VALÉNCIA. – El barrio de Russafa ya tiene, de forma definitiva, su declaración de Zona Acústicamente Saturada (ZAS). El Pleno del Ayuntamiento de Valéncia ha dado luz verde este viernes a una medida que, lejos de traer la paz social al barrio, ha nacido rodeada de críticas desde todos los frentes. Con los votos a favor del equipo de gobierno (PP y Vox) y el rechazo frontal de la oposición (Compromís y PSPV), la nueva normativa entrará en vigor de forma inmediata tras su publicación en el BOP, imponiendo severas restricciones a la actividad económica de la zona.
La declaración afecta a un área central conformada por 18 calles, estableciendo además una “zona de respeto” perimetral diseñada para evitar el trasvase de la saturación acústica a vías colindantes. Sin embargo, la resolución no ha logrado convencer a ninguno de los actores implicados en el conflicto.
Un «maquillaje» que no contenta a nadie
Desde el movimiento vecinal, la sensación es de insuficiencia. Josep Martínez Peyró, representante de la Associació de Veïns Russafa Descansa, recordó durante el pleno que los elevados niveles sonoros —derivados tanto de la hostelería como del tráfico— siguen vulnerando el derecho al descanso. Por su parte, la concejala socialista Elisa Valía fue tajante al calificar la medida como «mala» y carente de eficacia. «Tiene mucho maquillaje y poco de eficacia«, denunció Valía, aportando datos de ruido en calles como Centelles o Literato Azorín que superan sistemáticamente los límites aceptables.
En el polo opuesto, pero con el mismo descontento, se sitúa el sector empresarial. Vicente José Pizcueta, de la Asociación de Ocio y Hostelería de los Barrios de Valéncia, tildó la jornada como una «fecha marcada en rojo» para el turismo y la cultura de la ciudad. Según la patronal, la ZAS debería ser una herramienta preventiva contra el ruido y no una «lucha contra la hostelería», advirtiendo del impacto económico que supondrá para las pymes del barrio.
El Gobierno se escuda en los tribunales
Ante el aluvión de críticas, el concejal de Mejora Climática y Acústica, Carlos Mundina, defendió que el actual ejecutivo se ha limitado a cumplir con la legalidad. Mundina aseguró que la aplicación de la ZAS es un «mandato judicial» ineludible y sugirió que el anterior gobierno dejó el proceso guardado en un cajón. Según el edil, el actual equipo tuvo que finalizar los estudios sonométricos y tramitar los informes preceptivos que estaban pendientes desde su llegada al gobierno.
Pese a la justificación oficial de buscar la «conciliación», el concejal Giuseppe Grezzi (Compromís) definió la iniciativa como un ejercicio de «mucho ruido y pocas nueces», criticando la falta de diálogo y participación para codiseñar medidas que realmente atajen el problema de raíz.
Restricciones inmediatas
La nueva ZAS implica la suspensión de nuevas licencias de apertura o ampliación de locales, así como la prohibición de instalar ambientación musical o ampliar terrazas en dominio público. Los horarios también se verán recortados: las terrazas deberán cerrar a las 00:30 (1:30 en festivos) en temporada alta, mientras que en invierno el cierre se adelanta a la medianoche entre semana. Para las discotecas, el límite se fija a las 03:30 o 04:30 según el día de la semana.
Aunque se constituirá una mesa de trabajo permanente con representantes de la administración, vecinos y entidades del sector hostelero de Valéncia, el escepticismo reina en Russafa. La justicia ha forzado la mano del Ayuntamiento, pero la convivencia en uno de los barrios más vibrantes de Valéncia sigue siendo una asignatura pendiente.
















