VALENCIA — MAYO, 2026
El arte, en ocasiones, posee una cualidad casi mística de supervivencia. En el corazón del Grao de Valencia, la Iglesia de Santa María del Mar ha sido testigo de uno de los hitos más significativos de la restauración pictórica contemporánea. Lo que durante más de sesenta años se consideró una pérdida irreparable —un muro ennegrecido y descascarillado por la barbarie de la guerra— ha resultado ser el escondite de una de las obras más bellas de José Vergara Ximeno, el pintor más sobresaliente del siglo XVIII valenciano.
La historia de «La Pasión de Cristo», un fresco de aproximadamente 56 metros cuadrados, es un relato de tragedia y redención técnica. En 1936, en los albores de la Guerra Civil Española, el templo sufrió un brutal incendio que carbonizó sus estancias. Sin embargo, el destino del mural de Vergara fue aún más dantesco: durante los años del conflicto, la capilla que albergaba la obra fue reconvertida en cocina. El fuego diario, los vapores aceitosos de las comidas y la acumulación de hollín crearon una densa capa que sepultó la pintura, aislándola del mundo pero, paradójicamente, protegiendo bajo el desastre los pigmentos originales del maestro neoclásico.
«El aspecto era dantesco. Recuerdo la incertidumbre de enfrentarme a un reto que parecía imposible, pero siempre hay esperanza de salvar el patrimonio», afirma María Gómez.
La Dra. María Gómez, reconocida por sus «milagrosas» intervenciones en la Catedral de Valencia, asumió el reto en el año 2002. No fue un encargo sencillo. La estructura física del mural estaba herida de muerte: los ciclos continuados de calentamiento y enfriamiento producidos por los fogones de la guerra habían provocado que los estratos de la pintura se desprendieran en forma de placas y ampollas de gran tamaño. La pintura literalmente caía al suelo, desintegrándose ante la mirada impotente de los fieles.
La paciencia fue un factor clave. El párroco de la iglesia, Don Salvador, esperó casi tres años a que Gómez pudiera iniciar los trabajos. Su tenacidad nació de una convicción casi espiritual: estaba seguro de que la experta «resucitaría» la obra de Vergara. Bajo la dirección de Gómez, un equipo especializado compuesto por Andrés Ballesteros, Alicia Hernández y Oscar Benavent comenzó una labor quirúrgica que se prolongaría por meses de agotador esfuerzo físico y técnico.
El proceso comenzó con la consolidación crítica: pegar cada estrato y ampolla de pintura nuevamente al muro para evitar la pérdida total de la materia pictórica. Una vez asegurada la base, se procedió a la limpieza química y mecánica. Fue en ese momento cuando ocurrió lo que los testigos definen como «un milagro». Bajo las costras de grasa negra empezaron a emerger los azules profundos, los rojos vibrantes y la luz característica de Vergara Ximeno. El descubrimiento de los colores originales fue, en palabras del equipo, algo indescriptible.
José Vergara, fundador de la Academia de San Carlos, dejó en Santa María del Mar una muestra de su maestría en la composición y el dibujo. La recuperación de este mural no solo devuelve a Valencia una pieza clave de su producción artística, sino que sienta un precedente metodológico. De hecho, la intervención ha sido aclamada en congresos internacionales de restauración como una de las mejores recuperaciones de murales quemados de la historia reciente.
El próximo 6 de mayo de 2026, a las 20:00 horas, la propia María Gómez ofrecerá una conferencia titulada «Del olvido al hallazgo» en la misma iglesia de Santa María del Mar. Será una oportunidad para conocer de primera mano los detalles de este rescate patrimonial que comenzó en el horror de una cocina de guerra y terminó en la luz de un altar recuperado. La alegría de aquel párroco que «saltaba de alegría» al ver los resultados sigue resonando en las bóvedas del templo, recordando que el arte, si hay voluntad, siempre encuentra el camino de vuelta.


















