VALENCIA. — En un ambiente de profunda solemnidad, fervor y memoria histórica, la Antigua y Real Archicofradía de la Mare de Déu dels Desamparats celebró este fin de semana su tradicional Fiesta Mayor. El acto central, marcado por la emotiva imposición de medallas a los nuevos cofrades, sirvió no solo para renovar los votos de devoción mariana, sino también para reafirmar un compromiso social y caritativo que se mantiene inalterable desde hace más de seis siglos.
La Basílica de la Virgen se quedó pequeña para albergar a los cientos de fieles, autoridades civiles y eclesiásticas que quisieron acompañar a la institución civil y religiosa más antigua de la ciudad en su día grande. La eucaristía, presidida por el arzobispo, estuvo impregnada de una atmósfera de recogimiento, realzada por los cantos litúrgicos y el aroma a incienso que envolvía la nave central.
El rito de la continuidad: Nuevas medallas para una nueva era
El momento cumbre de la celebración llegó tras la homilía, con el rito de la imposición de medallas. Uno a uno, los nuevos cofrades —hombres, mujeres y niños de distintas generaciones— se acercaron al altar con una mezcla de nerviosismo y orgullo. Al recibir la medalla acuñada con la imagen de la Geperudeta, los nuevos miembros asumieron formalmente el testigo de una tradición que ha definido la identidad valenciana durante centurias.
«Llevar esta medalla no es un honor estático, es un compromiso activo con el legado de nuestros antepasados y con el sufrimiento de nuestros contemporáneos», señalaba uno de los nuevos miembros a la salida del templo.
La Archicofradía, que cuenta con miles de integrantes, demuestra con estas nuevas incorporaciones que su mensaje sigue plenamente vigente y es capaz de conectar con la juventud del siglo XXI, asegurando así el relevo generacional de la institución.
Más de seis siglos de amparo y caridad ininterrumpida
Para comprender la magnitud del acto celebrado, es necesario echar la vista atrás. Los orígenes de la Archicofradía se remontan a principios del siglo XV, naciendo con una misión pionera y revolucionaria para la época: dar sepultura a los ajusticiados, asistir a los enfermos mentales y ofrecer amparo a los desamparados y desvalidos que vagaban por las calles de la Valencia medieval.
A lo largo de más de 600 años, esta misión no ha hecho más que crecer y adaptarse a los nuevos tiempos. Bajo el manto de la Mare de Déu dels Desamparats, la Archicofradía continúa siendo el motor de innumerables proyectos sociales, gestionando residencias, ayudas a familias en riesgo de exclusión y programas de reinserción social.
Un compromiso que mira al futuro
Al término de la misa, la tradicional procesión claustral con la imagen de la patrona puso el broche de oro a una jornada histórica. La Fiesta de la Antigua y Real Archicofradía ha vuelto a demostrar que, más allá del indudable valor patrimonial y cultural de sus ritos, el verdadero corazón de la institución late en su labor social. En un mundo cambiante, los nuevos cofrades abandonaron la Basílica con una medalla en el pecho y una certeza en el alma: la misión de proteger a los más necesitados sigue siendo tan urgente hoy como lo fue hace seiscientos años.

















