Cada verano ocurre lo mismo. Empiezan a subir las temperaturas, las playas se llenan, las carreteras se colapsan y, casi sin darnos cuenta, también empiezan a subir los precios.
Sin embargo, no todas las subidas tienen el mismo origen. Algunas son consecuencia directa de la temporada estival y del aumento de la demanda. Otras llegan por decisiones políticas, cambios fiscales o el fin de ayudas temporales aprobadas meses atrás.
El resultado para el bolsillo del ciudadano es el mismo: pagar más.
Lo que sube todos los veranos
Hay incrementos que forman parte del paisaje habitual del verano español y que prácticamente podrían marcarse en el calendario.

La luz
Con olas de calor cada vez más frecuentes, millones de hogares encienden el aire acondicionado durante horas. El aumento del consumo eléctrico dispara la demanda y suele traducirse en precios más elevados en el mercado mayorista. Este verano, además, la menor producción eólica y la dependencia de las centrales de gas han contribuido al encarecimiento de la electricidad.
La gasolina y el diésel
Las operaciones salida y retorno significan millones de desplazamientos adicionales. Más coches en carretera se traducen en más demanda de combustible y, habitualmente, en precios más elevados en las estaciones de servicio.
Los hoteles y apartamentos turísticos
Reservar unas vacaciones a última hora puede convertirse en un deporte de riesgo para la cuenta bancaria. La fuerte demanda turística está provocando un nuevo verano récord y los precios del alojamiento continúan aumentando en buena parte de España.
Los vuelos
Viajar en julio o agosto siempre ha sido más caro que hacerlo en febrero. Este año, además, la situación internacional y el encarecimiento del combustible aéreo añaden más presión sobre los precios de los billetes.
Los chiringuitos
La ley no escrita del verano establece que un refresco frente al mar nunca costará lo mismo que en enero en el bar del barrio.
Lo que ha subido por decisiones del Gobierno
Junto a las subidas estacionales, este verano coincide además con la retirada de varias medidas fiscales extraordinarias aprobadas para hacer frente a la crisis energética.
El IVA de la luz vuelve al 21%
La electricidad disfrutaba de un IVA reducido del 10% como medida temporal para aliviar las facturas energéticas. Desde junio, el impuesto ha regresado al tipo general del 21%, lo que supone un incremento automático en el importe final que pagan los consumidores.
El gas también pierde la rebaja fiscal
La misma situación se produce con el gas natural. El IVA reducido desaparece y vuelve igualmente al 21%, elevando las facturas incluso en una época del año en la que el consumo doméstico es mucho menor por la ausencia de calefacción.
Regresan otros impuestos energéticos
También finalizan algunas reducciones temporales aplicadas al impuesto especial sobre la electricidad, que recupera sus niveles habituales tras varios años de rebajas excepcionales.
Los carburantes vuelven a la fiscalidad ordinaria
Las ayudas y reducciones temporales aplicadas a los combustibles durante la crisis derivada del conflicto en Oriente Medio han comenzado a desaparecer, contribuyendo al incremento del precio final en las gasolineras.
Entonces, ¿qué sube por el verano y qué sube por el Gobierno?
La respuesta más sencilla es que este año han coincidido ambas cosas.
Por un lado, el verano empuja hacia arriba los precios de la electricidad, los viajes, los hoteles y el ocio debido al aumento de la demanda.
Por otro, el final de las rebajas fiscales hace que muchos consumidores noten una subida adicional en conceptos como la luz, el gas o los carburantes.
Y así, mientras el termómetro supera los 40 grados en muchas ciudades españolas, también lo hace la sensación de que el verano no solo calienta el ambiente, sino también las facturas.
Porque en España hay algo que parece tan inevitable como las olas de calor de julio: que cada verano suban las temperaturas… y alguna que otra factura más.















