• Un fallo eléctrico deja secuestrados a los pasajeros de la línea C1 de Cercanías en plena ola de calor entre Sollana y Sueca.
• Escenas de pánico, desmayos y un menor con un ataque de ansiedad ante la «inacción y el abandono brutal» de Renfe.
• La oposición y los usuarios estallan contra el ministro de Transportes, más centrado en las redes sociales que en el colapso diario de la red ferroviaria.
VALENCIA. – Lo que iba a ser un trayecto ordinario de apenas 40 minutos entre Valencia y Gandía se convirtió el pasado jueves por la noche en una auténtica trampa humana. Más de cuatro horas atrapados, sin luz, sin aire acondicionado, a las oscuras y rozando los 40 grados de temperatura interior en plena ola de calor estival. Este es el último balance del enésimo caos que azota a las Cercanías (Rodalia) valencianas, un servicio en estado crítico permanente que contrasta con la hiperactividad del ministro de Transportes, Óscar Puente, en la red social X (antes Twitter), donde parece ubicar su verdadera gestión ministerial.
El incidente arrancó alrededor de las 21:45 horas, apenas veinte minutos después de que el convoy de la línea C1 partiera de la estación del Norte de Valencia. Entre las localidades de Sollana y Sueca (Ribera Baixa), la máquina se detuvo en seco. La explicación inicial del maquinista apuntaba a una avería eléctrica menor que se solucionaría «en pocos minutos». Sin embargo, esos minutos se transformaron en una agonía de casi cinco horas.
Escenas de pánico y «abandono brutal»
Al cortarse el suministro eléctrico, los sistemas de refrigeración dejaron de funcionar de inmediato. El pasaje quedó confinado en un habitáculo estanco mientras el calor exterior del verano valenciano convertía los vagones en un auténtico horno. El pánico no tardó en desatarse.
«Nos quedamos dentro sin luz, sin ventilación… Estuvimos a 40 grados durante cerca de 5 horas. Es una cosa vergonzosa», relata Julio, vecino de Simat y uno de los pasajeros que tuvo que ser atendido tras sufrir una severa crisis de ansiedad.
La tensión escaló cuando un menor de edad comenzó a hiperventilar debido al sofoco y a la falta de oxígeno, teniendo que ser socorrido por el resto de los viajeros ante la total ausencia de personal de asistencia médica o de seguridad de Renfe. «Hubo casos que requirieron atención especial, como la de un niño», recuerda con indignación Angi, vecina de Tavernes de la Valldigna, quien califica la experiencia de «abandono brutal». Los usuarios denunciaron que pasaban las horas en medio de la nada sin recibir actualizaciones ni agua.
La desesperación llegó a tal punto que, a mitad del secuestro térmico, varios pasajeros forzaron manualmente las puertas de seguridad del tren para poder respirar algo de aire exterior, asumiendo el riesgo de bajar a las vías a oscuras. No fue hasta pasada la una de la madrugada cuando Renfe envió otro convoy para realizar el transbordo y evacuar a los afectados, que llegaron a sus destinos de madrugada y exhaustos.
| Datos de la incidencia (Línea C1 Valencia-Gandía) | |
| Tiempo de retención: | Cerca de 5 horas (21:45h a 01:30h aprox.) |
| Condiciones ambientales: | Sin luz, sin aire acondicionado, ~40°C de temperatura |
| Afectados médicos: | Múltiples crisis de ansiedad (incluido un menor de edad) |
| Solución: | Transbordo tardío tras evacuación manual por parte de los usuarios |
Un ministro en las nubes de X y las Cercanías por los suelos
Este nuevo escándalo en la red ferroviaria valenciana vuelve a situar en la diana al ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente. Mientras los usuarios del arco mediterráneo sufren a diario retrasos crónicos, cancelaciones injustificadas y convoyes obsoletos que ponen en riesgo la salud pública, la opinión pública lamenta la desconexión del titular de la cartera, cuya prioridad política parece centrarse en el cuerpo a cuerpo digital y el bloqueo de usuarios críticos en sus redes.
Las críticas desde los sectores sociales y políticos de la Comunidad Valenciana se han recrudecido en las últimas horas. Se le afea al ministro que califique de «anécdotas» o «incidencias menores» lo que para miles de trabajadores y familias es un calvario diario que afecta a su salud y a su conciliación laboral. Desde las plataformas de usuarios de Rodalia se exige una comparecencia inmediata y un plan de contingencia real, advirtiendo de que la falta de inversiones y el desprecio centralista hacia las líneas de cercanías están llevando el sistema al colapso absoluto.
La pregunta que se hacen hoy los pasajeros que sobrevivieron al «tren del averno» entre Sollana y Sueca es directa: ¿Cuántos golpes de calor o crisis de ansiedad hacen falta en las vías para que el ministro Puente suelte el teléfono móvil y empiece a gestionar los trenes?
¿Cuánto más va a jugar Óscar Puente, Renfe y ADIF con la vida de los valencianos?
Esto ya es intolerable, afectando a las clases que no se pueden permitir un coche privado, porque los que pueden ya no van en tren, es imposible llegar a tiempo ni saliendo dos horas antes.
A parte de la lotería de subirte al tren en Valencia, la falta de información y nula empatía hace desesperar a millones de valencianos que ya ven al ministro como un demonio con patas que pasa de los valencianos y dedica su tiempo a tuitear y lanzarse contra la oposición. ¿Tendrá Óscar Puente tiempo para trabajar?.
















