VALÉNCIA. – El Museo Fallero de Valéncia ha vuelto a vivir una de sus jornadas más emotivas con el ingreso oficial de las piezas que pasarán a la posteridad. En un acto cargado de solemnidad y orgullo festivo, se ha formalizado la entrega de los ninots indultados de las Fallas 2026, así como del retrato oficial de la Fallera Mayor de Valéncia, Carmen Prades Gil.
A partir de ahora, los visitantes podrán admirar el talento de Zvonimir Ostoic, que ha logrado el indulto infantil para la Falla Espartero, y la maestría de Pedro Santaeulalia, cuyo ninot para la Falla Sueca-Literato Azorín se libró de las llamas por voluntad popular. Estas obras, junto al cuadro de la máxima representante de la fiesta, se integran en una colección que custodia la memoria viva de la declaración de las Fallas como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
Este acto final se produce después de que las piezas hayan permanecido unos días expuestas en el Salón de Cristal Municipal. Sin embargo, esta exhibición previa ha estado rodeada de críticas debido a la absoluta falta de publicidad que se le ha dado este año por parte del consistorio. Además, los ciudadanos se encontraron con el inconveniente de que el espacio permaneció inaccesible, impidiendo que nadie pudiera ver los ninots, durante el día de la celebración del Pleno ordinario, jornada en la que se cierra el Ajuntament por completo a las visitas.
Tras los focos y los aplausos de la comitiva oficial en su llegada definitiva al museo, este acto vuelve a poner de manifiesto una realidad incómoda que el colectivo fallero y los expertos llevan años denunciando: el Museo Fallero está al borde del colapso por falta de espacio.
Un problema histórico: El «secuestro» del 50% del espacio
La llegada de los nuevos ninots agrava un problema crónico de saturación arquitectónica. La esperada ampliación del museo sigue bloqueada debido a que la Junta Central Fallera (JCF) continúa ocupando casi el 50% del espacio del edificio. Lo que debían ser salas de exposición para dar aire a una colección que crece año tras año de forma matemática, siguen albergando oficinas administrativas.
Este conflicto de espacio y competencias ha pasado por diferentes fases políticas, convirtiéndose en una patata caliente que ningún equipo de gobierno parece querer o poder resolver:
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Pere Fuset: Fue el primero en poner el problema valientemente sobre la mesa, planteando la necesidad de trasladar las dependencias de la JCF para liberar el museo.
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Carlos Enrique Galiana: Durante su mandato, el asunto se convirtió directamente en un tema tabú, metiendo el debate en un cajón para evitar tensiones internas con el colectivo fallero.
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Santiago Ballester: El actual concejal de Fallas cumple ya tres años en el cargo con esta asignatura totalmente olvidada en su agenda, manteniendo el statu quo a pesar de las evidentes necesidades de la institución cultural.
La paradoja de los edificios vacíos: La inacción institucional es especialmente flagrante si se tiene en cuenta que Valéncia dispone actualmente de múltiples edificios municipales vacíos o infrautilizados en la ciudad que podrían albergar perfectamente las oficinas de la Junta Central Fallera, permitiendo así que el Museo Fallero respire y se extienda como merece.
Mientras el espacio expositivo se reduce a marchas forzadas, los ninots de 2026 ya se custodian en un espacio que pide a gritos una solución de futuro. La preservación de la memoria fallera no solo requiere salvar piezas del fuego, sino también garantizarles un lugar digno donde ser contempladas.

























