Por María José Alonso de Arriba
Soy hija de Guardia Civil, esposa de Policía Nacional y sobrina de militar.
Y hoy no escribo como presidenta de una asociación, ni como representante de nadie. Escribo como mujer, como ciudadana española y, sobre todo, como familiar de personas que han dedicado buena parte de su vida a proteger a los demás.
Y estoy indignada.
Porque lo que estamos viendo estos días en Ceuta me parece sencillamente inaceptable.
Nuestros policías, guardias civiles y militares están allí cumpliendo con su deber. Están lejos de sus casas, de sus familias y de sus vidas normales. Trabajan en una situación extraordinaria y sometidos a una presión extraordinaria.
Y la pregunta que me hago es muy sencilla:
¿Así cuidamos a quienes nos protegen?
77,13 euros para dormir y comer
Hay un dato que debería hacernos reflexionar.
La normativa estatal establece para el personal del Grupo 3 una dieta completa de 77,13 euros diarios, de los cuales 48,92 euros corresponden al alojamiento y 28,21 euros a manutención.
Y esas cantidades tienen efectos económicos desde diciembre de 2005.
Sí. Han pasado más de veinte años. Mientras tanto, el coste de la vida ha cambiado.
Y Ceuta está viviendo ahora una situación extraordinaria que ha tensionado todavía más la disponibilidad de alojamiento.
Estos días hemos conocido que policías desplazados han tenido enormes dificultades para encontrar dónde alojarse y que algunos han tenido que recurrir a instalaciones militares para poder disponer de un techo.
Y aquí es donde yo me pregunto:
¿De verdad creemos que 48,92 euros son suficientes para encontrar alojamiento en una ciudad que está atravesando una situación excepcional?
No estoy hablando de hoteles de lujo. No estoy hablando de privilegios.
Estoy hablando de poder dormir dignamente después de una jornada de trabajo.
Y los otros 28,21 euros deberían cubrir la manutención. Comer.
Eso que todos necesitamos para poder seguir trabajando.
Detrás de cada uniforme hay una persona
A veces hablamos de policías, guardias civiles o militares como si habláramos solamente de uniformes. Pero detrás de cada uniforme hay una persona.
Hay un padre. Una madre. Un marido. Una esposa. Un hijo. Una familia que espera que esa persona vuelva a casa.
Y cuando enviamos a alguien a cientos de kilómetros para cumplir una misión extraordinaria, lo mínimo que deberíamos garantizarle es que pueda hacerlo con unas condiciones dignas.
No podemos exigirles que estén al pie del cañón mientras nosotros discutimos si existe presupuesto suficiente para proporcionarles una cama, una comida adecuada o unas condiciones mínimas de descanso.
La seguridad también se cuida cuidando a quienes la hacen posible
Y Ceuta tampoco puede sentirse abandonada
Pero esto no es solamente una cuestión de los cuerpos policiales y militares.
Es también una cuestión de Ceuta. Ceuta es España. Y los ceutíes son ciudadanos españoles.
Ciudadanos que tienen derecho a sentirse protegidos, respaldados y acompañados por el resto del país cuando atraviesan una situación extraordinaria.
No podemos acostumbrarnos a que las ciudades fronterizas sean recordadas solamente cuando aparece una crisis. No podemos mirar hacia otro lado. No podemos dejar que quienes viven allí sientan que están solos. Y tampoco podemos permitir que quienes están allí para protegerlos sientan que han sido enviados a cumplir su misión y después olvidados.
No pido privilegios. Pido dignidad.
Quiero dejar algo muy claro. Esto no va de partidos políticos. No debería ir de izquierdas ni de derechas. No debería ir de ideologías.
Va de personas.
Va de servidores públicos. Va de reconocer el trabajo de quienes están allí cuando la mayoría de nosotros estamos en nuestras casas.
Y sí, también va de exigir responsabilidades a quien corresponda.
Porque si somos capaces de movilizar recursos cuando la situación lo requiere, también debemos ser capaces de garantizar unas condiciones dignas a quienes están trabajando sobre el terreno.
No basta con decirles «gracias». Hay que demostrarlo.
Por eso estoy harta.
Harta de que la seguridad se dé por hecha.
Harta de que quienes la garantizan sean los últimos de los que nos acordamos.
Harta de que normalicemos que unas dietas establecidas hace más de veinte años sigan siendo la referencia cuando la realidad económica ha cambiado completamente.
Y harta, sobre todo, de que tengamos que enterarnos por los medios de que nuestros policías necesitan la ayuda de nuestros militares para encontrar un lugar donde dormir.
Porque si el Ejército abre sus puertas para acoger a policías que no encuentran alojamiento, algo está fallando.
Y ese algo merece una respuesta.
El 2 de septiembre estaremos allí
Por eso quiero hacer un llamamiento.
El próximo 2 de septiembre, a las 20:00 horas, frente al Ayuntamiento de Valencia, queremos estar junto a Ceuta. Junto a los ceutíes. Junto a nuestros policías. Junto a nuestros guardias civiles. Junto a nuestros militares. No para enfrentarnos a nadie.
No para dividir. Sino para decir algo que debería ser incuestionable:
NO ESTÁIS SOLOS.
Porque ellos están allí por nosotros. Y ha llegado el momento de que nosotros estemos por ellos.
CEUTA ES ESPAÑA. CEUTA NO ESTÁ SOLA. Y QUIENES LA PROTEGEN, TAMPOCO.
Si una sociedad exige sacrificio a quienes la protegen, esa misma sociedad tiene la obligación moral de garantizarles dignidad.


















