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Home España e internacional

¿Quién gobierna en Palestina?

prensa por prensa
octubre 6, 2025
en España e internacional
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¿Quién gobierna en Palestina?
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Palestina: un territorio dividido entre dos gobiernos enfrentados

Valencia, 4 de octubre de 2025.
La realidad política de Palestina es una de las más complejas del mundo contemporáneo. A pesar de ser reconocida por más de 130 países y tener estatus de Estado observador en la ONU desde 2012, el territorio palestino no cuenta con un gobierno único ni con soberanía plena. Desde hace casi dos décadas, el poder se encuentra dividido entre dos autoridades con visiones políticas y territorios distintos: la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en Cisjordania y el movimiento islamista Hamas en la Franja de Gaza.

¿Qué es Hamas? El movimiento islamista que gobierna Gaza

Dos gobiernos, dos realidades

Cisjordania: el gobierno de la Autoridad Nacional Palestina

En Cisjordania, la Autoridad Nacional Palestina (ANP) ejerce el poder político y administrativo, con Mahmud Abás (Abu Mazen) como presidente desde 2005. Su formación política, Fatah, mantiene una postura más laica y favorable a la vía diplomática con Israel.
La ANP tiene su sede en Ramala, y aunque es reconocida internacionalmente como el legítimo gobierno del Estado de Palestina, su poder está muy limitado. Israel controla buena parte del territorio, las fronteras, el espacio aéreo y los recursos naturales, lo que deja a la administración palestina sin capacidad plena de autogobierno.


Gaza: el control de Hamas

A unos 70 kilómetros de distancia, en la Franja de Gaza, gobierna Hamas, un movimiento islamista surgido de la resistencia palestina a finales de los años 80. Desde 2007 controla el enclave costero tras un enfrentamiento armado con Fatah, lo que consolidó una división política y territorial que persiste hasta hoy.
Hamas, liderado políticamente por Ismail Haniyeh y con Yahya Sinwar como figura clave en Gaza, ha sido catalogado como organización terrorista por la Unión Europea, Estados Unidos e Israel, aunque cuenta con apoyo popular en amplios sectores palestinos y con respaldo de países como Irán o Qatar.


Una división que impide la unidad nacional

El enfrentamiento entre Fatah y Hamas ha frustrado los intentos de convocar elecciones unificadas y de formar un gobierno conjunto. Desde 2006 no se celebran elecciones legislativas en los territorios palestinos, y los acuerdos de reconciliación promovidos por Egipto o la ONU han tenido escasos resultados.
Mientras tanto, la población palestina vive en dos realidades políticas y sociales diferentes:

  • En Cisjordania, bajo administración civil palestina pero control militar israelí.
  • En Gaza, sometida a bloqueo económico y militar desde hace más de 17 años.

Reconocimiento internacional sin soberanía real

A nivel diplomático, Palestina ha logrado avances notables: más de 130 países reconocen oficialmente su Estado, y mantiene presencia en organismos internacionales como la UNESCO o la Corte Penal Internacional. Sin embargo, carece de control sobre sus fronteras, aeropuertos y costas, lo que impide considerarla un Estado plenamente soberano.


Un futuro incierto

La división interna, la ocupación israelí y la falta de un liderazgo unificado hacen que la causa palestina viva uno de sus momentos más delicados. Mientras la comunidad internacional insiste en la necesidad de una solución de dos Estados, sobre el terreno la fragmentación política, el aislamiento de Gaza y la expansión de asentamientos en Cisjordania hacen cada vez más difícil alcanzar la paz y la estabilidad.

La situación política en Palestina es compleja, ya que no existe un único gobierno con control total sobre todo el territorio palestino. Actualmente hay dos autoridades principales que gobiernan en zonas distintas:


🇵🇸 1. Cisjordania – Autoridad Nacional Palestina (ANP)

  • Gobierno: Autoridad Nacional Palestina
  • Presidente: Mahmud Abás (Abu Mazen)
  • Partido político: Fatah
  • Capital administrativa: Ramala
  • Reconocimiento internacional: La ANP es reconocida por la ONU y la mayoría de países como el gobierno legítimo del Estado de Palestina (aunque con soberanía limitada).
  • Control territorial: Ejerce poder principalmente en las zonas urbanas de Cisjordania, bajo supervisión y con restricciones impuestas por Israel, que mantiene control militar y de fronteras.

