El conjunto conserva puentes, túneles y una espectacular brecha excavada en la montaña que permite descubrir cómo los romanos hicieron avanzar el agua por un terreno abrupto.
Entre Chelva y Calles, el paisaje guarda una obra que sorprende tanto por sus dimensiones como por las dificultades que tuvieron que resolver sus constructores. El acueducto de Peña Cortada constituye uno de los testimonios más destacados de la ingeniería hidráulica romana en la provincia de Valencia.
Sus restos se extienden por los términos de Tuéjar, Chelva, Calles y Domeño. Turismo de Chelva fecha su construcción en el siglo I después de Cristo y sitúa los vestigios conservados a lo largo de unos 28 kilómetros. El conjunto, declarado Bien de Interés Cultural, combina conducciones excavadas en la roca con estructuras levantadas para superar los barrancos.
El puente del barranco de la Cueva del Gato es su imagen más reconocible. Situado en término de Calles, alcanza unos 33 metros de altura y tiene aproximadamente 36 metros de longitud. Sus tres arcos se apoyan sobre pilares escalonados, construidos con grandes bloques de piedra tallada.

La precisión del trabajo permite apreciar la técnica romana del opus quadratum, basada en la colocación de sillares cortados a escuadra. El resultado es una estructura cuya presencia sigue dominando el barranco y que muestra la importancia de adaptar la construcción a las condiciones del terreno.
Pero el recorrido reserva otra sorpresa. La montaña aparece abierta por un profundo corte vertical que da nombre a Peña Cortada. Esta brecha enlaza con galerías talladas en la roca por las que discurría la conducción. Las aberturas que se encuentran en determinados tramos permiten contemplar el exterior desde el interior de la montaña.
El agua se captaba en el río Tuéjar. Sin embargo, la identificación de su destino final continúa planteando interrogantes. Aunque se conoce una parte considerable del trazado, la información turística oficial mantiene abierta la cuestión de hasta dónde llegaba originalmente la infraestructura.
Actualmente, el sendero PR-CV 92 acerca a los visitantes a algunos de los puntos más destacados del conjunto. El itinerario descrito por Turismo de Chelva tiene unos 12 kilómetros, una duración aproximada de cuatro horas y dificultad media. También existen variantes con diferentes puntos de inicio y distancias.
La visita permite entender el acueducto como una sucesión de soluciones: salvar un barranco, atravesar una montaña y mantener el recorrido de la conducción. Cada tramo revela una parte del trabajo que hizo posible transportar agua por la serranía valenciana hace cerca de dos mil años.

















