VALENCIA |
Valencia ya huele a salitre e incienso. La Semana Santa Marinera, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, ha dado su pistoletazo de salida oficial con un pregón que ha sabido conjugar la profundidad teológica con el amor incondicional a los barrios del Grau, el Canyamelar y el Cabanyal. El encargado de poner voz a este anuncio ha sido Juan Bautista Pons Salvador, una figura cuya trayectoria está indisolublemente ligada al tejido social y religioso del Marítimo.
Un pregonero entre la fe y el asfalto

La elección de Juan B. Pons no ha sido casual. El actual Rector del Seminario Mayor «La Inmaculada» de Valencia es, ante todo, un hombre del barrio. Durante años, su labor como párroco en Nuestra Señora del Rosario y su etapa como Prior de la Junta Mayor (2019-2024) le permitieron conocer cada varal, cada túnica y cada rostro de las hermandades.
En su discurso, Pons Salvador no solo apeló a la liturgia, sino a la identidad compartida de una comunidad que entiende la Pasión de Cristo como un reflejo de su propia historia marinera. Con un lenguaje cercano —marcado por su conocida faceta de «cura runner», un hombre que pisa la calle y comparte el esfuerzo diario de sus vecinos—, el pregonero instó a los cofrades a vivir una Semana Santa de «puertas abiertas», donde la acogida sea el valor fundamental.
«La Semana Santa Marinera no es un museo itinerante, es el testimonio vivo de un pueblo que sabe que, tras la tempestad del Viernes Santo, siempre llega la calma de la Resurrección», afirmó Pons durante su intervención.
El Cabanyal como epicentro de la emoción
El escenario no pudo ser más emblemático: la Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles. A las 20:00 horas del viernes, el templo se encontraba ya abarrotado de representantes de las corporaciones, hermandades y cofradías, así como de autoridades municipales y vecinos que no quisieron perderse el primer gran acto del calendario festivo.
La solemnidad de la palabra se vio enriquecida por la excelencia musical. La agrupación «Plegarias del Alma», compuesta por la soprano Irina Avramenko y el tenor Pascual Andreu, bajo la dirección al piano de Francesc Gamón, envolvió el templo en una atmósfera de recogimiento que emocionó a los presentes. Las notas musicales sirvieron de preludio perfecto para lo que está por venir: el silencio de las procesiones de túnicas negras y el estallido de color del Domingo de Resurrección.
La segunda fiesta de Valencia
Con la lectura de este pregón, Valencia reconoce oficialmente la importancia de su Semana Santa. Si bien las Fallas ocupan el primer puesto en el imaginario colectivo, la Marinera se reivindica como la gran celebración de la primavera valenciana. Es una fiesta que no solo atrae a fieles, sino a miles de turistas que buscan una Semana Santa distinta, donde las imágenes religiosas no descansan en iglesias, sino en las casas particulares de los vecinos, manteniendo viva una tradición única en España.
El acto concluyó con la entrega de recuerdos conmemorativos y el aplauso unánime a un pregonero que ha sabido captar la esencia de una festividad que es, a partes iguales, dolor y gloria, mar y cielo.

