🕋 2. Franja de Gaza – Gobierno de Hamas

  • Gobierno: Administración de facto de Hamas
  • Líder político: Ismail Haniyeh (aunque reside fuera de Gaza)
  • Líder interno (militar y político): Yahya Sinwar
  • Ideología: Islamismo político; considerado grupo terrorista por EE. UU., la Unión Europea, Israel y otros países.
  • Control territorial: Desde 2007, Hamas controla totalmente la Franja de Gaza, tras expulsar a Fatah en un conflicto interno.

⚖️ Resumen de la división política

  • Desde 2007, Palestina está dividida políticamente:
    • Cisjordania → Fatah / ANP (reconocido internacionalmente)
    • Gaza → Hamas (control militar y político de facto)
  • Ambos grupos mantienen una rivalidad profunda que ha impedido elecciones unificadas y un gobierno conjunto.

🌍 Contexto internacional

  • La ONU reconoce a Palestina como “Estado observador no miembro” desde 2012.
  • Más de 130 países reconocen oficialmente al Estado de Palestina.
  • Sin embargo, no controla plenamente sus fronteras, espacio aéreo ni recursos, lo que limita su soberanía efectiva.
  • ¿Qué es Hamas? El movimiento islamista que gobierna Gaza
    Valencia, 4 de octubre de 2025.
    Hamas (acrónimo en árabe de Harakat al-Muqawama al-Islamiya, que significa Movimiento de Resistencia Islámica) es una organización política, social y militar palestina fundada en 1987, al inicio de la Primera Intifada —la revuelta popular contra la ocupación israelí en los territorios palestinos. Desde entonces, ha pasado de ser una facción religiosa local a convertirse en uno de los actores más influyentes y controvertidos de Oriente Medio.

    Origen y fundación
    Hamas nació como una rama de los Hermanos Musulmanes en Palestina, con el objetivo de resistir la ocupación israelí y establecer un Estado islámico en toda la tierra histórica de Palestina.
    Su fundador fue el jeque Ahmed Yassin, un clérigo parapléjico que predicaba la resistencia armada combinada con una fuerte labor social en hospitales, escuelas y organizaciones benéficas.
    Durante los años 90, Hamas ganó popularidad entre los palestinos por su trabajo social y su rechazo a los Acuerdos de Oslo (1993), que establecieron un proceso de paz con Israel liderado por la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).

    Ideología y objetivos
    Hamas combina islamismo político con nacionalismo palestino. En su carta fundacional de 1988, rechazaba la existencia del Estado de Israel y llamaba a la “liberación total de Palestina”.
    En 2017, sin embargo, el movimiento adoptó un nuevo documento político que reconoce la posibilidad de un Estado palestino dentro de las fronteras de 1967, aunque sin reconocer formalmente a Israel.
    Sus principales objetivos son:
    Resistir la ocupación israelí.
    Defender los derechos del pueblo palestino.
    Establecer una sociedad basada en los principios del islam.

    La llegada al poder en Gaza
    En 2006, Hamas ganó las elecciones legislativas palestinas, derrotando al partido secular Fatah, que dominaba la Autoridad Nacional Palestina (ANP).
    Un año después, tras un violento enfrentamiento con las fuerzas leales a Fatah, Hamas tomó el control total de la Franja de Gaza en junio de 2007. Desde entonces, gobierna el enclave con una administración propia, paralela a la ANP en Cisjordania.
    Su líder político actual es Ismail Haniyeh, mientras que en Gaza el mando interno lo ejerce Yahya Sinwar.

    Brazo armado: las Brigadas Izz ad-Din al-Qassam
    Hamas cuenta con una rama militar, conocida como las Brigadas Izz ad-Din al-Qassam, responsable de numerosos ataques con cohetes, emboscadas y acciones armadas contra Israel.
    Israel, Estados Unidos y la Unión Europea consideran a Hamas una organización terrorista, debido a sus atentados contra civiles israelíes y sus métodos de combate.

    El bloqueo de Gaza
    Tras la toma de poder de Hamas en 2007, Israel y Egipto impusieron un bloqueo terrestre, aéreo y marítimo sobre Gaza, restringiendo la entrada de bienes y personas.
    El enclave, de apenas 365 km² y más de dos millones de habitantes, vive en una situación humanitaria crítica, con cortes de electricidad, falta de agua potable y alto desempleo.

    Apoyos y alianzas internacionales
    Hamas recibe apoyo financiero, político o logístico de países y entidades como Irán, Qatar y Turquía, además de mantener relaciones indirectas con Hezbolá (Líbano).
    Su posición lo ha colocado en el centro de la geopolítica regional, siendo un elemento clave en los conflictos recurrentes con Israel.

