VALENCIA – 24 de marzo de 2026
Redacción Economía
La tensión entre el sector primario y las instituciones europeas ha alcanzado un nuevo punto de ruptura. La Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) ha manifestado hoy su «rechazo frontal» al reciente acuerdo comercial alcanzado entre la Unión Europea y Australia. En un llamamiento directo y urgente, la organización presidida por Cristóbal Aguado ha instado a los eurodiputados a votar en contra de la ratificación de un tratado que, según denuncian, condena la rentabilidad de la ganadería y el cultivo de arroz en favor de intereses industriales ajenos al campo.
El sector primario: la «eterna moneda de cambio»
Para AVA-ASAJA, el cierre de estas negociaciones, que han durado más de ocho años, sigue un patrón histórico perjudicial para los productores europeos. La organización sostiene que Bruselas ha cedido en capítulos agrarios estratégicos para obtener, a cambio, ventajas competitivas en los sectores de la automoción y la industria química.
Sin embargo, el factor determinante en esta ocasión parece ser la energía. En un contexto de transición verde, la UE busca asegurar el acceso a materias primas críticas controladas por Australia, como el litio, el magnesio y el aluminio, fundamentales para la fabricación de baterías y componentes tecnológicos.
«Siempre que hay que sacrificar a alguien en Europa, el elegido es el sector agroalimentario»
Lamentó Aguado, recordando que esta situación ya se vivió con los aranceles a fertilizantes rusos y los acuerdos con Mercosur o Marruecos.
Las cifras de la discordia: carne y arroz en el punto de mira
El núcleo del conflicto reside en la apertura de contingentes arancelarios para productos que compiten directamente con la producción española y valenciana. El acuerdo contempla la entrada de:
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30.600 toneladas de carne de vacuno, de las cuales más de la mitad entrarán libres de aranceles.
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25.000 toneladas de ovino y caprino sin derechos de aduana.
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35.000 toneladas de azúcar con arancel cero.
A esto se suman concesiones en productos lácteos, etanol y, de manera muy preocupante para la Comunitat Valenciana, el arroz. Aunque la Comisión Europea defiende que estas cifras apenas representan el 0,5% del consumo de vacuno en la UE, desde AVA-ASAJA advierten de que el impacto es psicológico y comercial: «La experiencia demuestra que estos contingentes, aunque parezcan pequeños en términos globales, generan tensiones inmediatas que presionan los precios en origen a la baja», señalan desde la asociación.
Desconfianza en las «cláusulas de papel»
Uno de los puntos más críticos de la denuncia es la ineficacia de las cláusulas de salvaguarda. AVA-ASAJA califica estos mecanismos de «herramientas defensivas teóricas» que, en la práctica, son casi imposibles de activar a tiempo. La organización cita los precedentes del arroz de Birmania y Camboya, donde las protecciones llegaron con años de retraso, cuando el tejido productivo local ya estaba gravemente dañado.
Además, critican la falta de reciprocidad. Mientras los agricultores europeos enfrentan normativas ambientales y sanitarias cada vez más estrictas, el acuerdo permite la entrada de productos producidos bajo estándares menos exigentes, lo que supone una competencia desleal flagrante.
Un escenario de incertidumbre total
La ratificación de este acuerdo llega en un momento de extrema fragilidad para el campo. La guerra en Oriente Medio y la inestabilidad en el mercado de insumos han disparado los costes de producción, erosionando la rentabilidad estructural de las explotaciones.
AVA-ASAJA concluye que el «efecto acumulativo» de tantos acuerdos comerciales está asfixiando al productor europeo. La pelota está ahora en el tejado del Parlamento Europeo, donde los representantes españoles deberán decidir si priorizan la soberanía alimentaria o los intereses de la gran industria manufacturera.
















