El expresidente valenciano fue nombrado en febrero de 2024 para encabezar la Delegación Permanente de España ante la organización que elabora PISA, aunque su cargo diplomático no le otorga control sobre los resultados de la evaluación
Los malos resultados obtenidos por España en PISA 2025 han vuelto a situar el sistema educativo en el centro del debate político. Y junto a las cifras ha reaparecido un nombre especialmente conocido en la Comunitat Valenciana: Chimo Puig.
El expresidente de la Generalitat es actualmente el embajador jefe de la Delegación Permanente de España ante la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), precisamente la organización internacional responsable del informe PISA.
La coincidencia ha provocado comentarios y críticas políticas, pero antes de extraer conclusiones conviene ordenar las fechas.
Y las fechas confirman un dato: Puig ya ocupaba el cargo cuando se realizaron las pruebas PISA 2025.
El Gobierno nombró a Puig en febrero de 2024
El nombramiento se produjo después de que Puig abandonara la Presidencia de la Generalitat tras las elecciones autonómicas de 2023.
El Consejo de Ministros aprobó el 20 de febrero de 2024 su designación como embajador jefe de la Delegación Permanente española ante la OCDE.
Un día después, el 21 de febrero, apareció publicado en el Boletín Oficial del Estado mediante el Real Decreto 189/2024.
Ese mismo día se publicó el cese de su antecesor, Manuel María Escudero Zamora.
Por tanto, Puig no llegó a este puesto después de conocerse los resultados educativos actuales.

Estaba allí desde principios de 2024.
Las pruebas llegaron un año después
PISA no funciona como una encuesta realizada inmediatamente antes de publicarse.
Existe un largo proceso entre la preparación de la evaluación, su realización y la publicación definitiva de los resultados.
Las pruebas correspondientes a PISA 2025 se realizaron en España durante la primavera de 2025.
Para entonces, Chimo Puig llevaba aproximadamente un año ejerciendo la representación española ante la OCDE.
La secuencia resulta sencilla:
Febrero de 2024: Puig es nombrado embajador.
Primavera de 2025: los alumnos españoles realizan PISA.
Septiembre de 2026: se conocen los resultados.
Por tanto, es correcto afirmar que Chimo Puig era el máximo representante diplomático permanente de España ante la OCDE durante la realización de PISA 2025.
¿Significa eso que Puig es responsable de las notas?
No.
Y esta diferencia resulta fundamental.
El embajador ante la OCDE no dirige PISA ni decide qué puntuación obtiene España.
Tampoco gestiona los colegios españoles, contrata profesores o establece directamente el currículo educativo.
La Delegación Permanente sirve para representar a España ante la organización y participar en sus diferentes órganos y ámbitos de trabajo.
Además, la OCDE no es solamente un organismo educativo.
Trabaja sobre economía, empleo, fiscalidad, productividad, administración pública, medio ambiente, políticas sociales y numerosos ámbitos adicionales.
PISA constituye una de sus iniciativas más conocidas, pero es solamente una parte de su actividad.
Entonces, ¿por qué tiene relevancia que Puig estuviera allí?
Porque su cargo coloca al antiguo presidente valenciano en uno de los principales puntos de contacto institucional entre España y la OCDE.
La organización no se limita a publicar una clasificación cada tres años.
Analiza los sistemas educativos, compara políticas públicas, identifica tendencias y proporciona información a los gobiernos participantes.
Ahí sí existe una cuestión legítima que puede plantearse políticamente:
¿cómo utiliza España la información y las advertencias que recibe de la OCDE?
La respuesta ya no depende exclusivamente del embajador.
Intervienen el Gobierno, el Ministerio de Educación, las comunidades autónomas y los distintos organismos responsables de diseñar y ejecutar la política educativa.
Un nombramiento político después de ocho años en la Generalitat
Puig llegó a la OCDE después de una extensa trayectoria política.
Fue presidente de la Generalitat Valenciana entre 2015 y 2023 y secretario general del PSPV-PSOE.
