El emblemático recinto gastronómico padece una nefasta gestión municipal que encadena sustos eléctricos, filtraciones graves y una concesión caducada e irregular desde 2017, mientras el concejal responsable prioriza los actos festivos frente al deterioro del patrimonio local.
VALÉNCIA. — No se trata de una metáfora trágica ni de una exageración periodística: el Mercado Central de Valéncia ha pasado literalmente del fuego al agua en cuestión de semanas. Una de las mayores joyas arquitectónicas, comerciales y patrimoniales de la ciudad languidece entre el abandono del Ayuntamiento de Valéncia y una desidia institucional que ya resulta insostenible para vendedores, trabajadores y clientes.
Hace apenas un mes, la alarma saltó en las tripas del edificio histórico. Un pavoroso incendio en el cuarto de contadores y transformadores eléctricos ubicado en el sótano obligó a desalojar de urgencia todo el recinto. Un episodio traumático que sigue trayendo cola por las secuelas en las instalaciones y que puso al descubierto la falta de mantenimiento básico en la red eléctrica. Lejos de actuar con celeridad para corregir la vulnerabilidad del inmueble, el consistorio ha permitido que el mal tiempo ponga en evidencia el siguiente punto débil: las precipitaciones. Con la llegada de las primeras lluvias, el interior del recinto se ha transformado en un recinto con múltiples charcos.
Una «pista de patinaje» sobre cerámica y la negación de la evidencia
Las imágenes vividas durante las últimas jornadas dentro del recinto recuerdan más a una pista de patinaje que a un mercado municipal de abastos de primer nivel. El icónico suelo de cerámica se convierte, tras cada tromba de agua, en un pavimento resbaladizo donde las caídas y resbalones de compradores y trabajadores se suceden a diario sin que nadie asuma responsabilidades.
La hipocresía institucional ha alcanzado niveles insólitos en la sede judicial. Ante la denuncia formal de un concesionario cuyas instalaciones y mercancías sufrieron graves daños materiales debido a las filtraciones constantes sobre el techo de su parada, los servicios jurídicos del Ayuntamiento —propietario indiscutible del edificio— llegaron al extremo de negar la existencia misma de las goteras.
Sin embargo, la realidad aplasta la ficción jurídica del consistorio. La propia hemeroteca municipal desmiente sus alegatos: en septiembre del año pasado, tras el desprendimiento de una piedra de mortero y varias vigas de madera embellecedoras en esa misma zona, el propio Ayuntamiento admitió en una nota de prensa oficial que la caída de los elementos estructurales se debió, precisamente, a las continuas filtraciones de agua y goteras. Aunque recientemente se ha licitado una actuación para la reparación de cubiertas, la burocracia sigue paralizada y nadie en la delegación de Mercados sabe dar una fecha concreta para el inicio de las obras.
CALENDARIO ANUAL DEL MERCADO CENTRAL (EL BUCLE DE LA DESIDIA)
[ Invierno ] ──> Frío intenso y humedad penetrante en la estructura.
[ Primavera ] ──> Lluvias, goteras e inundaciones: riadas de agua.
[ Verano ] ──> Calor asfixiante y centenares de lipotimias registradas.
[ Otoño ] ──> Nuevas precipitaciones, caídas y resbalones en el suelo.
Cuatro años de gestión nefasta y un concejal «fotogénico» pero ausente
Tanto el área municipal de Mercados como la asociación que ostenta la gestión operativa y el mantenimiento del inmueble acumulan cuatro años perdidos negando la evidencia y abandonando el edificio a su suerte. Las consecuencias de esta inacción la pagan hoy los ciudadanos.
El actual concejal de Mercados, Santiago Ballester, ha conseguido superar la deficiente gestión de su homólogo en la legislatura anterior, Carlos Enrique Galiana, con quien paradójicamente mantiene ahora una estrecha amistad. Ballester ha perpetuado y profundizado el estado de abandono del mercado. Quizá el problema estiba en que acumula demasiadas funciones: al ostentar de forma simultánea las carteras de Mercados, Comercio, Pirotecnia, Batalla de Flores, la responsabilidad sobre MercaValéncia, la presidencia de la Junta de Distrito de Ciutat Vella y la presidencia de la Junta Central Fallera, da la impresión de que no le queda tiempo para gestionar.
El concejal parece disponer de agenda para lucir el palmito, posar en fotografías oficiales, acudir a reuniones estériles o irse de crucero con las candidatas a la Corte de Honor, pero carece de minutos para solucionar los problemas acuciantes de la joya patrimonial valenciana. Entre tanto, la gestión del Mercado Central caducó el 31 de julio de 2017 y continúa prorrogándose en un régimen precario e irregular tolerado por el Ayuntamiento.
La vía judicial como único recurso para el comercio local
La incomunicación con el sector es absoluta. Varias asociaciones del mercado y de trabajadores —como La Cotorra— y colectivos de vendedores como la Asociación de Mercados Municipales de la Comunitat Valenciana llevan casi cuatro años exigiendo infructuosamente reuniones y su participación en los foros de comercio municipal.
El concejal ausente rehúsa atenderles y les aboca sistemáticamente a la vía judicial para resolver cualquier conflicto. En lugar de dialogar con el tejido comercial, el equipo de gobierno se limita a reunirse en exclusiva con la asociación que gestiona el recinto en precario, la cual acumula decenas de irregularidades consentidas tanto por el edil como por la alcaldía.
Al reunirse únicamente con una parte del problema, el gobierno local no arregla la situación: tan solo la acrecienta, condenando al Mercado Central de Valéncia al más absoluto e imperdonable deterioro

















