Un estudio elaborado junto a UNICEF España, con casi 100.000 estudiantes, alerta sobre estas preocupantes cifras.
El uso de las tecnologías, las redes sociales y los videojuegos se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los profesionales de las adicciones.
Uno de cada diez menores ha apostado dinero en juegos de azar y el 5,7% del alumnado presenta un consumo problemático de las redes sociales
según los datos del estudio sociológico ‘Infancia, adolescencia y bienestar digital. Una aproximación desde la salud, la convivencia y la responsabilidad social’, presentado durante las 53 Jornadas Nacionales y el 8.º Congreso Internacional, celebrado en Sevilla.
La investigación, presentada por Antonio Rial (de la entidad Socidrogalcohol), se ha realizado en colaboración con UNICEF España y analiza la relación entre el entorno digital, el bienestar emocional y la salud mental de los menores.
Con casi 100.000 estudiantes entrevistados en toda España, el trabajo constituye una de las investigaciones empíricas de mayor alcance realizadas en Europa sobre esta materia.
El informe pone el foco en una realidad cada vez más extendida: el acceso a dispositivos tecnológicos y plataformas digitales desde edades tempranas, en un contexto en el que la presencia de las pantallas forma parte de la vida cotidiana de niños y adolescentes.
El móvil llega cada vez antes
Los datos del estudio muestran la extensión de los dispositivos móviles entre la población estudiantil.
El 82,4% del alumnado dispone de teléfono móvil propio, al que accede por término medio a los 10,8 años.
La presencia de estos dispositivos alcanza al 51,6% de los estudiantes de Primaria y al 92,8% de los alumnos de Educación Secundaria Obligatoria (ESO).
La utilización de las redes sociales también está ampliamente generalizada.
Según la investigación, el 92,5% de los estudiantes está registrado en al menos una red social y el 75,8% utiliza tres o más.
Esta exposición masiva plantea interrogantes sobre los límites de edad, la supervisión familiar y la capacidad de los menores para desenvolverse de forma segura en internet.
El estudio advierte de que el bienestar digital no depende únicamente del tiempo que los menores pasan delante de una pantalla.
También influyen los contenidos que consumen, las relaciones que mantienen en línea y las posibles consecuencias de estas experiencias sobre su desarrollo emocional y social.
Entre los problemas identificados figuran el malestar emocional, el acoso escolar, la violencia digital en las relaciones de pareja y diferentes patrones de uso problemático de las tecnologías.
Los investigadores consideran necesario prestar especial atención a estas situaciones para evitar que sus consecuencias se prolonguen durante la adolescencia.

Las apuestas y los videojuegos, otro foco de preocupación
Uno de los aspectos más relevantes de la investigación es la relación de los menores con los juegos de azar y las apuestas económicas.
El 11,1% del alumnado afirma haber apostado dinero alguna vez, una práctica especialmente preocupante por tratarse de menores de edad.
El informe estima que los problemas relacionados con el juego, asociados al denominado Gambling Disorder o Ludopatía, afectan al 2,4% del alumnado.
Estas cifras ponen de manifiesto la importancia de prevenir el acceso de niños y adolescentes a actividades de apuestas y de detectar cuanto antes las conductas que pueden derivar en una adicción.
La facilidad de acceso a contenidos digitales y la exposición a determinadas ofertas de juego hacen necesario reforzar la protección de los menores.
La prevención debe prestar atención tanto a las apuestas presenciales como a las modalidades disponibles a través de internet, así como a los mecanismos que pueden favorecer la repetición de estas conductas.
Los videojuegos constituyen otro ámbito de interés.
El 1,7% del alumnado presenta una posible problemática relacionada con su uso, porcentaje que aumenta hasta el 2,3% entre quienes juegan.
Aunque no todo uso frecuente implica una adicción, los datos subrayan la importancia de identificar las situaciones en las que el juego interfiere en la vida cotidiana, los estudios, el descanso o las relaciones personales.
En el caso de las redes sociales, el consumo problemático afecta al 5,7% de los estudiantes. En Bachillerato, la proporción asciende al 7,7% y el problema presenta una mayor prevalencia entre las mujeres que entre los hombres.
El programa completo está aquí: https://jornadas2026.socidrogalcohol.org/programa/
Una estrategia nacional para proteger a la infancia
Ante esta situación, Antonio Rial defiende la necesidad de impulsar una Estrategia Nacional de Protección que implique a todos los actores relacionados con la infancia y la adolescencia.
El objetivo es abordar los riesgos digitales desde una perspectiva integral, que combine prevención, educación, atención sanitaria y regulación.
El especialista plantea que los usos problemáticos o adictivos deben tratarse como cuestiones de salud pública.
Para ello, considera necesario incorporar la prevención digital a la Atención Primaria, al entorno familiar y al sistema educativo, además de promover hábitos saludables en los espacios de ocio.
Rial también reclama que las agresiones cometidas a través de medios digitales reciban una respuesta equiparable a la que se ofrece ante otras formas de violencia.
En este ámbito, menciona expresamente el ciberacoso, el grooming y la violencia digital en la pareja.
La intervención de las familias ocupa un lugar destacado en las medidas propuestas.
La mediación parental, la higiene digital en el hogar y la alfabetización digital y mediática son herramientas fundamentales para que los menores aprendan a utilizar la tecnología de forma responsable.
A ello se suma la necesidad de establecer espacios de desconexión que permitan compatibilizar la actividad digital con el descanso, el estudio y las relaciones presenciales.
El informe también señala la importancia de actuar sobre el propio entorno tecnológico mediante medidas como la verificación de edad, el control de mecanismos diseñados para fomentar un uso excesivo y una mayor rendición de cuentas por parte de la industria.
Durante el congreso se abordaron, además, cuestiones como la salud mental asociada a las adicciones, las nuevas intervenciones terapéuticas, las adicciones en colectivos vulnerables, la migración, el chemsex, la pornografía, las cajas botín, el cannabis y los modelos de reducción de daños.
La principal conclusión es que la protección digital de los menores requiere una respuesta coordinada entre familias, centros educativos, profesionales sanitarios, administraciones públicas y empresas tecnológicas.
El objetivo no es únicamente limitar el acceso a las pantallas, sino prevenir los riesgos, detectar las conductas problemáticas y garantizar que niños y adolescentes puedan desarrollarse en un entorno digital seguro.
















