Por Baltasar Bueno
Catorce de mayo, capilla 2 del Tanatorio Municipal de Valencia, presentes unas 300 personas. Asistimos a una Misa Funeral. La fallecida no es familiar mia, pero si conocida. Una mujer amabilísima, encantadora. Un cáncer galopante se la llevó en pocas semanas. Muy humana, cuidó con esmero y delicadeza de su anciana madre hasta poco antes de enfermar.
Poco antes de la hora señalada, 15,15, de la sacristía sale un clérigo y enciende el cirio pascual, que da la impresión es eléctrico, no de cera. Desaparece y sale de nuevo con alba blanca y estola, sin casulla, la estola en posición sacerdotal. Inicia una celebración rutinaria, anodina, funcionarial. El sólo se lee todo, ritual, oraciones, epístola, evangelio y una homilía que se le entiende poco.
Termina una breve oración de los fieles y se pasa al Padre Nuestro. Entro en alerta. Pienso que el celebrante –pelo blanco y setentañero- debe ser de los sacerdotes mayores que en Misa van de una parte a otra sin conexión, fruto de alguna enfermedad, demencia senil, alzheimer o problema mental, que lo tienen anclado en el tanatorio para que vaya cubriendo funerales de forma rutinaria.
No hay consagración, se pasa a la comunión y despedida y cierre. Me pregunto y alguien también versado pregunta. Lo primero que pienso es en el anciano sacerdote que ya no está para muchos trotes lo tienen allí tapando agujeros. Prestando y sobrando servicios funerarios. Alguien más bondadoso apunta a que ahora ”todo lo hacen muy corto”.
Podría ser que a las Misas funerales ahora se les de el extraño tijeretazo de la consagración para hacer la “Misa” más corta. Imposible. Antes deberían suprimirían las casposas homilías llenas de lugares comunes y cosas ininteligibles. Son momentos los funerarios religiosos en que las propias familias se sienten apoyadas y reconfortadas por la asistencia y la dignidad de la celebración, por lo que son actos que no pesan a las familias.
Lo que hoy se ha producido no es una Misa funeral sino una paraliturgia, una Misa de pega, de cartón piedra, que no una Liturgia de la Eucaristía, un paripé de Misa, que no lo es en todo su valor y realidad, precisamente en momento tan doloroso para familiares y allegados de la persona difunta, que han debido desear una Misa con toda su fe y devoción, no un sucedáneo rápido, una malta en vez de café.
Poco se cuida la pastoral de los funerales en el Tanatorio Municipal de Valencia donde los encargados de tal menester más funcionarios y poco pastores no pueden ser porque no se entrenan, dada la frialdad de sus actuaciones en momentos en que para no pocos es el único contacto que tienen con la religión y la Iglesia.
El arzobispo de Valencia, Enrique Benavent, más preocupado de viajar constantemente a Roma –hace poco días fue a la bendición de una campana de una parroquia de Valencia- para promocionarse ante el Papa y la Curia, debiera poner la debida cura pastoral a esta triste realidad, de la que parece no querer enterarse, más pendiente de su tortícolis romana, bien porque no sabe resolver esta triste situación que a diario afecta a cientos de familias que en tremendo trance chocan con una Iglesia poco humana y acogedora.
Baltasar Bueno
Doctor en teología y periodismo
Experto en fiestas de Valéncia
