Su designación como embajador se produjo a propuesta del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, y previa deliberación del Consejo de Ministros. Así consta literalmente en el real decreto firmado por Felipe VI.
No se trató, por tanto, de un puesto que obtuviera mediante una oposición a la carrera diplomática, sino de una designación gubernamental para una jefatura de misión diplomática, algo permitido por el sistema español.
PISA abre ahora otra batalla política
Los resultados conocidos de PISA 2025 han convertido nuevamente la educación en terreno de enfrentamiento entre Gobierno y oposición.
Una parte de la discusión gira alrededor de la LOMLOE, mientras otra se centra en las competencias educativas de las comunidades autónomas.
Y existe una tercera discusión relacionada con el plan anunciado por Pedro Sánchez en 2024 para reforzar precisamente dos de las áreas que preocupaban especialmente: matemáticas y comprensión lectora.
La existencia de diferentes administraciones implicadas hace difícil atribuir el rendimiento educativo exclusivamente a una institución.
El Estado establece una parte esencial del marco educativo.
Las comunidades autónomas disponen de amplias competencias de gestión y desarrollo.
Los centros y profesores ejecutan las políticas sobre el terreno.
Y la OCDE mide y compara posteriormente los resultados mediante PISA.
Puig estaba en la OCDE, pero no examinaba a los alumnos
La presencia de Chimo Puig permite introducir un elemento valenciano en el debate, pero conviene no confundir representación diplomática con responsabilidad educativa directa.
Sí estaba en el cargo cuando se hicieron las pruebas.
Eso está acreditado por las fechas oficiales.
Pero no existe base para afirmar que Puig pueda manipular, mejorar o empeorar los resultados españoles desde su puesto.
De hecho, esa independencia es precisamente una de las razones por las que PISA tiene utilidad: permite comparar sistemas educativos mediante una metodología internacional común.
Una fecha que despeja las dudas
La pregunta inicial tiene, por tanto, una respuesta inequívoca.
Sí, Chimo Puig ya era embajador de España ante la OCDE cuando se realizaron las pruebas PISA 2025.
Había sido designado en febrero de 2024, más de un año antes.
Lo discutible comienza después.
Se puede debatir si el Gobierno aprovecha suficientemente los análisis de la OCDE, si las políticas educativas funcionan, si la LOMLOE necesita modificaciones o si las comunidades gestionan correctamente sus competencias.
Lo que no puede sostenerse es que el embajador español sea quien determine las puntuaciones de PISA.
Puig representa a España ante la organización que realiza el informe; no pone las notas a España.
Chimo Puig puede ocupar legalmente el cargo y tiene una extensa experiencia política e institucional, pero no es diplomático de carrera y en su currículo oficial no aparece una especialización profesional o académica específica en economía, educación, relaciones internacionales u OCDE.
¿Qué formación tiene Chimo Puig?
La ficha oficial de las Corts Valencianes presenta su formación/actividad profesional como periodista. Trabajó en Mediterráneo, Agencia EFE, Radio Popular y Antena 3 Radio.
Su principal bagaje es político e institucional: fue alcalde de Morella, diputado provincial, diputado autonómico, diputado en el Congreso, senador y, sobre todo, presidente de la Generalitat entre 2015 y 2023. También ocupó puestos relacionados con Relaciones Institucionales y el Gabinete de Presidencia valenciano.
Eso supone una experiencia considerable en administración pública y negociación política.
Pero si la pregunta es:
¿Era especialista en la OCDE antes de ser nombrado?
No encuentro en su biografía oficial una trayectoria previa trabajando en la OCDE.
¿Era diplomático?
No. Su trayectoria oficial no pertenece a la Carrera Diplomática.
¿Era economista?
Su currículo oficial no lo presenta como tal.
¿Era especialista en política educativa o evaluación internacional educativa?
Tampoco aparece esa especialización en las biografías oficiales consultadas.
Pero no hace falta ser diplomático de carrera
Este punto es fundamental.
