Los ministros de la formación minoritaria se negaron a ocupar sus asientos en el Consejo Extraordinario hasta que el ala socialista aceptó blindar los alquileres. Sánchez evita la ruptura dividiendo el plan anticrisis en dos decretos de incierto futuro parlamentario.
MADRID – 20 de marzo de 2026. Por: Redacción / Agencia.
La política española ha vivido este viernes uno de sus episodios más insólitos y tensos desde el inicio de la actual legislatura. Lo que debía ser un trámite para aprobar el Plan de Respuesta Económica ante la escalada del conflicto en Irán se convirtió en una «rebelión» de puertas para adentro. Los cinco ministros de Sumar, liderados por la vicepresidenta segunda Yolanda Díaz, protagonizaron un desplante sin precedentes al negarse a entrar en la sala del Consejo de Ministros, dejando al presidente Pedro Sánchez y al resto de la bancada socialista ante una mesa vacía durante más de dos horas.
El detonante: El «escudo social» contra la inflación
El conflicto estalló a primera hora de la mañana, cuando Sumar comunicó que no daría su visto bueno al texto remitido por el Ministerio de Economía. La formación de Díaz consideraba que las medidas propuestas por el ala socialista eran «insuficientes» y estaban demasiado escoradas hacia la derecha para atraer el favor del Partido Popular.
El punto de fricción insalvable fue la vivienda. Sumar exigía incluir por decreto una prórroga forzosa de dos años en todos los contratos de alquiler que expiren en 2026, evitando que los propietarios pudieran aplicar subidas amparadas en el IPC. El PSOE, por su parte, abogaba por incentivos fiscales y una contención más moderada, temiendo el rechazo frontal de los mercados y de los socios parlamentarios de corte liberal como el PNV y Junts.
Crónica de un pulso bajo los focos
A las 10:00 de la mañana, hora prevista para el inicio de la reunión, la sala de prensa de Moncloa bullía de rumores. Mientras los ministros socialistas esperaban sentados, los representantes de Sumar —Díaz, Urtasun, García, Rego y Bustinduy— permanecieron en las dependencias de la Vicepresidencia Segunda, manteniendo una conexión telefónica permanente con el equipo del Presidente.
La imagen de la desunión fue total cuando, tras una hora de retraso, fuentes de Moncloa filtraron que el Consejo no comenzaría hasta que no hubiera un «acuerdo político firme». El cara a cara definitivo se produjo en el despacho de Sánchez. Según fuentes presenciales, la discusión fue «áspera y de alto voltaje», con Yolanda Díaz apelando a la «supervivencia de las familias» y Sánchez recriminando el «espectáculo de inestabilidad» en un momento de crisis bélica internacional.
El acuerdo de los «dos decretos»
Finalmente, al filo del mediodía, el humo blanco salió de Moncloa, aunque con un precio político elevado. Para desbloquear la situación, el Ejecutivo ha decidido diseccionar el plan nacional en dos paquetes legislativos diferenciados:
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El Decreto de Emergencia Energética: Un paquete de 12.000 millones de euros centrado en la bajada del IVA de la luz, el gas y los carburantes al 10%. Esta parte cuenta con el visto bueno del sector socialista y busca el «sí» o la abstención del PP para salir adelante en el Congreso.
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El Decreto de Protección Social: Aquí es donde Sumar ha ganado el pulso. Incluye la prórroga de los alquileres, un control estricto sobre los beneficios extraordinarios de las grandes distribuidoras alimentarias y un aumento de las prestaciones por desempleo.
Reacciones y futuro parlamentario
La portavoz del Gobierno, en una rueda de prensa visiblemente tensa, trató de minimizar la crisis calificándola de «negociación intensa propia de una coalición viva». Sin embargo, la oposición no ha tardado en reaccionar. El líder del Partido Popular ha calificado lo sucedido como una «humillación al Estado» y ha exigido la convocatoria inmediata de elecciones ante lo que considera un «Gobierno fallido y en descomposición».
A pesar del pacto, la victoria de Sumar podría ser pírrica. El sector del PNV y Junts per Catalunya ya ha manifestado su rechazo al decreto de vivienda, lo que condena a esa parte del acuerdo a una probable derogación la próxima semana cuando llegue al Congreso.
La jornada cierra con una calma tensa. El Gobierno ha salvado los muebles, pero la confianza entre los socios de coalición ha quedado herida de gravedad. En los pasillos del Congreso, el murmullo es unánime: hoy se ha salvado el Consejo de Ministros, pero quizás se ha perdido la legislatura.
















