MADRID. — La crisis de Ceuta se encamina hacia una escalada sin precedentes recientes mientras la respuesta Institucional del Gobierno de España evidencia una fractura interna y una profunda desconexión con la gravedad de los acontecimientos. Mientras Marruecos retira de forma definitiva su «careta» diplomática y plantea un chantaje directo sobre la soberanía de las plazas españolas en el norte de África, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, continúa en un polémico descanso estival que le mantiene apartado del primer plano operativo ante lo que ya constituye una afrenta directa al Estado.
El desencadenante más reciente de este choque político y diplomático se ha producido tras la exigencia formal formulada desde Rabat para iniciar conversaciones bilaterales sobre la «soberanía» de Ceuta y Melilla, a las que la diplomacia marroquí ha vuelto a calificar, en un tono que busca forzar una normalización conceptual del conflicto, como «territorios marroquíes» que deben retornar bajo su control «por las buenas y mediante el diálogo».
Un Ejecutivo dividido y sin una voz única
Ante un embate de esta magnitud, la respuesta del Consejo de Ministros ha vuelto a dejar al descubierto la falta de alineación y la dispersión estratégica de La Moncloa.
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El tono contundente de Defensa: La ministra de Defensa, Margarita Robles, se ha situado como la voz más tajante de la parte española, al recordar de forma explícita que tanto Ceuta como Melilla se defienden y al advertir que lo acontecido en la frontera no se puede ni se debe volver a tolerar.
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El contrapunto de Interior: En marcado contraste, el titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska, mantenía en las horas previas un discurso centrado en definir a Marruecos como un «socio amigo y fiable», alineamiento que choca frontalmente con la presión migratoria instrumentalizada y los desafíos soberanistas desde el reino alauí.
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Corte diplomático de Exteriores: Ante el avance del pulso diplomático, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, se ha visto obligado a salir al paso para cortar de raíz las aspiraciones marroquíes, remarcando que la españolidad de Ceuta y Melilla es indiscutible y que dicho tema «ni está ni estará jamás sobre la mesa de negociación».
Rabat reacciona con amenazas legales y migratorias
La firmeza exhibida a última hora por el titular de Exteriores ha tenido una contestación inmediata por parte de Rabat. Como respuesta a la negativa española a abordar el estatus de las ciudades autónomas, el gobierno marroquí ha deslizado que sopesa suspender de forma unilateral el acuerdo bilateral de extradición con España, al tiempo que advierte que ajustará los mecanismos fronterizos con los que hasta ahora se argumentaba evitar entradas masivas de migrantes.
El pulso evidencia que Rabat no busca un mero diferendo diplomático de bajo perfil, sino utilizar el control de las fronteras físicas y el marco de cooperación jurídica como elementos de presión directa sobre Madrid. Marruecos se ha quitado la careta y el «socio fiable y amigo» que calificaba Sánchez ya se ha convertido en una amenaza para la integridad territorial de España.
La ausencia de la máxima autoridad en plena tormenta
El trasfondo de esta tormenta política queda marcado por la inacción visible del jefe del Ejecutivo. Con un Gabinete que se contradice entre la diplomacia blanda de Interior y la firmeza parlamentaria de Defensa y Exteriores, la ausencia de Pedro Sánchez en el centro de mando proyecta una imagen de vacío de poder en un momento sensible de la política exterior española.
Mientras el socio del Sur eleva la apuesta estratégica afectando directamente a la integridad territorial del país, la jefatura del Gobierno prosigue en su agenda vacacional, dejando la resolución de la mayor crisis fronteriza de los últimos meses en manos de un equipo ministerial que muestra claras dificultades para coordinar una postura común.
