La legislación española permite expresamente que el Gobierno designe como embajador a una persona que no pertenezca a la Carrera Diplomática.
El Reglamento de la Carrera Diplomática establece que los embajadores normalmente proceden de dicha carrera, pero conserva la potestad discrecional del Gobierno para designar personas ajenas a ella.
Por tanto, el nombramiento de Puig no es irregular por no ser diplomático.
El Gobierno de Pedro Sánchez decidió nombrarlo mediante el Real Decreto 189/2024, a propuesta del ministro de Exteriores, José Manuel Albares.
¿Es excepcional colocar a políticos en la OCDE?
Tampoco.
La lista histórica de representantes españoles ante la OCDE muestra perfiles muy diferentes.
Por ejemplo, antes de Puig ocuparon el cargo José Ignacio Wert, exministro de Educación; Cristina Narbona, exministra de Medio Ambiente; o José Claudio Aranzadi, exministro de Industria.
Por tanto, enviar a un antiguo dirigente político como representante ante la OCDE tiene precedentes tanto con gobiernos del PSOE como del PP.
Y Puig no trabaja solo
Otro matiz importante.
Puig es el jefe de la Delegación, pero no constituye por sí mismo la representación española ante la OCDE.
La estructura actual incluye un delegado permanente adjunto, consejeros y unidades especializadas. Por ejemplo, existe una Consejería de Finanzas y una Oficina Económica y Comercial.
Eso es importante porque la OCDE trabaja sobre multitud de materias enormemente técnicas.
Un embajador no tiene que ser personalmente experto en fiscalidad internacional, educación, inteligencia artificial, pensiones, productividad, energía y todos los demás campos que estudia la organización.
Su principal función es representar y coordinar la posición española, apoyándose en especialistas.
Entonces, ¿estaba preparado?
La respuesta más rigurosa sería:
Institucionalmente, sí tenía una trayectoria que el Gobierno podía considerar suficiente para representar políticamente a España y su nombramiento es perfectamente legal.
Pero también puede afirmarse:
No tenía el perfil técnico tradicional de un diplomático de carrera ni consta en su currículo oficial una especialización previa específica en las principales áreas técnicas de la OCDE.
Son dos afirmaciones compatibles.
Y aquí aparece una cuestión política legítima: ¿para representar a España ante una organización fundamentalmente técnica como la OCDE es preferible un antiguo presidente autonómico con décadas de experiencia política o un diplomático/economista con una trayectoria especializada?
Eso ya no tiene una respuesta objetiva. Es una valoración sobre qué perfil resulta más adecuado.
Y respecto a PISA, todavía hay que separar más las cosas
Que Puig no sea especialista educativo no permite responsabilizarlo de los resultados de PISA 2025.
El embajador representa a España ante toda la OCDE. No diseña las pruebas PISA ni dirige el sistema educativo español.
De hecho, la Ley de Acción Exterior establece que el jefe de una representación permanente representa al conjunto de la Administración del Estado y ejerce la jefatura superior de la representación.
Su responsabilidad está mucho más relacionada con representación, coordinación, negociación y transmisión de posiciones e información que con decidir cómo se enseña matemáticas en los colegios españoles.
Para el otro blog, aquí sí tenemos un enfoque bastante potente:
¿Está Chimo Puig preparado para representar a España ante la OCDE? Este es su verdadero currículum
El expresidente valenciano no pertenece a la Carrera Diplomática ni consta como especialista en economía o educación, pero acumula décadas de experiencia institucional y la legislación permite al Gobierno nombrar embajadores ajenos a la diplomacia profesional
Y el artículo puede resultar especialmente interesante si hacemos una comparación de los currículos de Puig y sus últimos cinco predecesores ante la OCDE. Ahí podríamos determinar si su perfil es realmente excepcional o si España lleva décadas utilizando esta embajada para colocar indistintamente a diplomáticos, técnicos y antiguos ministros.
