    Hamas hoy: poder y aislamiento
    Pese al aislamiento internacional, Hamas sigue siendo una fuerza dominante en la política palestina, especialmente en Gaza, donde ejerce control sobre la administración, la seguridad y los servicios básicos.
    Su poder, sin embargo, también ha sido cuestionado por sectores de la población que reclaman elecciones y un acuerdo de unidad con Fatah para acabar con la división política que fragmenta a Palestina desde hace casi dos décadas.
  • La postura de Hamas sobre las mujeres y las personas LGTBIQ+
    Valencia, 4 de octubre de 2025.
    Hamas, como movimiento islamista surgido de los Hermanos Musulmanes, mantiene una visión profundamente conservadora y religiosa sobre el papel de las mujeres y la sexualidad. Sus posturas se basan en una interpretación estricta de la sharía (ley islámica), que influye directamente en la vida social, política y familiar dentro de la Franja de Gaza, donde gobierna desde 2007.

    📜 Las mujeres bajo el gobierno de Hamas
    En teoría, Hamas afirma que las mujeres deben tener un papel importante en la sociedad como madres, educadoras y “constructoras de la nación palestina”.
    Sin embargo, su rol público está limitado por normas sociales y religiosas. Aunque algunas mujeres han ocupado cargos en el Parlamento o en organizaciones civiles afines al movimiento, el poder político sigue siendo dominado por hombres.
    Aspectos destacados:
    Se fomenta un modelo familiar tradicional, en el que la mujer está sujeta a la autoridad masculina.
    Se espera que usen el velo islámico (hiyab) y se vistan “de manera modesta”.
    Se han impulsado leyes y costumbres que restringen la mezcla de sexos en playas, escuelas y eventos públicos.
    En Gaza, existen tribunales religiosos que priorizan las normas islámicas sobre los derechos civiles en cuestiones de matrimonio, divorcio o herencia.
    La educación femenina ha mejorado en cobertura, pero las mujeres tienen dificultades para acceder a empleos públicos o de liderazgo fuera de los marcos religiosos o asistenciales.
    Aunque Hamas ha promovido programas sociales para mujeres —por ejemplo, apoyo a viudas de mártires o asistencia a madres con pocos recursos—, su objetivo ha sido más ideológico y paternalista que igualitario.

    🌈 La homosexualidad y el colectivo LGTBIQ+
    Hamas no reconoce ningún derecho a las personas homosexuales, bisexuales o trans.
    La homosexualidad es considerada un pecado y un delito, de acuerdo con su interpretación de la sharía.
    En la práctica, las relaciones entre personas del mismo sexo pueden castigarse con penas de prisión, torturas o incluso la muerte, aunque las ejecuciones no siempre son públicas ni sistemáticas.
    Realidad en Gaza:
    No existen organizaciones LGTBIQ+ legales ni espacios seguros.
    La represión ha llevado a numerosos jóvenes gays o trans a huir a Cisjordania o al extranjero, donde buscan asilo político.
    Los informes de Human Rights Watch y Amnistía Internacional documentan detenciones arbitrarias, amenazas y violencia policial contra personas sospechosas de ser homosexuales.
    Los medios oficiales y líderes religiosos vinculados a Hamas suelen presentar la homosexualidad como una “enfermedad moral” importada de Occidente.

