Más de 50 días después de que el fuego devorase los bajos del edificio ubicado en los números 23 y 25 de la calle Picayo, en el barrio valenciano de Benicalap, la zona continúa congelada en el tiempo y marcada por las huellas de la emergencia. Aunque los operarios han completado la limpieza y el vaciado integral del interior de los inmuebles, la fachada del edificio luce totalmente calcinada, las persianas permanecen quemadas y rotas, y los locales siguen sin tapiar.
El suceso se desencadenó la tarde del pasado 2 de julio de 2026, alrededor de las 16:00 horas, apenas unas horas después de que la Policía Nacional ejecutara el desalojo judicial de unos bajos que permanecían ocupados ilegalmente desde 2020. La intensa columna de humo negro generada por las llamas obligó al desalojo preventivo de entre 70 y 80 vecinos de las viviendas superiores por motivos de seguridad y evaluación de daños estructurales.
A día de hoy, el entorno mantiene medidas excepcionales de seguridad. La calle Picayo continúa cerrada al tráfico rodado y un vehículo de vigilancia custodia de forma permanente el inmueble. Pese al malestar y la incertidumbre de los residentes por la imagen de abandono, las únicas actuaciones ejecutadas en el lugar se han limitado a la retirada de los enseres carbonizados, sin que por el momento se hayan iniciado obras de consolidación o rehabilitación de la fachada. Una de las viviendas del edificio sigue sin poder ser utilizada, con ventanas carbonizadas.


















