VALENCIA | La capital del Turia vivió ayer tarde uno de sus momentos más solemnes y esperados con la celebración de la Procesión General de Sant Vicent Ferrer. Tras un fin de semana marcado por la representación de los tradicionales milacres en los altares repartidos por toda la ciudad, miles de valencianos se echaron a la calle para acompañar la imagen del «Pare Vicent» en un recorrido que combinó devoción, historia y fervor popular.
El repique de las campanas de la torre del Miguelete, a las 19:00 horas, anunció la salida de la comitiva desde la Puerta de los Hierros de la Catedral. El desfile, encabezado por las prestigiosas agrupaciones de dolçaina i tabal, abrió paso a una representación que es, en esencia, un compendio de la identidad valenciana.
Un recorrido por el corazón de la historia
La procesión no es solo un acto religioso, sino un itinerario por la biografía del santo dominico. La comitiva avanzó por la calle de la Paz hasta llegar a la Plaza de Tetuán, donde se realizó la primera de las paradas obligatorias ante la Iglesia de Santo Domingo. En este antiguo convento, donde el santo profesó, se vivieron momentos de gran emoción bajo la atenta mirada de las autoridades civiles y militares.
Posteriormente, el desfile se encaminó hacia la calle del Mar para detenerse frente al Pouet de Sant Vicent, su casa natalicia. Allí, el silencio sepulcral solo fue roto por el himno y la tradicional ofrenda, un instante en el que la Honorable Clavariesa de las Fiestas Vicentinas, acompañada por las Falleras Mayores de Valencia, presidió el acto institucional con una solemnidad impecable.
Participación y protocolo
El orden de la procesión fue, como dicta la tradición, un reflejo de la estructura social y festiva de la ciudad:
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Asociaciones Vicentinas: Representantes de los altares del Carmen, el Tossal, el Pilar y Ruzafa, entre otros.
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Colegio Imperial de Niños Huérfanos: Los pequeños, vestidos con sus trajes tradicionales, volvieron a ser el centro de todas las miradas, recordando la labor social que el santo impulsó hace más de seis siglos.
- Lo Rat Penat: Ha estado presente en todos los principales actos vicentinos
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Cabildo Catedralicio y Clero: Escoltando la imagen procesional, una imponente talla que procesiona entre nubes de incienso y pétalos de flor lanzados desde los balcones.
Destacada presencia institucional encabezada por la presidenta nata de la Junta Central Vicentina y concejal de Playas, Parques y Jardines, Infancia y Juventud y Fiestas y Tradciones, junto con el teniente de alcalde José Gosálbez, otros cargos del equipo de gobierno como María José Ferrer San Segundo o Carlos Mundina y la alcaldesa.
Por parte de la Generalitat Valenciana estuvo el Director General de participación Ciudadana, José S. Tárrega y varios diputados provinciales y autonómicos.
«Ver al santo recorrer estas calles nos recuerda quiénes somos y de dónde venimos; es una tradición que pasa de padres a hijos sin perder un ápice de fuerza», comentaba una de las asistentes en la calle de las Avellanas.
El broche de oro en San Esteban
Uno de los puntos culminantes de la tarde tuvo lugar en la Parroquia de San Esteban. En este templo, donde se custodia la pila bautismal de San Vicente, la procesión alcanzó su máxima expresión espiritual. Los fieles se agolparon en la plaza para ver pasar la imagen antes de su regreso definitivo a la Catedral por la Plaza de la Almoina.
La jornada de ayer no solo destacó por la procesión vespertina. Cabe recordar que, durante la mañana, la Ofrena a Sant Vicent y la posterior mascletà en la Plaza de Tetuán ya habían caldeado el ambiente de una ciudad que se vuelca con su patrón.
Con la entrada de la imagen de nuevo en la Seo y el posterior canto de los gozos, Valencia cerró un ciclo festivo que, un año más, ha demostrado su excelente salud. Tras la finalización del acto, muchas asociaciones procedieron a la «bajada del santo» de sus respectivos altares, poniendo fin a una festividad que une fe, cultura y la lengua propia en un homenaje eterno al dominico más universal.






