    ⚖️ Visión general
    En resumen, Hamas combina un discurso nacionalista y religioso que promueve la resistencia contra Israel, pero al mismo tiempo imponen un control social muy rígido sobre sus propios ciudadanos.
    Para el movimiento, el islam es la base del orden político y moral, por lo que todo lo que se percibe como “occidental” —desde el feminismo hasta los derechos LGTBIQ+— es considerado una amenaza cultural.
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Des de Dénia per Pedro Fuentes Caballero, Acadèmic de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana corresponent en Dénia. La RACV respon a la nova presidenta de l’AVL i reobri el debat sobre qué model de llengua valenciana volem preservar Les declaracions realisades per Maria Àngels Francés, nova presidenta de l’Acadèmia Valenciana de la Llengua, han tornat a posar damunt de la taula una qüestió que en Valéncia mai ha deixat d’estar completament tancada: qué s’entén per llengua valenciana, quin model llingüístic es vol transmetre i fins a quin punt la denominada «unitat de la llengua» condiciona la seua codificació. La Real Acadèmia de Cultura Valenciana (RACV) ha reaccionat públicament davant de les paraules de Francés, pronunciades durant la seua presa de possessió, en les quals definí el valencià com una llengua «unitària i diversa, pròpia i compartida». La resposta de la RACV és contundent: considera que darrere d’eixa formulació existix una concepció de l’idioma que, baix l’aparència de reconéixer la diversitat valenciana, acaba subordinant-la a un model llingüístic essencialment català. No estem davant d’una discussió sobre una simple paraula. Estem davant de dos maneres profundament diferents d’entendre la codificació, la personalitat i el futur del valencià. Una frase que concentra tot el debat Dir que el valencià és una llengua «unitària i diversa» pot semblar, a primera vista, una fòrmula conciliadora. Permet parlar d’unitat i, al mateix temps, reconéixer particularitats territorials. Pero precisament ahí és a on la RACV situa la seua discrepància. La pregunta és inevitable: ¿unitària respecte a qué? Per a l’AVL, la resposta està determinada pel seu propi marc normatiu i institucional. L’Acadèmia sosté des de fa anys una concepció unitària compartida en el català, encara que reivindique la denominació «valencià» i determinades formes pròpies valencianes. La RACV partix d’un plantejament radicalment diferent. Considera que el valencià deu ser codificat des de la seua pròpia tradició, fonètica, lèxic, morfologia i sintaxis, sense convertir la convergència en el català normatiu en l’eix vertebrador del model. Per això la frase que tanca el comunicat és delliberadament directa: «UNITÀRIA» ¿VOL DIR CATALANA? No és una afirmació neutral ni una conclusió acceptada per tota la filologia. És la síntesis de la postura de la RACV davant del model de l’AVL. I precisament per això mereix ser explicada i debatuda, no reduïda a un intercanvi d’etiquetes. DOS MODELS QUE NO DEUEN CONFONDRE’S Una de les aportacions més importants del comunicat és que la RACV no presenta el conflicte simplement com una elecció entre un valencià «unitari» i un atre «diferenciat». Segons la seua argumentació, plantejar-ho aixina ya condiciona la resposta, perque convertix el català normatiu en el marc de referència i deixa al valencià reduït a una colecció de particularitats internes. La RACV defén una atra perspectiva: existix una tradició valenciana susceptible de ser codificada des de criteris valencians, de la mateixa manera que existix una codificació catalana desenrollada a partir de la seua pròpia tradició normativa. Ahí està el verdader fondo de la controvèrsia. No es discutix únicament si diem este o aquest, si preferim determinades formes verbals o si un diccionari accepta una paraula concreta. Lo que es discutix és quin model ocupa el centre i quin queda relegat a la perifèria. I eixa diferència és fonamental. EL VALENCIÀ NO POT REDUIR-SE A UNA SUMA DE «PARTICULARITATS» Quan una determinada concepció normativa presenta les formes genuïnament valencianes com a «variants», «particularitats» o formes territorials dins d’un conjunt superior, és comprensible que una part del valencianisme cultural es pregunte qué queda, finalment, de l’autonomia del model valencià. Perque una llengua no és únicament el nom que apareix en la portada d’un