Alrededor de mil quinientas personas en total secundan unas movilizaciones divididas, marcadas por la amalgama de reivindicaciones heterogéneas, un férreo blindaje policial y momentos de tensión junto a la Plaza de Toros de Valéncia.
VALÉNCIA. La jornada reivindicativa de la tarde del 9 d’Octubre ha puesto de manifiesto la clara fractura que atraviesa en la actualidad al sector catalanista y de la izquierda soberanista en Valéncia. Lo que históricamente constituía un único bloque en la manifestación vespertina del Día de la Comunidad Valenciana se dividió este año en dos marchas independientes, situadas a escasa distancia física pero a un abismo en lo político y organizativo. Con un recorrido compartido en casi un 80% de su trazado, ambas comitivas partieron de forma consecutiva desde la céntrica Plaza de San Agustín para avanzar por las calles Xàtiva y Colón, diversificando únicamente su tramo final: mientras la primera comitiva enfiló desde la Porta de la Mar hacia la Plaza del Parterre, la segunda desvió su paso hacia la Plaza de América.
La fragmentación organizativa coincidió, además, con un notable declive en la respuesta ciudadana. La asistencia global entre ambos bloques apenas sumó alrededor de 1.500 manifestantes, dibujando un panorama lejano a las masivas convocatorias de décadas pasadas y proyectando una imagen de debilidad organizativa e ideológica.
Totum revolutum encabezado por la izquierda institucional
La primera de las marchas, compuesta por unas mil personas, arrancó articulada como un auténtico totum revolutum de pancartas y colectivos. Bajo el lema general de la defensa del «país», la comitiva aglutinó a entidades históricas de la órbita nacionalista como Acció Cultural del país valencià (ACPV) y la plataforma pel Dret a Decidir, junto a las principales centrales sindicales de la región —UGT, CCOO y STEPV— e incluso organizaciones políticas como Recortes Cero.
El heterogéneo mosaico de demandas derivó en una dispersión del mensaje central de la jornada. Mientras la Plataforma per la Llengua centraba sus proclamas en cuestiones de inmersión y uso del valenciano, grupos de trabajadores interinos reclamaban la consolidación de plazas en la administración pública, y otros colectivos sumaban consignas en materia de sanidad, educación o el acceso a la vivienda. En este primer bloque se integraron representantes institucionales y dirigentes políticos de formaciones como Compromís y Esquerra Republicana del país valencià (ERPV).
Simbólicamente, la marcha estuvo dominada por un mar de esteladas, entre las que apenas sobresalía de forma puntual alguna Real Senyera. La dispersión temática provocó que la manifestación fuera valorada por observadores y asistentes como una cita desdibujada, donde se mezclaban pancartas contra los recortes con exigencias laborales e ideológicas sin un hilo conductor claro.
Encapsulamiento policial y consignas radicales en el bloque independiente
Inmediatamente por detrás del primer bloque avanzaba la segunda manifestación, marcadamente diferenciada en estética, volumen y tono. Compuesta por entre 400 y 500 participantes, esta marcha independiente estuvo integrada por colectivos de la «Coordinadora de Partits i Organitzacions de l’Esquerra de la Alliberament (CPU)» y grupos autodenominados «antifascistas».
A diferencia del primer grupo, este segundo bloque marchó completamente encapsulado por un férreo e intempestivo dispositivo de la Policía Nacional, que desplegó agentes a cada metro del recorrido para evitar desórdenes públicos. Los asistentes, vestidos en su inmensa mayoría con ropa de color negro o tonos oscuros y con el rostro cubierto en muchos casos, contaban además con su propio equipo de seguridad privada para flanquear la cabecera. En este tramo del recorrido la simbología se limitaba de forma casi exclusiva a un par de esteladas y la reivindicación explícita de los denominados «països catalans».
A la cabeza de esta segunda columna, desde un camión provisto de potentes altavoces, una joven coreaba consignas a través del megáfono que eran seguidas de forma unánime por los manifestantes. Entre las proclamas más repetidas figuraron los conocidos lemas «els carrers seran sempre nostres» junto a expresiones de elevado calado agresivo dirigidas contra sus adversarios políticos.
Tensión contenida a las puertas de la Plaza de Toros
El momento de mayor fricción de la tarde se registró a mitad del recorrido, a la altura de la calle Xàtiva, cuando la segunda marcha discurrió junto a la Plaza de Toros de Valéncia. Al alcanzar el coso taurino, los manifestantes radicales intensificaron sus cánticos lanzando consignas como «no es cultura, es tortura» y «muerte a los toreros».
Estas proclamas provocaron la rápida reacción de decenas de aficionados y ciudadanos apostados en los balcones del edificio de la plaza y sus inmediaciones, quienes respondieron con abucheos e increpó violentamente a los manifestantes. El dispositivo policial tuvo que emplearse a fondo para mantener el cordón de seguridad, impidiendo que el cruce de insultos y reproches derivara en enfrentamientos directos en la vía pública.
Tras superar este punto de fricción, ambas marchas continuaron su itinerario previsto hasta sus respectivos puntos de desconvocatoria en el Parterre y la Plaza de América, concluyendo una jornada del 9 d’Octubre que deja en evidencia la profunda división interna y la pérdida de convocatoria que atraviesa actualmente el nacionalismo de izquierda en Valéncia.
































