Más de 3.000 fieles abarrotan la Plaza de la Virgen en una jornada histórica marcada por la presencia de la Custodia procesional de la Catedral y el fervor popular.
VALENCIA. — La fe y la devoción del pueblo valenciano volvieron a tomar el corazón del casco histórico de la capital en un acontecimiento de profunda trascendencia espiritual. Más de 3.000 personas se congregaron en la emblemática Plaza de la Virgen para participar en la Eucaristía y Vigilia Eucarística Diocesana Extraordinaria, concebida como el gran preludio a la clausura del III Año Jubilar del Santo Cáliz.
El encuentro, que combinó el recogimiento litúrgico con la solemnidad de las grandes solemnidades diocesanas, destacó por una elevadísima participación ciudadana que llenó hasta su máximo límite la capacidad logística de la plaza, reafirmando el arraigo y la vitalidad del misterio eucarístico entre la población.
El pueblo valenciano cobra el protagonismo absoluto
Frente a una frialdad institucional palpablemente notable —dada la escasa representación de autoridades políticas del Ayuntamiento de Valencia, la Diputación, la Generalitat y las Corts Valencianas—, fue la ciudadanía la que asumió de forma incontestable el verdadero protagonismo de la jornada. Vecinos de la capital y peregrinos venidos de diversos puntos de la diócesis abarrotaron las cerca de 2.200 sillas dispuestas por motivos de seguridad, mientras que cientos de fieles más siguieron la celebración de pie en los accesos contiguos.
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El tejido asociativo y religioso de la ciudad volcó toda su presencia en el acto. Estuvieron ampliamente representados los miembros de distintas asociaciones eucarísticas vinculadas a la veneración del Santo Cáliz, las entidades dedicadas a la devoción de la Mare de Déu dels Desamparats, así como numerosas congregaciones, institutos de vida consagrada y movimientos juveniles. Las colectas recogidas durante la misa de campaña se destinaron de forma íntegra a las obras sociales de la Basílica de la Virgen de los Desamparados, subrayando la dimensión solidaria del evento.
El mensaje del Arzobispo: caridad, dinamismo positivo y atención a los más vulnerables
La Eucaristía estuvo presidida por el Arzobispo de Valencia, Mons. Enrique Benavent, y concelebrada por un numeroso grupo de sacerdotes del clero diocesano. La solemnidad litúrgica contó con el acompañamiento musical del Coro de la Escolanía y el Cor de la Mare de Déu, cuyas voces envolvieron el recinto sagrado en un entorno de profunda oración.
Durante su homilía, Mons. Enrique Benavent recordó la proximidad del cierre de este periodo de gracia:
«Dentro de unos días, el próximo jueves 29 de octubre, celebraremos en la Santa Iglesia Catedral la clausura de este tercer Año Jubilar eucarístico en el que hemos sido invitados a alimentar nuestra esperanza», señaló el prelado, en alusión directa al lema del jubileo de la esperanza en sintonía con el Año Jubilar Universal.
El Arzobispo hizo hincapié en el sentido profundo que ha motivado la convocatoria de esta vigilia extraordinaria, remarcando que se trata de una llamada directa a retornar a la esencia de la vivencia cristiana:
«Es una invitación para centrarnos en el núcleo de nuestra vida cristiana: el amor a Dios, al prójimo y el misterio eucarístico que alimenta la caridad en el corazón de los creyentes».
En un llamamiento directo a la conciencia comunitaria, el Pastor de la diócesis instó a la feligresía a mirar hacia los sectores más frágiles de la sociedad y a convertir la vivencia jubilar en compromisos tangibles de ayuda y fraternidad:
«Los cristianos constantemente nos tenemos que preguntar cuáles son las pobrezas que hay entre las personas que viven entre nosotros: los emigrantes, los pobres, las personas que viven solas, ancianas, personas que necesitan una palabra de consuelo, que no tienen horizontes de esperanza en sus vidas y que necesitan que alguien les descubra el amor a Dios. Que este Año Jubilar despierte y produzca en nuestros corazones abundantes frutos de caridad cristiana para que podamos seguir siendo testigos y sembradores de la esperanza en la vida eterna».