diccionari. Una llengua és també la manera de pronunciar, les paraules heretades, les construccions populars, les formes verbals, la tradició escrita, la lliteratura i la memòria colectiva dels seus parlants. Si totes eixes característiques són sistemàticament valorades en funció de la seua proximitat o distància respecte d’un atre estàndart, el debat deixa de ser purament ortogràfic. Passa a ser un debat sobre dependència normativa. La RACV denuncia precisament això: que baix l’expressió «llengua unitària» es pretén presentar com a valencià un estàndart que, segons la seua interpretació, respon essencialment a la codificació catalana, encara que incorpore concessions o variants valencianes. LA LLENGUA REAL DEL CARRER TAMBÉ DEU CONTAR Hi ha, ademés, una qüestió que les institucions llingüístiques no deurien ignorar: la distància entre la llengua normativa i la llengua espontànea de molts valencians. Qualsevol persona que recórrega les comarques valencianes trobarà formes, expressions, pronunciacions i construccions que formen part de la transmissió familiar de generacions. No tot lo popular és necessàriament normatiu, evidentment. Una codificació necessita criteris, coherència i estabilitat. Pero tampoc seria raonable construir un estàndart que fera sentir al parlant que la seua manera tradicional d’expressar-se és permanentment secundària, inadequada o necessitada de correcció. Una normativa deu servir a la llengua; la llengua no pot convertir-se simplement en servidora de la normativa. I este és segurament un dels punts a on el debat deixa els despaig acadèmics i entra directament en la societat. ¿Per qué alguns valencians senten que el model que estudiaren en casa i el que troben en determinats àmbits oficials s’allunten? ¿Per qué determinades formes valencianes necessiten permanentment justificar la seua existència? ¿Per qué la convergència en el català estàndart és considerada normalisació, mentres que la recuperació de formes valencianes és presentada en ocasions com a secessionisme? Són preguntes llegítimes. I descalificar-les no les farà desaparéixer. UNA COSA ÉS LA FILOLOGIA I UNA ATRA, LA POLÍTICA LLINGÜÍSTICA També convé introduir una precisió imprescindible si volem que l’artícul tinga rigor. La classificació acadèmica majoritària contemporànea considera el valencià i el català varietats d’un mateix sistema llingüístic. Negar que esta és actualment la posició predominant en la romanística seria presentar de manera incompleta el debat. Pero reconéixer este fet tampoc resol totes les qüestions. La filologia pot estudiar parentesc, evolucions històriques, inteligibilitat, dialectologia i característiques estructurals. Una classificació llingüística no determina per sí mateixa totes les decisions sobre denominació, codificació, identitat cultural o política normativa. I molt manco obliga als valencians a considerar irrellevant el nom històric de la seua llengua. L’Estatut d’Autonomia parla expressament de idioma valencià i establix que «la llengua pròpia de la Comunitat Valenciana és el valencià». Per tant, la denominació valenciana no és un caprig, una invenció contemporànea ni una concessió sentimental: és la denominació oficial de la llengua pròpia dels valencians. A partir d’ahí, una societat democràtica deu poder discutir quin model de valencià considera més adequat sense que cada discrepància acabe convertida en una guerra d’identitats. LA RACV I LES NORMES D’EL PUIG La postura de la RACV tampoc naix ara. La institució representa una tradició normativa pròpia que té en les Normes d’El Puig una de les seues expressions més conegudes. Eixe model ha segut defés durant décades per sectors del valencianisme cultural com una codificació construïda des de la personalitat diferencial valenciana. Podem compartir-la o discutir-la. Podem comparar els seus criteris en els de l’AVL. Podem estudiar quines formes tenen major tradició documental, quines són més habituals entre els parlants o quines faciliten millor l’aprenentage. Lo que no pareix intelectualment raonable és fingir que este debat no existix. Existix. T'història. T'institucions. T'arguments. I té valencians que llegítimament defenen una opció o una atra. Precisament per això, la resposta adequada deuria ser més estudi, més documentació i més debat; no menys. «PRÒPIA I COMPARTIDA»: ¿A ON ESTÀ EL LLÍMIT? L’atra expressió pronunciada per