Crónica Valenciana VALENCIA. — Ayer por la tarde se escribió una nueva página de oro en el secular libro de las tradiciones valencianas. En un ambiente donde la devoción religiosa se entrelazó de forma indisluble con el orgullo vecinal y el fervor popular, se celebraron la Misa Mayor y la posterior procesión de las Fiestas de los Niños de la Calle de San Vicente. El momento cumbre de la jornada se alcanzó con la solemne entronización de la imagen de Sant Vicent Ferrer en su histórico casilicio, ubicado en la plaza de la Calle del Abad. La celebración no solo revalidó la inquebrantable vitalidad de este festejo, que hunde sus raíces en el primer tercio del siglo XVII (año 1625), sino que dejó una estampa imborrable para la memoria colectiva de la ciudad al culminar con una atronadora e interminable traca valenciana de casi un kilómetro de longitud.
Los actos oficiales comenzaron con la celebración de la solemne Misa Mayor en la Iglesia de San Agustín, un oficio litúrgico marcado por la sobriedad y la emotividad, donde se dieron cita centenares de feligreses, antiguos residentes del barrio y las autoridades locales de la Clavaría. Durante la homilía, se ensalzó la figura del santo dominico y, de manera muy especial, se recordó el espíritu fundacional de estas fiestas: la protección, cuidado y protagonismo absoluto de la infancia, un legado que los organizadores han logrado preservar de manera intacta a pesar de las incesantes transformaciones urbanas y la progresiva gentrificación que afecta al centro histórico de la capital del Turia.
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El color de la comitiva y las danzas rituales
Al término de la eucaristía, las campanas anunciaron el inicio de la procesión general, un cortejo que desbordó alegría y tipismo por cada uno de sus costados. El desfile estuvo encabezado por los elementos más simbólicos y antiguos del folclore valenciano. El rítmico y ancestral sonido del tabal i dolçaina marcó el compás para la aparición de las danzas tradicionales, ejecutadas con asombrosa precisión por grupos estables que custodian estas artes coreográficas. A su paso, los tradicionales gigantes y cabezudos (gegants i cabuts) hicieron las delicias de los más pequeños y arrancaron las sonrisas de los mayores, abriendo paso a la comitiva oficial con sus característicos bailes e interacciones con el público congregado en las aceras.
El núcleo de la procesión estuvo compuesto por una densa y colorida marea humana conformada por decenas de niños de diferentes edades. Ataviados con minuciosos y riquísimos trajes de la indumentaria tradicional valenciana, los pequeños portaban cirios y ramos, reflejando en sus rostros una mezcla de solemnidad y entusiasmo. Los clavarios infantiles, un niño y una niña que ostentan la máxima representación de la fiesta durante este ejercicio, presidieron el trayecto con una dignidad admirable, arropados en todo momento por los miembros de la Clavaría y por sus familias, quienes año tras año regresan al viejo distrito para cumplir con el rito familiar.
@noticias.ciudadan Festa chiquets del carrer de Sant Vicent de Valéncia #Valéncia
«Esta festividad representa el verdadero cordón umbilical que une la Valencia del presente con sus raíces barrocas más puras. Ver a tantos niños mantener viva la lengua, el teatro y la devoción a Sant Vicent en pleno siglo XXI es el mayor patrimonio que posee esta calle», comentaba emocionado uno de los clavarios veteranos durante el desfile.
Destacando entre todos la presencia de la Fallera Mayor de Valencia y su Corte de Honor, junto a los cuadros de comisiones falleras de la zona.
La entronización en la plaza del Abad
El traslado procesional dibujó su itinerario a lo largo del emblemático eje comercial e histórico de la calle de San Vicente, partiendo desde las inmediaciones de la plaza de San Agustín. A medida que el anda procesional que portaba la venerada imagen de Sant Vicent Ferrer avanzaba, el fervor iba en aumento. Los vítores al paso del santo y los aplausos se sucedieron en un recorrido que se vio arropado por una masiva asistencia de valencianos y visitantes, atraídos por la singularidad de una fiesta que posee un sabor puramente vecinal.
La comitiva prosiguió su marcha pausada hasta adentrarse en la plaza de la Calle del Abad. En este punto neurálgico y cargado de simbolismo para la corporación vicentina se ubicaba el monumental casilicio exterior, bellamente ornamentado para la ocasión. Con sumo cuidado y bajo un respetuoso silencio que sobrecogió a los presentes, la imagen de Sant Vicent Ferrer fue alzada e instalada en el Altar de los Niños, al ritomo lento con las notas el Himno de la Comunitat Valenciana, quedando así oficialmente entronizada. Este acto marca formalmente el inicio del periodo en el que el santo protector vigila y preside las representaciones y festejos callejeros que se sucederán durante las próximas jornadas.
@noticias.ciudadan Pujà de Sant Vicent Festa Chiquets del Carrer de Sant Vicent #Valéncia
Un estruendo kilométrico que estremeció el asfalto
Sin embargo, el protocolo puramente religioso dio paso de inmediato a la máxima expresión del júbilo valenciano: el fuego y la pólvora. Apenas se aseguró la imagen en su altar, se prendió la mecha de una colosal traca valenciana. Con una longitud que rozaba el kilómetro lineal, el tendido pirotécnico recorrió de forma inversa todo el trayecto de la calle San Vicente, uniendo en un vertiginoso cordón de fuego la plaza de San Agustín con la plaza de la Calle del Abad.
