Valencia ha vivido una de sus semanas más intensas con la celebración de su patrón, Sant Vicent Ferrer. Entre los catorce altares que se levantan en la ciudad, el Altar del Mocadoret, uno de los más emblemáticos y con mayor solera, encara sus últimos actos oficiales tras días de intensa actividad litúrgica y festiva.
Este domingo se produjo la Misa en Honor a Sant Vicent en la Iglesia de San Martín Obispo y San Antonio Abad, y se produjo la procesión por las calles más centricas del Cap i Casal, por las calles del barrio hasta llegar a la Plaza del Milacre del Mocadoret, en las inmediaciones de la Plaza de la Reina, en un rincón perido lleno de atractivo donde se eleva el altar del Mocadoret.
Como Valencia es tierra de fuertes contrastes, si en Semana Santa vemos al Cristo del Salvador llegar a las orillas del mar, entre bañistas en la arena, aquí vimos la procesión discurrir entre las mesas de los bares, la estrechez de las calles como la de Tapinería elevaba a mágico el contraste, turistas cenando y la procesión discurriendo a menos de un metro de los mismos, «Typical Valencia».
Una vez procesionado con las clavariesas y clavarios, las fallas de la zona acompañaban al Santo que llegó para una vez más elevarse al cielo, ya que una cosa muy tíìca de muchos altares es el mecanismo que eleva unos metros al Santo para situarlo en los cielos, donde se merece, artefactos mecánicos que dan vistosidad y elevan al Santo a los cielos.
Se entonó el Himne de Valéncia antes de elevar entre vítores y pétalos de flores por última vez esteaño en el altar al cielo, en la última noche de los festejos que cada año recuerdan la figura de Sant Vicent Ferrer y lo que representa para los valencianos: cultura, fe, devoción e historia, lo que nos ha hechos er como somos, un pasado glorioso que Sant Vicent Ferrer describe perfectamente.
El Miracle del Mocadoret
El Milacre del Mocadoret (el milagro del pañuelo) es uno de los relatos más queridos de la tradición vicentina, pues muestra la faceta más humana y protectora de Sant Vicent Ferrer hacia su propia familia y su tierra.
Aquí tienes el relato resumido:
El contexto: Una familia en apuros
La historia se sitúa en Valencia, en una época de gran necesidad. La hermana del santo, Constança Ferrer, se encontraba en una situación económica desesperada. Tenía que celebrar el banquete de bodas de una de sus hijas, pero no disponía de alimentos ni de recursos para ofrecer una celebración digna, lo que suponía una gran humillación pública en la época.
La intervención del Santo
Angustiada, Constança acudió a su hermano Vicent en busca de ayuda. El santo, conocido por su austeridad pero también por su profunda compasión, no le entregó dinero ni comida de forma directa. En su lugar, sacó su pañuelo (mocadoret en valenciano) y se lo entregó a su hermana con una instrucción muy precisa:
«Lleva este pañuelo a la plaza y extiéndelo en el suelo. Todo lo que la gente deposite sobre él por caridad, será suficiente para cubrir tus necesidades».
El prodigio
Constança, aunque algo incrédula por la sencillez del gesto, obedeció. Al extender el pañuelo en la calle, ocurrió el milagro: a pesar de ser un trozo de tela pequeño, el pañuelo comenzó a «crecer» o a multiplicarse simbólicamente, pues las limosnas y donaciones de los transeúntes empezaron a llover de forma inexplicable.
En poco tiempo, sobre el pequeño pañuelo se acumuló tal cantidad de viandas, dulces y monedas que no solo hubo suficiente para celebrar una boda fastuosa, sino que sobró para socorrer a otros necesitados de la ciudad.
¿Por qué es importante hoy?
Este milagro es el que da nombre al Altar del Mocadoret, cuya sede se encuentra muy cerca de donde supuestamente ocurrió el evento (cerca de la antigua muralla y la Plaza de la Reina). Simboliza la idea de que, con fe y la mediación del santo, incluso lo más pequeño puede convertirse en abundancia para los que sufren.


