Francés «pròpia i compartida» mereix també una reflexió. Una llengua pot ser compartida sense que això elimine les identitats particulars dels seus parlants. És una realitat perfectament normal en moltes comunitats llingüístiques del món. El problema apareix quan «compartida» acaba interpretant-se com subordinada, o quan la comunitat demogràficament, institucionalment o editorialment més forta acaba determinant quin és l’estàndart central. Per això, més que discutir eternament sobre una paraula, seria convenient formular preguntes concretes: ¿Quantes formes genuïnament valencianes ocupen realment el centre del model? ¿Quantes són tolerades només com a variants? ¿Quin pes té la tradició lliterària valenciana en la construcció de l’estàndart? ¿Quina relació existix entre la llengua ensenyada i la llengua tradicional de les comarques valenciaparlants? Ahí és a on el debat pot resultar productiu. DEFENDRE EL VALENCIÀ NO ÉS ATACAR A NINGÚ La defensa d’un model valencià propi no necessita construir-se contra els catalans ni contra Catalunya. Catalunya té tot el dret a preservar, normativisar i promocionar la seua llengua i la seua cultura d’acort en les seues institucions. Exactament el mateix principi deuria aplicar-se a Valéncia. Defendre la personalitat valenciana no significa odiar la catalana. Defendre les formes valencianes no obliga a negar afinitats llingüístiques. I reconéixer afinitats tampoc deuria significar exigir la renúncia a la personalitat valenciana. Eixa distinció és essencial per a evitar que una discussió cultural acabe convertint-se en una batalla identitària permanent. El valencianisme cultural té més força quan defén lo propi per lo que és, i no simplement per oposició a un atre poble. EL FUTUR DEL VALENCIÀ ES JUGA TAMBÉ EN EL CARRER Mentres acadèmies, universitats i polítics discutixen sobre unitat, codificació i normativa, existix una qüestió encara més urgent: que el valencià continue parlant-se. Una llengua no sobreviu únicament gràcies als diccionaris. Sobreviu quan els pares la transmeten als fills; quan els chiquets la senten en casa; quan els jóvens la gasten en naturalitat; quan està present en el comerç, en la música, en els mijos de comunicació, en les festes, en la cultura popular i en les noves tecnologies. Seria una enorme paradoxa que els valencians dedicàrem totes les energies a discutir sobre quin valencià i acabàrem sense suficients parlants que el mantingueren viu. Per això, la defensa de la llengua pròpia necessita dos coses simultàneament: preservar la seua personalitat i assegurar la seua transmissió social. Una sense l’atra quedaria incompleta. NI SILENCI NI DOGMES: DEBAT El comunicat de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana té valor, sobretot, perque recorda que una part de la societat valenciana no considera resolta la qüestió del model llingüístic. Podrà discutir-se la seua conclusió. Podrà rebatre’s filològicament. Podran defendre’s les tesis de l’AVL o les de la RACV. Això forma part d’una societat plural. Pero si realment volem protegir el patrimoni cultural valencià, ninguna institució deuria tindre por a les preguntes. ¿Quin valencià volem transmetre? ¿Un estàndart progressivament convergent en el català general o un model que situe les formes valencianes en el centre de la codificació? ¿Com conciliem classificació filològica, denominació estatutària, tradició escrita i realitat oral? ¿I cóm conseguim, sobretot, que els valencians continuen parlant la llengua que hem heretat? Eixes són les qüestions de fondo. La RACV ha donat la seua resposta: el valencià és valencià i el català és català. L’AVL partix d’una concepció diferent, basada en l’unitat llingüística i en la diversitat interna. El desacort és evident. I precisament perque és evident, lo democràtic no és amagar-lo, sino discutir-lo en arguments, documentació i respecte. Perque al final, per damunt de sigles, acadèmies i disputes normatives, hi ha una realitat que no deuríem perdre de vista: la llengua valenciana no és propietat exclusiva de cap institució. És patrimoni dels valencians que l’han parlada, escrita i transmesa durant generacions. I si verdaderament nos preocupa el seu futur, la pregunta no pot ser únicament qui té l’última paraula. La pregunta decisiva és molt més important: ¿QUIN VALENCIÀ VOLEM DEIXAR A LES GENERACIONS QUE VINDRAN? «Unitària» ¿vol dir catalana?

