VALENCIA. – Valencia volvió a demostrar anoche que su fe y su folclore son motores capaces de movilizar a toda una ciudad. En el marco de los actos previos a la festividad de la Virgen de los Desamparados, la Plaza de la Virgen se convirtió en el epicentro de la emoción valencianista con la celebración de la tradicional Dansà. El evento, que se prolongó desde la tarde hasta bien entrada la noche, no solo destacó por la elegancia de los bailadores, sino por la histórica afluencia de un público que abarrotó cada rincón de los alrededores de la plaza.
La jornada comenzó a media tarde con la frescura de la Dansà Infantil. Cientos de niños y niñas, representantes del futuro de la fiesta, tomaron el centro del recinto ante la mirada orgullosa de familiares y turistas. La Fallera Mayor Infantil de Valencia y su Corte de Honor presidieron un acto en el que la coordinación y la ilusión fueron las notas dominantes. A pesar de su corta edad, los pequeños demostraron un dominio técnico de los pasos de la «danza plana» que asegura la supervivencia de esta manifestación artística valenciana.
Dansà adulta de noche
A medida que el sol se ocultaba tras la cúpula de la Basílica, el ambiente se transformó. El olor a flores y la seda de los trajes de valenciana ganaron protagonismo. La llegada de la Dansà de las comisiones falleras mayores supuso el momento álgido de la velada. Este año, la participación batió récords, con centenares de parejas procedentes de las numerosas comisiones del Cap i Casal, todas ellas unidas por un mismo sentimiento de pleitesía a la «Geperudeta».
El punto de mayor expectación se produjo cuando la Fallera Mayor de Valencia, acompañada por su Corte de Honor, se incorporó al baile. Su presencia no fue meramente institucional; las máximas representantes de la fiesta se integraron como unas bailadoras más, ejecutando las mudanzas y evoluciones con una elegancia que cautivó a los presentes.
Sin duda, lo más reseñable de la noche fue el marco humano. El público, que llenaba por completo las calles adyacentes como la calle de la Paz, Caballeros y la Plaza de la Reina, rompió en aplausos en repetidas ocasiones. La logística del evento tuvo que emplearse a fondo ante la enorme cantidad de asistentes que «llenaron los alrededores», superando las previsiones iniciales y convirtiendo el centro histórico en un hervidero de devoción y cultura.
La música del tabal i la dolçaina marcó el compás de una noche que ya queda para el recuerdo. Con este acto, Valencia inicia la cuenta atrás definitiva para el traslado y la procesión del domingo, confirmando que el colectivo fallero sigue siendo el alma viva de las tradiciones de la capital del Turia.























