Alquería de la Torre: El naufragio del patrimonio valenciano bajo la desidia municipal
Entrar hoy en la Alquería de la Torre no es realizar un viaje al pasado rural de Valencia; es asistir a la autopsia de un cadáver que la administración ha dejado pudrirse a plena luz del día desde hace más de una década que paso a ser propiedad del Ayuntamiento de Valencia.
Lo que debería ser un orgullo para el barrio de Benicalap y un hito en la arquitectura tradicional valenciana —protegido bajo la figura de Bien de Relevancia Local (BRL)— se ha convertido en el símbolo de una gestión cultural que confunde la propiedad con el derecho al abandono.
Tras once años en manos del Ayuntamiento de Valencia, el balance es desolador: muros que hablan de historia ahora gritan por las pintadas delictivas, y una herencia pictórica del siglo XVIII, que ha sobrevivido siglos, se desvanece por la negligencia de quienes juraron protegerla y que entre sus obligaciones legales, está la protección, recuperación y puesta en valor de los bienes culturales.

Una crónica de advertencias ignoradas
El reciente episodio de ocupación ilegal del inmueble no es un hecho fortuito, sino la consecuencia inevitable de un vacío de autoridad y mantenimiento. Durante semanas, los vecinos de Benicalap han sido testigos impotentes del trasiego de personas en un edificio que debería estar sellado y en proceso de restauración. El interior, según los últimos informes, está devastado.
No es que el Ayuntamiento no supiera lo que estaba ocurriendo. El rastro documental es implacable. Con fecha de 4 de abril de 2025, el Síndic de Greuges ya emitió una resolución, que siguen otras tantas anteriores acumuladas (Expediente E-00911-2025-000390-00), en la que recomendaba «encarecidamente» al consistorio realizar una inspección técnica urgente para comprobar el estado de las pinturas murales de la cocina y otras estancias.
Casi un año después de aquel aviso, la respuesta administrativa ha sido el silencio y la inacción, permitiendo que el patrimonio se deteriore hasta límites casi irreversibles. Resulta bochornoso que tenga que ser la sociedad civil, a través de colectivos como el Círculo por la Defensa del Patrimonio, la que actúe como última línea de defensa ante la amnesia institucional.
El papel del Círculo: El último muro de contención
Si la Alquería de la Torre todavía se mantiene en pie (aunque sea herida de muerte), es gracias a la labor incansable del Círculo por la Defensa y Difusión del Patrimonio Cultural. El pasado 12 de marzo de 2026, la asociación presentó una nueva solicitud de transparencia exigiendo acceso al acta de inspección (si es que existe) y a las fotografías que documenten el estado de las pinturas murales.
https://noticiasciudadanas.com/pinturas-murales-alqueria-torre-en-peligro/
Es una constante en esta ciudad: la administración sólo parece recordar sus deberes cuando se ve señalada por el dedo de las asociaciones o cuando el escándalo salta a las páginas de los periódicos. La denuncia del Círculo no es solo una petición de papeles; es un acto de justicia para un edificio que ha pasado de ser una joya arquitectónica a una infravivienda ocupada ante la pasividad del Ayuntamiento de Valencia y los servicios municipales que tienen competencias en la materia.
«Es indignante que el ejercicio del derecho de acceso a la información pública sea la única vía para forzar al Ayuntamiento a cumplir con su propia normativa de conservación».
https://conocevalenciapaseando.blogspot.com/2023/05/las-asignaturas-pendientes-del_16.html
La intervención policial: Eficacia ante la parálisis
En este panorama de sombras, cabe destacar la actuación del Grupo de Patrimonio Histórico de la Policía Autonómica de la Generalitat Valenciana. Mientras los despachos municipales siguen perdidos en laberintos burocráticos, los agentes de la Policía Autonómica y de la Policía Local de Valencia han sido los únicos en pisar el terreno para enfrentar la realidad.
Su intervención para desalojar a los ocupantes, retirar los enseres inflamables que convertían la alquería en una pira potencial y ordenar el tapiado inmediato ha sido ejemplar. La Policía Autonómica no sólo ha garantizado la seguridad, sino que ha documentado la «zona de desastre» en la que se ha convertido el interior. Gracias a su rapidez, se ha evitado un mal mayor, como podría haber sido un incendio que borrara definitivamente cualquier rastro de las pinturas originales.

Es paradójico que la fuerza pública deba intervenir para proteger un bien municipal de la propia dejadez de su dueño: el Ayuntamiento.
11 años de sombras y pinturas desaparecidas
La pregunta que todo valenciano debería hacerse es: ¿Qué ha hecho el Ayuntamiento con la Alquería de la Torre desde que la adquirió hace más de una década? La respuesta parece ser «nada» o no lo suficiente para asegurar la conservación del bien.
Muchas de las pinturas murales, que según las recomendaciones del Síndic debían ser el foco de máxima atención, están ahora dañadas o han desaparecido. Un ejemplo es la desaparición del escudo heráldico de los Castellá, que estaba en una de las chimeneas.

Estamos hablando de un arte que refleja la identidad de la huerta valenciana, una decoración que dotaba a este BRL de una singularidad única. Perder estos frescos es perder una página de nuestra historia que no se puede volver a escribir.
La responsabilidad recae directamente sobre los responsables de aquellos servicios que, habiendo intervenido en el expediente, han dilatado en exceso la resolución del problema. No valen las excusas de falta de presupuesto cuando se han tenido 11 años para planificar una mínima intervención de consolidación. La propiedad de un Bien de Relevancia Local conlleva obligaciones legales estrictas que el Ayuntamiento de Valencia se empeña en ignorar sistemáticamente.
Profundizando en la herida: ¿Y ahora qué?
La solicitud de transparencia presentada este marzo de 2026 exige conocer el cronograma previsto para cumplir con las recomendaciones de inspección si estas aún no se han materializado. Es imperativo que el Ayuntamiento facilite el informe de respuesta remitido al Síndic de Greuges y que lo haga con transparencia total.
La rehabilitación de la Alquería de la Torre no puede esperar a las próximas elecciones ni a que otro titular de prensa denuncie un nuevo derrumbe. Se necesita:
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Un proyecto de restauración integral que devuelva al edificio su dignidad.
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Vigilancia constante para evitar nuevas ocupaciones y actos vandálicos.
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Transparencia absoluta en el estado de las pinturas murales que aún se conserven.
Resulta doloroso escribir estas líneas. El patrimonio cultural no es una carga, es una inversión en nuestra memoria colectiva. Ver cómo la Alquería de la Torre se desmorona tras más de una década de titularidad pública es la prueba de que algo falla gravemente en el corazón de nuestra gestión municipal. Tanto con el anterior equipo de gobierno de Joan Ribó, como con el actual de María José Catalá.
Agradecemos a la Policía Autonómica su labor de rescate y al Círculo por la Defensa del Patrimonio su tenacidad. Al Ayuntamiento de Valencia, sólo nos queda pedirle que, por una vez, esté a la altura de la historia que custodia. Porque el tiempo se agota y las pinturas murales, una vez convertidas en polvo, no conocen de plazos administrativos ni de promesas electorales.
