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La resposta de la RACV és contundent: considera que darrere d’eixa formulació existix una concepció de l’idioma que, baix l’aparència de reconéixer la diversitat valenciana, acaba subordinant-la a un model llingüístic essencialment català. No estem davant d’una discussió sobre una simple paraula. Estem davant de dos maneres profundament diferents d’entendre la codificació, la personalitat i el futur del valencià. Una frase que concentra tot el debat Dir que el valencià és una llengua «unitària i diversa» pot semblar, a primera vista, una fòrmula conciliadora. Permet parlar d’unitat i, al mateix temps, reconéixer particularitats territorials. Pero precisament ahí és a on la RACV situa la seua discrepància. La pregunta és inevitable: ¿unitària respecte a qué? Per a l’AVL, la resposta està determinada pel seu propi marc normatiu i institucional. L’Acadèmia sosté des de fa anys una concepció unitària compartida en el català, encara que reivindique la denominació «valencià» i determinades formes pròpies valencianes. La RACV partix d’un plantejament radicalment diferent. Considera que el valencià deu ser codificat des de la seua pròpia tradició, fonètica, lèxic, morfologia i sintaxis, sense convertir la convergència en el català normatiu en l’eix vertebrador del model. Per això la frase que tanca el comunicat és delliberadament directa: «UNITÀRIA» ¿VOL DIR CATALANA? No és una afirmació neutral ni una conclusió acceptada per tota la filologia. És la síntesis de la postura de la RACV davant del model de l’AVL. I precisament per això mereix ser explicada i debatuda, no reduïda a un intercanvi d’etiquetes. DOS MODELS QUE NO DEUEN CONFONDRE’S Una de les aportacions més importants del comunicat és que la RACV no presenta el conflicte simplement com una elecció entre un valencià «unitari» i un atre «diferenciat». Segons la seua argumentació, plantejar-ho aixina ya condiciona la resposta, perque convertix el català normatiu en el marc de referència i deixa al valencià reduït a una colecció de particularitats internes. La RACV defén una atra perspectiva: existix una tradició valenciana susceptible de ser codificada des de criteris valencians, de la mateixa manera que existix una codificació catalana desenrollada a partir de la seua pròpia tradició normativa. Ahí està el verdader fondo de la controvèrsia. No es discutix únicament si diem este o aquest, si preferim determinades formes verbals o si un diccionari accepta una paraula concreta. Lo que es discutix és quin model ocupa el centre i quin queda relegat a la perifèria. I eixa diferència és fonamental. EL VALENCIÀ NO POT REDUIR-SE A UNA SUMA DE «PARTICULARITATS» Quan una determinada concepció normativa presenta les formes genuïnament valencianes com a «variants», «particularitats» o formes territorials dins d’un conjunt superior, és comprensible que una part del valencianisme cultural es pregunte qué queda, finalment, de l’autonomia del model valencià. Perque una llengua no és únicament el nom que apareix en la portada d’un diccionari. Una llengua és també la manera de pronunciar, les paraules heretades, les construccions populars, les formes verbals, la tradició escrita, la lliteratura i la memòria colectiva dels seus parlants. Si totes eixes característiques són sistemàticament valorades en funció de la seua proximitat o distància respecte d’un atre estàndart, el debat deixa de ser purament ortogràfic. Passa a ser un debat sobre dependència normativa. La RACV denuncia precisament això: que baix l’expressió «llengua unitària» es pretén presentar com a valencià un estàndart que, segons la seua interpretació, respon essencialment a la codificació catalana, encara que incorpore concessions o variants valencianes. LA LLENGUA REAL DEL CARRER TAMBÉ DEU CONTAR Hi ha, ademés, una qüestió que les institucions llingüístiques no deurien ignorar: la distància entre la llengua normativa i la llengua espontànea de molts valencians. Qualsevol persona que recórrega les comarques valencianes trobarà formes, expressions, pronunciacions i construccions que formen part de la transmissió familiar de generacions. No tot lo popular és necessàriament normatiu, evidentment. Una codificació necessita criteris, coherència i estabilitat. Pero tampoc seria raonable construir un estàndart que fera sentir al parlant que la seua manera tradicional d’expressar-se és permanentment secundària, inadequada o necessitada de correcció. Una normativa deu servir a la llengua; la llengua no pot convertir-se simplement en servidora de la normativa. I este és segurament un dels punts a on el debat deixa els despaig acadèmics i entra directament en la societat. ¿Per qué alguns valencians senten que el model que estudiaren en casa i el que troben en determinats àmbits oficials s’allunten? ¿Per qué determinades formes valencianes necessiten permanentment justificar la seua existència? ¿Per qué la convergència en el català estàndart és considerada normalisació, mentres que la recuperació de formes valencianes és presentada en ocasions com a secessionisme? Són preguntes llegítimes. I descalificar-les no les farà desaparéixer. UNA COSA ÉS LA FILOLOGIA I UNA ATRA, LA POLÍTICA LLINGÜÍSTICA També convé introduir una precisió imprescindible si volem que l’artícul tinga rigor. La classificació acadèmica majoritària contemporànea considera el valencià i el català varietats d’un mateix sistema llingüístic. Negar que esta és actualment la posició predominant en la romanística seria presentar de manera incompleta el debat. Pero reconéixer este fet tampoc resol totes les qüestions. La filologia pot estudiar parentesc, evolucions històriques, inteligibilitat, dialectologia i característiques estructurals. Una classificació llingüística no determina per sí mateixa totes les decisions sobre denominació, codificació, identitat cultural o política normativa. I molt manco obliga als valencians a considerar irrellevant