado Actual |
| Nombre en Castellano | Valencia (Oficial) | Aceptado | En trámite |
| Nombre en Valenciano | Valéncia (Tilde aguda) | Rechazado | Ilegal según la norma |
| Normativa seguida | Normas del Puig (No oficiales) | Normas de Castellón / AVL | Oficial |
| Pronunciación | Cerrada (tradicional local) | Abierta (normativa) | Variable según hablante |
Implicaciones legales y administrativas
La negativa de la AVL no es un mero consejo; tiene implicaciones legales de gran calado. Para que un cambio de nombre oficial sea ratificado por el Consell (Gobierno Autonómico), es preceptivo un informe favorable de la Acadèmia. Sin este aval, cualquier intento de oficializar la grafía con tilde aguda podría ser recurrido ante los tribunales y anulado, como ya ha sucedido en otros municipios que intentaron desmarcarse de la normativa oficial.
Esto deja al Ayuntamiento en una encrucijada:
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Aceptar el bilingüismo con la norma oficial: Registrar la ciudad como «Valencia / València».
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Entrar en una batalla legal: Intentar imponer «Valéncia» a sabiendas de que carece de base normativa oficial, lo que podría retrasar el proceso durante años.
El fantasma de la «Batalla de Valencia»
Este episodio revive viejos fantasmas de la transición española, conocidos como la «Batalla de Valencia», un periodo de gran tensión social sobre la identidad y la lengua de la Comunidad Valenciana. Mientras que una parte de la sociedad ve en la tilde grave una conexión necesaria con la cultura románica y la unidad lingüística, otros la perciben como una cesión ante el «pancatalanismo».
Los expertos en lingüística, por su parte, lamentan que la ortografía de una ciudad sea utilizada como arma arrojadiza. «Es irónico que nos peleemos por una tilde cuando el uso social del valenciano en la capital está en niveles mínimos históricos», comenta un profesor de la Universidad de Valencia.
Cabe recordar que el cierre del problema lingüístico siempre ha sido en falso, ya que se produjo artificialmente con el pacto entre Zaplana y Jordi Pujol, el denominado pacto del Majestic, en donde el popular Esteban González Pons jugó un papel determinante en la creación de la política y catalanista AVL.
Posteriormente, otro dirigente popular, Francisco Camps blindó en la reforma del Estatuto esa loca y catalanista, -además de carísima para el bolsillo de los valencianos- AVL que ellos mismos habían creado, todo para introducir la cláusula Camps. Altos dirigentes el PSPV así lo reconocieron «negociamos el blindaje de la AVL con Camps a cambio de introducir la cláusula Camps en la reforma del Estatut.
Conclusión: Un consenso a medias
Al final del día, la noticia es agridulce para ambas partes. El Ayuntamiento logra recuperar el nombre en castellano, eliminando la exclusividad que tanto criticaban. Sin embargo, fracasa en su intento de validar una ortografía alternativa que la AVL califica de «error gramatical».
La ciudad de Valencia, por tanto, se encamina hacia un modelo bilingüe donde convivirán la «e» sin tilde del castellano y la «e» con tilde grave del valenciano normativo. El debate sobre si esa «e» se pronuncia más o menos cerrada quedará, de momento, para las conversaciones en la calle y no para los boletines oficiales.
Así en castellano volverá a existir Valencia pero desparecerá en valenciano, ya que será la Valencia de los elementos químicos València… y la AVL no quiere que exista la Valéncia (Del Túria),
¿Quizás una hoja de ruta trazada para marginar a Valencia y convertirla en una provincia de su entelequia enfermiza de países catalanes?. La AVL debe desaparecer ya porque es letal para los valencianos. Ahora PP y Vox ya tiene la excusa perfecta, ¿se atreverán o como siempre hacen prometerán algo que ni siquiera piensan cumplir?. Las elecciones están a la vuelta de la esquina, y el voto valencianista no es poco…
















