A lo largo del último año se han acumulado indicios más que suficientes para concluir que la gestión del equipo directivo del Servicio de Emergencias Sanitarias de la Comunitat Valenciana (SESCV) presenta un elevado grado de ineficacia, careciendo de la efectividad y eficiencia exigibles a un servicio esencial.
Se constata una ausencia de liderazgo clínico y operativo, así como un desconocimiento profundo de la realidad asistencial y de los profesionales que integran los equipos sanitarios, por parte de una dirección que, tras varios años instalada en los despachos, no ha demostrado capacidad para organizar ni coordinar de forma adecuada la atención sanitaria urgente a la población.
Esta situación se repite de manera cíclica en periodos festivos y estivales, evidenciando que no se trata de hechos puntuales, sino de un problema estructural de planificación y gestión de personal.
El invento de las SAMU sin médico del Botànic que replica la actual Consellería de Sanitat
Un ejemplo especialmente grave se ha producido este día de Navidad, fecha en la que aumentan los desplazamientos y el riesgo de emergencias. En dicha jornada tenemos unidades SAMU sin facultativo, funcionando exclusivamente con personal de enfermería y un segundo Técnico en Emergencias Sanitarias. Esta situación es irregular y jurídicamente cuestionable, ya que se asigna, sin consentimiento expreso del profesional, una responsabilidad asistencial que excede su marco competencial, exponiendo a las enfermeras y enfermeros del SESCV a riesgos legales, profesionales y de salud mental. La dirección del servicio traslada así su incapacidad organizativa directamente a los trabajadores.
La falta de gestión se refleja también en la desorganización absoluta de las bases SAMU, donde el mismo día 25 de diciembre se dieron situaciones tan dispares como la presencia de dos profesionales de la misma categoría en una base y la ausencia total de personal en otras. Profesionales que habían organizado su vida
personal y familiar para poder trabajar esos días se encontraron con que debían regresar a sus domicilios —en algunos casos a más de 100 kilómetros— asumiendo desplazamientos inútiles y costes personales derivados
exclusivamente de errores de planificación del servicio.
Pese a estos fallos evidentes, las consecuencias recaen siempre sobre los trabajadores, que deben asumir los desplazamientos, la incertidumbre y el desgaste personal sin ningún tipo de compensación ni reconocimiento.
Los gestores únicamente son valorados por su afinidad política, nada ha cambiado respecto al Botànic
Esta realidad no es ajena al modelo de nombramiento de gestores dentro del sistema sanitario. Los cargos directivos son designados sin una evaluación rigurosa de su formación específica, experiencia en gestión sanitaria o conocimiento del ámbito de las emergencias, primando criterios de afinidad personal o política. Ello deriva en una dirección carente de competencias técnicas en gestión de servicios y de personas. El responsable último de esta situación es el Conseller de Sanidad de la Generalitat Valenciana, como máximo
responsable del sistema.
Gestión de recursos humanos
La gestión de los recursos humanos presenta deficiencias estructurales graves. No existe atención personal al profesional ni canales accesibles de comunicación directa con el área de personal. Las llamadas telefónicas no se atienden y no hay sistemas eficaces de respuesta o acompañamiento al trabajador.
Se constata un desconocimiento absoluto de los profesionales y de sus competencias, impidiendo una planificación racional de turnos, funciones y responsabilidades. Todas las gestiones, sin excepción, deben realizarse por vía telemática, eliminando cualquier interacción humana, imposibilitando la valoración individual de las situaciones y reduciendo la gestión a un trámite burocrático deshumanizado.
Este modelo genera malestar, desmotivación y desgaste profesional, deteriora el clima laboral y compromete la estabilidad de los equipos y la calidad asistencial.
Formación continua sólo en la Ciudad de Valéncia
Los programas formativos, simulaciones y entrenamientos interprofesionales se concentran de forma sistemática en la ciudad de Valencia, limitando el acceso de profesionales destinados en zonas alejadas. No se facilitan dietas ni gastos de desplazamiento, trasladando íntegramente el coste económico al trabajador.
Existen profesionales que deben recorrer más de 200 kilómetros para asistir a una actividad formativa, asumiendo gastos y riesgos en carretera, sin garantías escritas de que el desplazamiento sea considerado tiempo de trabajo ni de que un eventual accidente sea reconocido como accidente laboral. Esta inseguridad jurídica es inadmisible en un servicio de emergencias.
La formación obligatoria en soporte vital, trauma y gestión de incidentes críticos no puede sostenerse sobre el esfuerzo personal y económico del profesional, sino sobre una responsabilidad organizativa clara del servicio.
Gestión basada en datos
El SESCV carece de una gestión basada en datos e indicadores objetivos. No existe monitorización transparente de procesos así como su control, o acciones correctoras cuando estos se desvían., resolución in situ o derivaciones, ni análisis sistemático de eventos adversos y reclamaciones. Estas no se utilizan como herramientas de mejora, sino que se gestionan de forma reactiva y opaca.
La inexistencia de indicadores de calidad definidos y compartidos impide cualquier estrategia de mejora continua, comprometiendo la seguridad del paciente, la eficiencia del servicio y la rendición de cuentas ante profesionales y ciudadanía.
Comunicación institucional y transparencia
Se evidencia una ausencia total de una política de comunicación institucional clara y transparente. La información a profesionales y ciudadanía es insuficiente, tardía o inexistente. La gestión de crisis comunicativas es deficiente, improvisada o directamente ausente.
No se promueve una escucha activa real de profesionales ni usuarios, consolidándose un modelo de comunicación unidireccional, opaco y distante, que ignora sistemáticamente el conocimiento y la experiencia del personal asistencial.
Esta situación deteriora el clima laboral, dificulta la cohesión de los equipos y mina la credibilidad del servicio ante la sociedad.
Un servicio de emergencias sanitarias eficaz requiere liderazgo técnico, conocimiento del terreno, planificación basada en datos, formación accesible, recursos adecuados y comunicación transparente, con el profesional y el
paciente en el centro del sistema.
La Conselleria de Sanidad, y el Conseller como responsable directo, deben determinar si el rumbo actual del SESCV es el que se desea para dar respuesta a las emergencias reales de la ciudadanía, o si se continuará mirando hacia otro lado mientras se deteriora progresivamente un servicio esencial.
Nota: Ocultamos la identidad del denunciante por evitar medidas contra el mismo, pero habrán comprobado el conocimiento del servicio del SAMU y del Servicio de Emergencias sanitarias del colaborador que escribe este artículo.
