Asimismo, Mons. Benavent profundizó en la verdadera naturaleza del mensaje evangélico, desmarcándolo de visiones fundamentadas en el mero cumplimiento de prohibiciones o normas morales negativas:
«Lo que da dinamismo y fuerza a la vida cristiana no son las prohibiciones, sino el amor. Las prohibiciones nos recuerdan que hay unos límites que, si no respetamos, estamos ofendiendo a las personas en su dignidad. Pero una vida cristiana no puede reducirse a no hacer lo que está prohibido, a no hacer daño a nadie; eso es una exigencia moral no solo de los cristianos, sino de todo ser humano. La vida cristiana nace de una fe que despierta en nosotros un dinamismo positivo, un ideal elevado. ¿Acaso cuando están en contradicción nuestros intereses con los de nuestros prójimos, no defendemos antes nuestros intereses? Dios nos ha creado como hermanos para que nos amemos en el amor a los demás».
Un hito de excepcionalidad litúrgica y procesional
Uno de los momentos con mayor carga simbólica de la jornada fue la presencia de la emblemática Custodia monumental procesional de la Catedral metropolitana en la misma Plaza de la Virgen. Se trató de un hecho de carácter del todo excepcional, dado que esta pieza monumental únicamente abandona el templo catedralicio en la festividad del Corpus Christi.
A la finalización de la Santa Misa, la Plaza de la Virgen se convirtió en marco de una sobria adoración eucarística. A continuación, se organizó una magna procesión extraordinaria que recorrió las históricas calles del centro: Plaza de la Virgen, Plaza de Manises, Calle Caballeros, Carrer del Micalet y Calle Barchilla, para concluir su itinerario en la Puerta Románica de la Almoina de la Catedral. Miles de personas acompañaron el trayecto entre cantos y muestras de devoción.
Una vez introducida la monumental estructura en el interior del templo, el deán de la Catedral, Álvaro Almenar, extrajo el Santísimo Sacramento de la Custodia y lo depositó sobre el altar mayor para su pública veneración. La Catedral completó su aforo con multitud de fieles que prolongaron el ambiente de oración durante la noche, apoyados por la animación litúrgica del Coro de los Juniors y los turnos de vela organizados hasta la medianoche.
Recta final hacia la clausura oficial en la Catedral
Aunque la venerada reliquia original del Santo Cáliz no estuvo presente en el altar de la misa de campaña celebrada al aire libre, sí será la indiscutible protagonista del acto de cierre definitivo.
La clausura oficial del III Año Jubilar Eucarístico del Santo Cáliz de la Esperanza tendrá lugar este jueves 29 de octubre, a las 19:00 horas, en la Catedral metropolitana. Para esta solemnidad, la sagrada reliquia será trasladada solemnemente desde su capilla habitual hasta el altar mayor, donde presidirá la Eucaristía oficiada por el Arzobispo Mons. Enrique Benavent. Durante la ceremonia se procederá asimismo a la entrega de réplicas del Santo Cáliz a aquellas parroquias que han destacado por su labor y dinamismo durante la celebración de este año de gracia.
Ausencia política casi absoluta
Lo más llamativo ha sido la casi total presencia de autoridades políticas, sólo ha estado el Director General de participación Ciudadana, Julio Aguado y el concejal de urbanismo Juan Giner en la celebración religiosa, a los que se ha unido en la procesión la concejal Julia Climent, nadie más del Ayuntamiento de Valencia, ni tampoco de Vox. Nadie absolutamente nadie de la Diputació de Valéncia, ni de la Generalitat Valenciana, ni siquiera de Corts Valencianes.
Esto no ha restado importancia a la celebración, que conmemora el III Año Jubilar y lo culmina, aunque será el Jueves ya dentro de la Catedral cuando se de por cerrado el Año Jubilar.
Valencia tiene el honor de ser Ciudad Santa, de tener a perpetuidad un año jubilar cada 4 años, pero parece que nuestras autoridades, empezando por la Alcaldesa Catalá y siguiendo por los miembros de Vox (tan de iglesia) y ni siquiera la Generalitat han sido capaces de apoyar este evento, pero como siempre El Pueblo Valenciano sí estaba donde tocaba, nuestros políticos (la gran mayoría) no.








