el nom històric de la seua llengua. L’Estatut d’Autonomia parla expressament de idioma valencià i establix que «la llengua pròpia de la Comunitat Valenciana és el valencià». Per tant, la denominació valenciana no és un caprig, una invenció contemporànea ni una concessió sentimental: és la denominació oficial de la llengua pròpia dels valencians. A partir d’ahí, una societat democràtica deu poder discutir quin model de valencià considera més adequat sense que cada discrepància acabe convertida en una guerra d’identitats. LA RACV I LES NORMES D’EL PUIG La postura de la RACV tampoc naix ara. La institució representa una tradició normativa pròpia que té en les Normes d’El Puig una de les seues expressions més conegudes. Eixe model ha segut defés durant décades per sectors del valencianisme cultural com una codificació construïda des de la personalitat diferencial valenciana. Podem compartir-la o discutir-la. Podem comparar els seus criteris en els de l’AVL. Podem estudiar quines formes tenen major tradició documental, quines són més habituals entre els parlants o quines faciliten millor l’aprenentage. Lo que no pareix intelectualment raonable és fingir que este debat no existix. Existix. T'història. T'institucions. T'arguments. I té valencians que llegítimament defenen una opció o una atra. Precisament per això, la resposta adequada deuria ser més estudi, més documentació i més debat; no menys. «PRÒPIA I COMPARTIDA»: ¿A ON ESTÀ EL LLÍMIT? L’atra expressió pronunciada per Francés «pròpia i compartida» mereix també una reflexió. Una llengua pot ser compartida sense que això elimine les identitats particulars dels seus parlants. És una realitat perfectament normal en moltes comunitats llingüístiques del món. El problema apareix quan «compartida» acaba interpretant-se com subordinada, o quan la comunitat demogràficament, institucionalment o editorialment més forta acaba determinant quin és l’estàndart central. Per això, més que discutir eternament sobre una paraula, seria convenient formular preguntes concretes: ¿Quantes formes genuïnament valencianes ocupen realment el centre del model? ¿Quantes són tolerades només com a variants? ¿Quin pes té la tradició lliterària valenciana en la construcció de l’estàndart? ¿Quina relació existix entre la llengua ensenyada i la llengua tradicional de les comarques valenciaparlants? Ahí és a on el debat pot resultar productiu. DEFENDRE EL VALENCIÀ NO ÉS ATACAR A NINGÚ La defensa d’un model valencià propi no necessita construir-se contra els catalans ni contra Catalunya. Catalunya té tot el dret a preservar, normativisar i promocionar la seua llengua i la seua cultura d’acort en les seues institucions. Exactament el mateix principi deuria aplicar-se a Valéncia. Defendre la personalitat valenciana no significa odiar la catalana. Defendre les formes valencianes no obliga a negar afinitats llingüístiques. I reconéixer afinitats tampoc deuria significar exigir la renúncia a la personalitat valenciana. Eixa distinció és essencial per a evitar que una discussió cultural acabe convertint-se en una batalla identitària permanent. El valencianisme cultural té més força quan defén lo propi per lo que és, i no simplement per oposició a un atre poble. EL FUTUR DEL VALENCIÀ ES JUGA TAMBÉ EN EL CARRER Mentres acadèmies, universitats i polítics discutixen sobre unitat, codificació i normativa, existix una qüestió encara més urgent: que el valencià continue parlant-se. Una llengua no sobreviu únicament gràcies als diccionaris. Sobreviu quan els pares la transmeten als fills; quan els chiquets la senten en casa; quan els jóvens la gasten en naturalitat; quan està present en el comerç, en la música, en els mijos de comunicació, en les festes, en la cultura popular i en les noves tecnologies. Seria una enorme paradoxa que els valencians dedicàrem totes les energies a discutir sobre quin valencià i acabàrem sense suficients parlants que el mantingueren viu. Per això, la defensa de la llengua pròpia necessita dos coses simultàneament: preservar la seua personalitat i assegurar la seua transmissió social. Una sense l’atra quedaria incompleta. NI SILENCI NI DOGMES: DEBAT El comunicat de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana té valor, sobretot, perque recorda que una part de la societat valenciana no considera resolta la qüestió del model llingüístic. Podrà discutir-se la seua conclusió. Podrà rebatre’s filològicament. Podran defendre’s les tesis de l’AVL o les de la RACV. Això forma part d’una societat plural. Pero si realment volem protegir el patrimoni cultural valencià, ninguna institució deuria tindre por a les preguntes. ¿Quin valencià volem transmetre? ¿Un estàndart progressivament convergent en el català general o un model que situe les formes valencianes en el centre de la codificació? ¿Com conciliem classificació filològica, denominació estatutària, tradició escrita i realitat oral? ¿I cóm conseguim, sobretot, que els valencians continuen parlant la llengua que hem heretat? Eixes són les qüestions de fondo. La RACV ha donat la seua resposta: el valencià és valencià i el català és català. L’AVL partix d’una concepció diferent, basada en l’unitat llingüística i en la diversitat interna. El desacort és evident. I precisament perque és evident, lo democràtic no és amagar-lo, sino discutir-lo en arguments, documentació i respecte. Perque al final, per damunt de sigles, acadèmies i disputes normatives, hi ha una realitat que no deuríem perdre de vista: la llengua valenciana no és propietat exclusiva de cap institució. És patrimoni dels valencians que l’han parlada, escrita i transmesa durant generacions. I si verdaderament nos preocupa el seu futur, la pregunta no pot ser únicament qui té l’última paraula. La pregunta decisiva és molt més important: ¿QUIN VALENCIÀ VOLEM DEIXAR A LES GENERACIONS QUE VINDRAN? «Unitària» ¿vol dir catalana?

«Unitària» ¿vol dir catalana?

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