El estallido rítmico y ensordecedor de los truenos avanzó a una velocidad vertiginosa sobre el asfalto, levantando una densa y aromática humareda blanca que cubrió por completo las fachadas de los antiguos edificios de la vía. Durante varios minutos, el suelo de Valencia tembló al compás del fuego, provocando el estallido de júbilo y aplausos de los miles de espectadores que abarrotaban los márgenes de la calle. El final de la traca en las inmediaciones del casilicio, puso el broche de oro a una tarde perfecta, revalidando de forma atronadora la vigencia de una de las devociones más entrañables de la capital.
@noticias.ciudadan I per a finalisar la Processó dels Chiquets del Carrer de Sant Vicent. traca correguda des de Sant Agustí fins a l’altar…com a bons valencians la pólvora nos pot. #Valéncia
Con la imagen de Sant Vicent ya presidiendo su altar en la plaza de la Calle del Abad, las fiestas encaran ahora sus días más esperados. Durante las próximas fechas, los niños volverán a subirse a los escenarios instalados en la vía pública para representar los tradicionales miracles (milagros), pequeños milagros atribuidos al santo dominico y escritos en verso en lengua valenciana. Estas piezas teatrales, representadas por actores menores de trece años, suponen el verdadero núcleo cultural de una festividad que, lejos de languidecer por el paso de los siglos, demuestra año tras año poseer una salud de hierro y un relevo generacional plenamente garantizado gracias al esfuerzo desinteresado de la Clavaría de los Niños de la Calle de San Vicente.
La Festa dels chiquets
Las Fiestas de los Niños de la Calle de San Vicente son una de las tradiciones vecinales y religiosas más antiguas, entrañables y singulares de la ciudad de Valencia. Aunque están profundamente vinculadas a la figura de San Vicente Ferrer (patrón principal de la Comunidad Valenciana), estas fiestas tienen una identidad propia muy marcada por su historia y su arraigo en el centro histórico de la ciudad.
📅 Origen e Historia
El origen de esta fiesta se remonta al año 1625 (algunas fuentes apuntan a celebraciones espontáneas incluso anteriores), lo que la convierte en una de las festividades de calle de mayor antigüedad en Europa.
Nació en la antigua calle de San Vicente de Valencia. Cuenta la tradición que los vecinos de esta vía decidieron organizar un festejo dedicado al santo dominico, pero enfocándolo especialmente en los niños del barrio, inspirados por el amor y la atención que el propio San Vicente Ferrer dedicaba a los más desfavorecidos y a la infancia durante sus predicaciones.
Con el paso de los siglos, la organización recayó en la Clavaría de los Niños de la Calle de San Vicente, una institución que se ha encargado de mantener viva la llama de la tradición de generación en generación, superando guerras, crisis y transformaciones urbanísticas.
🎭 Actos Principales de la Festividad
Aunque los días grandes suelen concentrarse en la semana posterior a la festividad oficial de San Vicente Ferrer (que se celebra el segundo lunes de Pascua), el programa de actos es muy completo y destaca por su emotividad:
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El Altar de los Niños: Se monta un altar monumental exterior donde se coloca la imagen del santo. Es el epicentro de los actos religiosos y culturales.
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Representación de los «Milagros» (Miracles): Es, sin duda, el elemento más emblemático. Niños menores de 13 años, vestidos con trajes de época, representan en lengua valenciana los milagros atribuidos a San Vicente Ferrer. Destaca la pureza, el esfuerzo de memorización y la calidad teatral de los pequeños componentes del cuadro artístico.
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El Bautizo de los Niños: Un acto muy tradicional donde se rememora el bautismo, llenando las calles de caramelos, confites y alegría, en un desfile en el que los niños son los absolutos protagonistas.
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Procesiones y Pasacalles: Los clavarios infantiles (un niño y una niña que ejercen de Clavarios Mayores) presiden los desfiles por el centro de Valencia, acompañados por música de tabal i dolçaina y bandas de música, luciendo la indumentaria tradicional valenciana.
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Misa Mayor y Ofrenda: Actos litúrgicos de gran solemnidad donde se pide por la protección de la infancia y se rinde homenaje al santo.
💎 Importancia Cultural y Social
Lo que hace verdaderamente especial a la Fiesta de los Niños de la Calle de San Vicente es su capacidad para sobrevivir a la gentrificación y los cambios del centro histórico. Aunque muchos de los vecinos originales ya no viven estrictamente en esa calle, las familias regresan cada año para que sus hijos participen.
Un semillero de tradiciones: Para muchos niños valencianos, participar en estas fiestas —ya sea como clavarios o actuando en los milacres— es su primer contacto profundo con la cultura, la lengua valenciana y el teatro, sirviendo de cantera cultural para la ciudad.
Además, la fiesta destaca por su carácter solidario, manteniendo el espíritu original de ayudar a los niños necesitados o realizar visitas a centros benéficos durante los días de celebración.

























