MADRID – El delicado equilibrio diplomático del Gobierno de Pedro Sánchez se enfrenta a su prueba más difícil. Apenas 48 horas después de que el presidente reafirmara su posición de «No a la guerra» ante la escalada del conflicto con Irán, la actividad en el eje de defensa Rota-Morón contradice el relato de neutralidad activa que Moncloa intenta proyectar. El despliegue de la fragata Cristóbal Colón y el tránsito masivo de aeronaves de transporte militar han encendido las alarmas en el Congreso y tensado las costuras de la coalición de Gobierno.
Un despliegue bajo la lupa
El Ministerio de Defensa ha ordenado la salida inmediata de la fragata Cristóbal Colón (F-105), la joya de la corona de la Armada Española. Aunque el Gobierno insiste en que su misión se circunscribe a la «protección del flanco sur de la Unión Europea» y al apoyo de la defensa antiaérea de Chipre, su integración en el dispositivo naval de la OTAN en el Mediterráneo Oriental la sitúa en la primera línea de contención frente a las capacidades de misiles de largo alcance de Teherán.
Fuentes de la Armada confirman que la F-105 va equipada con el sistema de combate Aegis, capaz de monitorizar y neutralizar amenazas balísticas en un radio de cientos de kilómetros. Sin embargo, la narrativa oficial se esfuerza en separar esta misión de la «Operación Epic Fury», la ofensiva liderada por Estados Unidos, a pesar de que la interoperabilidad entre ambos dispositivos es total.
El puente aéreo en las bases andaluzas
Mientras el discurso político se centra en la paz, el asfalto de las bases de Morón de la Frontera (Sevilla) y Rota (Cádiz) narra una historia distinta. En las últimas 72 horas, se ha registrado el aterrizaje y despegue de más de 20 aviones de gran capacidad, principalmente C-17 Globemaster III y aviones cisterna KC-135 Stratotanker.
Estos movimientos, detectados por sistemas de seguimiento de tráfico aéreo civil, sugieren que España está funcionando como el pulmón logístico de la operación estadounidense. Aunque el Consejo de Ministros denegó formalmente el permiso para que se lanzaran ataques directos desde suelo español, la «escala técnica» y el reabastecimiento de combustible están permitiendo que la maquinaria de guerra del Pentágono mantenga su flujo hacia Oriente Medio sin interrupciones.
Contradicción política y presión internacional
La oposición no ha tardado en reaccionar. Desde el Partido Popular se califica la situación de «hipocresía estratégica». Según fuentes de la formación, el Gobierno está intentando contentar a su electorado con consignas pacifistas mientras, por la puerta de atrás, cumple con las exigencias de Washington para evitar represalias diplomáticas.
Por su parte, los socios de izquierda del Ejecutivo han mostrado su malestar, recordando que el uso de las bases para fines bélicos debería pasar por una votación en el Congreso de los Diputados, según la Ley Orgánica de la Defensa Nacional de 2005. «No se puede decir ‘No a la guerra’ mientras se llenan los depósitos de los aviones que van a ejecutarla«, señalaron portavoces del bloque de investidura.
El factor Washington
La Casa Blanca, que inicialmente mostró su «decepción» por la negativa de Sánchez a participar en la ofensiva directa, parece haber encontrado en la logística española un consuelo operativo. Para los analistas, el permiso de tránsito es la moneda de cambio con la que España intenta salvar su relación bilateral con Estados Unidos sin romper su promesa interna de no participar en bombardeos.
El escenario para las próximas semanas es de incertidumbre. Con la fragata Cristóbal Colón ya en aguas internacionales y el puente aéreo a pleno rendimiento, la retórica del «No a la guerra» se enfrenta a la cruda realidad de los compromisos de defensa colectiva. España, quiera o no, ya forma parte del engranaje de la crisis más grave de la década.
El extraño caso de la Fragata española
La Fragata española acompaña al portaaviones Charles De Gaul francés hacia la zona del mediterráneo más oriental. La explicación oficial es la de dar cobertura europea a un país que ha sido atacado, pero que no lo es.
El ataque con un misil fue a la Base aérea británica en territorio de la Isla de Chipre, pero la base está bajo pabellón americano, así que se considera suelo americano, no chipriota. A diferencia de las Bases de Morón de la Frontera y Rota son de soberanía nacional española y de uso compartido con el ejército de EE.UU. mediante convenio.
La base americana atacada es de soberanía británicca, y recordemos la salida del Reino Unido de la Unión Europea, con lo que al ser territorio extracomunitario europeo no le protege el acuerdo europeo. Así, debería invocar el acuerdo de la OTAN, pero no lo ha hecho el Reino Unido.
Así la explicación de la participación de la fragata española se cae por su propio peso, pero además, debemos recordar que para Sánchez y Sumar son tareas de «defensa» no de «guerra» lo que empeña aún más el asunto y le da un toque de total falta de transparencia al asunto…















